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De cuando los periodistas se la mentaban al poder

Don Fernando Benítez fue uno de los grandes intelectuales nacionales, imprescindible para comprender el siglo XX mexicano. Polifacético, fue a la vez periodista, novelista, antropólogo, historiador, ensayista, y en algún tiempo director de El Nacional, un periódico del gobierno.

Entre sus obras se encuentra la novela El rey viejo, Los indios de México, donde se recoge un Viaje a la Tarahumara y se hace un recorrido de las etnias mexicanas diseminadas por todo el país. Su obra sobre la historia de la Ciudad de México, en varios volúmenes, es memorable.

Fue de esos hombres que aglutinó en su derredor a notables intelectuales de dentro y fuera del país, y su buen carácter y apertura cultural e ideológica contribuyeron a abrir foros a través de suplementos culturales, adosados a las principales revistas y periódicos de México. Así surgió La cultura en México, en la revista Siempre!, que dirigió José Pagés Llergo, de la que fue fundador, con un precedente en otro medio que se dejó amedrentar por el oficialismo.

Aparte de todo era un hombre de muy buen humor, y aquí voy a reproducir, y no se crea que es cosa de risa, un suceso en el que Benítez rechazó la impostura del poder que trataba de imponerle la reinstalación de un periodista corrupto en El Nacional.

Cuando usted vea el video que se agrega a estas notas, podrá sacar conclusiones con mucha facilidad para contrastar la actitud del intelectual con la docilidad de muchos directores de medios que dependen, todavía hoy en nuestros días, de las arcas públicas.

Frente al exceso de un político como Ernesto P. Uruchurtu, que se consideraba a sí mismo omnipotente y que fue prácticamente un dictador en el extinto Departamento del Distrito Federal, no dudó en reprocharle mediante una sabrosa mentada para dirimir quién es quién en el periodismo, cuando se ejerce con autenticidad.

Vea usted el video, que no tiene desperdicio: