Trump se abona caída de ‘el Mencho’
Menos mal que esta vez Donald Trump no habló en primera persona del singular. Así lo dijo: “También hemos derrotado a uno de los capos de carteles más siniestros de todos. Lo vieron ayer”. Esto en referencia a los sucesos de Tapalpa donde cayó el capo Nemesio Oseguera, el Mencho.
De inicio, el presidente norteamericano no deja pasar una sola para abonarse golpes que en la escena internacional tienen importancia capital.
La inclusión que supone ese “nosotros” de Trump, para algunos puede quedar como materia propia de la imaginación; para otros, el sólo hecho de haber compartido con el Estado mexicano la significativa acción, y en un tercer nivel, que la presidenta Sheinbaum ejecutó instrucciones que desmienten su recurrente mensaje de que tenemos una soberanía invulnerable.
No descarto que haya más visiones a este respecto, y lo que me interesa es continuar en las observaciones a la deficiente política exterior mexicana que encabeza el canciller Juan Ramón De la Fuente.
El misterio crece cuando apenas hoy nos enteramos de que el pasado lunes, unas horas después de los sucesos de Tapalpa, la presidenta se comunicó telefónicamente con Trump y reveló que “fue una llamada de ocho minutos para preguntarme qué pasa en México, cómo están las cosas”.
Me parece indiscutible que asistimos al pernicioso vicio de la diplomacia secreta mediante la cual los que ejercen el poder estatal, con los desniveles de fuerza que se quiera, encriptan más aún la información para salir de las situaciones embarazosas, o simplemente para realizar el control de daños que les permita seguir navegando en una crisis sin salir de la misma.
Una política exterior como esta sólo abona a la ruptura del orden internacional que apareció de golpe con el segundo arribo a la Presidencia norteamericana de Donald Trump. Lo que está fuera de duda es que en México se pagan los platos rotos de una guerra en la que al país se le exige e imponen conductas, pero del otro lado no hay atención a la génesis de una delincuencia que no se puede explicar simplistamente.
Por poner tres ejemplos: gran consumo de drogas en los Estados Unidos, lo que genera un mercado y producción de enervantes, en primer lugar; pero también, y no muy distante, el tráfico de armas hacia México por la liberalidad regulatoria que existe en Norteamérica; y por último, el papel de las altas finanzas que permiten el lavado de cifras astronómicas de dinero.
La asimetría es más que evidente y el discurso presidencial no la aborda debidamente, y es entendible por las presiones a que está sometido México; pero igualmente es criticable que únicamente se quiera endulzar el discurso oficial con una defensa a ultranza de la soberanía que suena a una narrativa ruin por manipuladora.
Como a los cárteles no les interesan las sutilezas en el manejo de la comunicación (al contrario, son afectos a la confusión), ellos aquí están, se reacomodan, nombran o riñen por los liderazgos y por el gran mundo de negocios que están en juego. Y la fiesta puede continuar.
No olvidemos que también en el mundo de la delincuencia hay relevos generacionales que además saben modernizarse o actualizarse.


