Plan B: fracaso, segunda parte
Muerto el “Plan B”, ignoro si la presidenta Sheinbaum intente su resurrección durante la semana de Pascua. A decir verdad fue –¿es?—una iniciativa que nació destinada a pasar a la congeladora del Congreso de la Unión, en este caso para no evidenciar a los senadores, que por representar a las entidades federativas, o lo que de ellas quede, tendrían que exhibirse como adversarios del pacto federal.
Son senadores de consigna la inmensa mayoría y en tal calidad se habrían puesto ante los ojos del país como liquidadores de la descentralización federativa, o bien como un cuerpo adverso a la presidenta de la república que presentó la iniciativa de manera inexplicable e irracional. Pero ya vimos que esto no existe.
Los senadores que presiden las comisiones de Estudios Legislativos, Enrique Inzunza Cázarez y Óscar Cantón Zetina de Puntos Constitucionales del Senado de la República, son los que dieron la cara para explicar el nuevo percance que ya está alcanzando la mal reputación de fracaso de la presidenta Sheinbaum. En este caso vimos a un Ignacio Mier evasivo y escondido. Le toca jugar ese bochornoso papel.
En estos desenlaces legislativos hay que visualizar que han sido precedidos por una gran oposición, invertebrada, que se dio por todo el país en contra de sendas reformas que han naufragado. De ninguna manera se trata de concesiones gratuitas sino resultado de una resistencia que crece en contra de que se expanda, ahora por vía de reformas electorales, la hegemonía morenista que, por otra parte –y ese también es factor– muestra sus fisuras, cada vez más evidentes.
En particular la llamada iniciativa contenida en el Plan B era un despropósito. Aún coincidiendo con algunos aspectos, como el adelgazamiento de regidurías y sindicaturas, que se han creado para lucrar y domesticar a las oposiciones, es un asunto que está en el resorte de las entidades corregirla, sin que tuviese que recurrirse a un centralazo que implica reformas constitucionales y mayorías legislativas.
Pero en la Presidencia se piensa que todo se puede mediante la consigna y el peso de un Poder Ejecutivo que a últimas fechas ha visto mermado el concurso de las fuerzas opositoras aliadas al oficialismo. Hoy vemos que se abren dos rutas: la del PT y la del Verde. Este último ya optó de manera ostensible por la negociación que le podría redituar, artificialmente, una o dos gubernaturas; y cuando decimos redituar estamos afirmando que es un partido con escasez de votos y ha vivido del poder establecido, llámese PRI, PAN y ahora MORENA.
La ruta del PT es un poco más difícil de explicar. Lo que se ha dicho es que mantiene una oposición a que la revocación de mandato se haga en simultaneidad con el resto de elecciones que se celebrarán en 2027, especialmente gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos.
Siendo el PT un partido sin votos, el que aparezca la fotografía de Claudia Sheinbaum en la boleta electoral desfondaría su bolsa de votos, de por sí mermada, entre otras cosas porque es un partido de corruptos, delincuentes y adversarios de la democracia, y es bien sabido, por ejemplo, que le rinden culto al dictador norcoreano Kim Jong-un, quien por cierto acaba de ser reelecto para el cargo con la asombrosa votación a favor del 99.9 por ciento.
Seguidores del viejo maoísmo, los del PT no le dicen “no” a la revocación de mandato; simplemente quieren que esa votación se postergue dos semanas. Pero eso desmentiría la supuesta austeridad en gasto electoral, pues habría que mover todo el aparato en dos ocasiones prácticamente contiguas. Para ellos sería contradicciones en el seno del pueblo, en realidad camarillas con intereses mezquinos.
“Si va a revocación de mandato (…) que se permita decir: recuerden que hay revocación de mandato en tal fecha. Eso es todo”, dice Claudia Sheinbaum, con lo que parece ser que se obstina en ahondar en este fracaso concreto, que exhibe su poca pericia para la conducción política.
Los senadores que salieron a dar la cara para prometer una Pascua legislativa, dijeron que esta prórroga es porque hay o habrá deliberación. En realidad jamás la hemos visto.


