Patricio Martínez nada, nada, nada
Una mañana cualquiera, de esas que amodorran hasta a los políticos más prominentes y que sólo con algún café de por medio pueden empatar la euforia de una caballada adelantadísima, dos exgobernadores priistas de Chihuahua se hacen coincidir en la mesa de algún restaurante del centro de la ciudad, de esos en los que un solo servicio puede costar hasta 10 salarios mínimos diarios.
En medio del chisme político, de la “grilla”, como le dicen algunos sabiondos de la prensa vendida, llega hasta sus viperinas lenguas la reciente memoria de uno de los suyos, del mismo pelaje, también exgobernador:
—¿Sabías que Patricio Martínez encontró otro trabajo? —preguntó el primero.
—Sí, defiende el agua de Chihuahua —contestó el segundo.
—¿Cómo?, ¿qué hace? —cuestionó extrañado el primero a modo de aclaración.
Y el otro le responde:
—Nada, nada, nada…


