Columna

PAN y MORENA en el silencio por la inseguridad y las masacres

A pocas semanas de la “cumbre por la seguridad” en Guadalupe y Calvo, queda claro, absolutamente claro, que esta fue una reunión de relumbrón para aparentar que se está construyendo una paz que no llega por ninguna parte.

La gobernadora Maru Campos, su fiscal César Jáuregui Moreno, y su secretario de Seguridad, Gilberto Loya, acudieron a ese apartado municipio en compañía de los jefes de la Guardia Nacional, los comandantes militares de zona, y desde luego de periodistas que siempre están dispuestos a barnizar los hechos para engañar a la sociedad simulando trabajo que, al confrontar con la realidad, quedan desmentidos.

Hay dos procesos que debieran preocupar de manera prioritaria a la sociedad chihuahuense y ambos están en la escena pública. De un lado encontramos que la inseguridad reina en el estado, que han sido ineficaces las acciones de gobierno de todos los niveles para defender a la población y brindarle protección.

Este proceso lo confirman las estadísticas que reportan los índices delincuenciales. De manera destacada, los homicidios que no cesan, que mantienen a Chihuahua entre los estados más violentos de la república. Pero a esto se agregan otro tipo de delitos, como la violencia creciente hacia las mujeres, la extorsión, el robo patrimonial a domicilios y otras figuras que es frecuente que no lleguen a los registros oficiales, porque los dolientes ya perdieron toda confianza en el funcionamiento institucional y consideran una pérdida de tiempo iniciar carpetas de investigación para que duerman el sueño de los justos.

En este marco se reportan nuevas masacres en Ciudad Juárez y Nuevo Casas Grandes, que aunado a otros sucesos que incluyen a la capital del estado, suman 20 víctimas durante el pasado fin de semana, con un agravante, como ya quedó dicho: la presencia de exterminios colectivos.

De qué sirven, nos preguntamos, las reuniones semanales, la congregación de altos funcionarios si un día después el crimen sigue igual o va creciendo, y además bajo una lógica totalmente contraria a la oficial, puesto que tienen los delincuentes el privilegio de actuar en cualquier parte, por insospechada que sea.

Chihuahua se ha convertido en un molino de carne humana, y la clase política propala que se está construyendo una paz que en realidad semeja la de los sepulcros, o de las funerarias.

Acompaña a este proceso la pugna de la clase política para acomodarse en el mejor escenario de destino del año 2027, cuando se renueven los poderes en Chihuahua, especialmente la preciada gubernatura.

Todos los aspirantes –todos–, en el marco de una ilegalidad aberrante, ya realizan campañas “formales” sin que nadie recuerde que hay leyes que establecen y regulan los tiempos electorales y mucho menos apliquen sanciones. Y todos, sin excepción, evaden hablar del tema de la violencia, de los homicidios, de las masacres. Actúan en una especie de realidad alterna y acuden al discurso de la paz de una manera prácticamente siniestra, porque lo que buscan es únicamente tapar el problema y, por diversas razones partidarias, defender a sus propios aparatos gubernamentales.

El PAN gobernante en Chihuahua, en cohabitación con el PRI, con el MC, lo que queda del PRD y el PT, no aborda el problema de la seguridad porque sólo le ofrece el camino del deterioro y de la ilegitimidad por ejercicio. No puede ser su bandera.

Pero MORENA actúa de la misma manera porque si abriera la boca para realizar una crítica, tendría que hacerse cargo del desastre que dejó el expresidente López Obrador en esta materia (199 mil asesinatos) y la errática política de Claudia Sheinbaum, misma que está sujeta a los vaivenes que impone el presidente de los Estados Unidos. Para ellos lo esencial es realizar labores tendientes a ganar la elección de 2027. ¿Para qué? Eso es lo que menos importa.

Seguramente por eso celebran sus conclaves por la seguridad, como el de Guadalupe y Calvo, que ya nadie recuerda por su inutilidad e impertinencia. El lenguaje de los hechos corrobora a este manojo de preocupaciones.