Columna

No sólo Dios no existe, ¡intenten encontrar un fontanero en fin de semana!

Hurgando en otros temas me encontré la palabra “humor” en dos libros a los que les tengo especial aprecio. Se trata de La enciclopedia Oxford de Filosofía, editado por Ted Honderich, y El diccionario filosófico de André Comte-Sponville. En ambos advierto el diverso talante nacional para exponer la filosofía.

En el primero se habla de la risa como una característica distintiva del ser humano, pero deplora que no ha recibido la debida atención de grandes pensadores. Empero, nos habla de las dos concepciones más famosas sobre la naturaleza de la risa, la que afirma que el humor expresa una superioridad sobre el objeto a que se refiere, incluso la considera la más venerable. Sería la risa de los dioses. La otra, más moderna, estima que la risa es una respuesta a una incongruencia, y ser pregunta si se trata realmente de una emoción.

El francés, en cambio, no tiene dificultad alguna para considerar al humor como una forma de la comicidad, de aquello que hace reírse de lo que no es divertido. Y de ahí deriva a reflexiones hacia la ironía. “La ironía –nos dice– desprecia, excluye, condena; el humor perdona o comprende. La ironía hiere, el humor cura o apacigua”. Y desde esa perspectiva nos entrega unas perlas sobre el tema:

“Al condenado a muerte en lunes se le dice: ‘qué bien comienza la semana’”.

De Woody Allen vale el chascarrillo: “No sólo Dios no existe, ¡intenten encontrar un fontanero en fin de semana!”.

Para este filósofo francés, no es la realidad lo que es divertido, sino lo que se dice de ella. No su sentido, sino su interpretación. Y concluye:

“Si los fieles tuvieran sentido del humor, ¿qué quedaría de la religión?”.

Esas son reflexiones y ejemplos en el plano de la filosofía, importantes a no dudar. En cambio, para el escritor y humorista mexicano, Germán Dehesa, fallecido en 2010, las comparaciones ilustran más.

Vea usted esta frase que acostumbraba decir en el centro nocturno El Unicornio donde se presentaba y en el que hasta Carlos Salinas de Gortari fue a verlo porque se mofaba de él: “Ahí donde un danés se suicida, a un mexicano le gana la risa”.