PRIAN y MORENA sepultan a la ciudadanía chihuahuense
La semana que concluyó fue una especie de ejercicio para demostrar cómo en el futuro se sepulta a los ciudadanos. Quedó claro que Chihuahua fue un escenario en el que se anuncia cómo se reparte el pastel del poder.
En uno de los polos pudimos escuchar la balandronada de Luisa María Alcalde Luján, la dirigente formal de MORENA, que dice no tener duda de que MORENA va a ganar las elecciones generales en Chihuahua en 2027, principalmente la gubernatura. Alcalde ni el derecho a dudar permite, su profecía es similar a la que el sol sale todos los días, lo que bien entendido significa que el poder del régimen de Sheinbaum-Obrador se impondrá al precio que sea.
En el otro polo, el PAN y el PRI hacen lo suyo, y a iniciativa del senador pueblerino, Mario Vázquez, se trajo a Chihuahua a Ricardo Anaya y a Marko Cortés, supuestamente para que “vean la realidad” que hay en la Sierra Tarahumara, cosa que les importa un bledo. El mensaje que sí se vió es que Vázquez quiere mostrar músculo, pero realmente los vientos para un proyecto grande no le favorecen.
Los exgobernadores priistas han cobrado un protagonismo inusitado en esta circunstancia. Fernando Baeza, Reyes Baeza y Patricio Martínez, sin dejar de tener un cierto peso, no le acercan votos a nadie; basta ver las plazas donde antes fueron fuertes para darse cuenta de que no convencen ni a los de casa.
A su vez, la presencia del líder ganadero Álvaro Bustillos no representa más que a una casta minoritaria y desligada de los grandes intereses sociales que se mueven en Chihuahua. La alianza PRI-PAN se ha configurado en una acción. La presidencia del Congreso local quedará en manos de un priista, Guillermo Ramírez, en pago a los servicios electorales prestados, y además como expresión de una obediencia al maruquismo reinante que ya podemos apreciar como un naufragio.
Ahora, en medio de esto, alguno de los senadores que vino de México y el líder de la mayoría panista en el Congreso local, Alfredo Chávez, dijeron, respectivamente, que María Eugenia Campos es una carta fuerte para el 2030 y que le tienen miedo. En pocas palabras, Chihuahua es un pastel que pretenden repartirse, con malas artes, tanto MORENA como el PRIAN, y que los ciudadanos esperen otros tiempos, o que, a lo más, vivan en una realidad imaginaria.
La oligarquía local, que no se exhibe mucho, como las camarillas partidarias, mueve tras bambalinas su proyecto y se llama Marco Bonilla, quien de manera descarada e ilegal ya hace una campaña formal en todo el estado y todos los días aparece en planas completas pagadas con recursos del erario, pero con un azul dominante y su fotografía que lo exalta.
Todo eso está ocurriendo ahora, pero hay una realidad que no se puede esconder. Tiene diversos nombres, pero podemos sintetizarlo en ausencia de justicia. Así como sucedió con el Chueco, que masacró a dos sacerdotes jesuitas y a un guía de turistas en Cerocahui, un día apareció muerto, y sanseacabó. Ahora, tres de los seis homicidas de la joven Danna amanecieron muertos, y también sanseacabó.
Con un mal gobierno local, fracasado, se pretende que el PRIAN refrende su poder en 2027. Eso lo aprovecha MORENA para decir que llegará de manera inevitable al poder, y ambas posturas tienen un común denominador: el pastel del poder se lo reparten arriba, y los ciudadanos están ausentes, o simplemente sepultados.


