Columna

La poliarquía chihuahuense

Las etimologías sirven, no tengo duda. Me gustan porque disipan giros del lenguaje con más precisión, pertinencia e historia que los diccionarios de uso corriente, incluido el muy respetable de la Real Academia Española de la lengua con sede en Madrid, España, la antigua metrópoli colonial.

Entonces, poliarquía significa gobierno de muchos, en griego. 

¿A qué viene esto? Un poco a lo que sucede en el país, aunque ahora lo abordo desde el balcón local, Chihuahua. 

Todo parece que en la entidad hay un gobierno de no pocos, sin que eso signifique democracia, porque tratándose de cantidades hay un gran ausente, que es la ciudadanía, la despreciada de siempre. Me explico:

Vino Claudia Sheinbaum a Ciudad Juárez y dijo enfática que ella y María Eugenia Campos gobiernan juntas; quizás a la primera la anime el ir sumando fuerzas para encarar los propios retos que tiene para apoltronarse en la silla presidencial, y seguramente a la segunda porque la baraja se le esté volviendo reyes, sin que ella tenga los ases con los que prometió “romperle el hocico a MORENA”.

Para Maru la cuenta regresiva de su poder ya empezó hace meses, y los aspirantes a sucederla dentro de su partido empiezan a mover sus propias teclas. La frase, en los círculos de las personas cercanas a la gobernadora, empieza a ser “véanlo con Víctor (Cruz Russek)”, el poder tras el trono. 

Personas como Álvaro Bustillos, el ganadero acariciado aquí y allá, empieza a ser factor, no por su talento político sino por los capitales de los ganaderos que representa, muy tacaños por cierto. 

El PRI también manda y cohabita en palacio con Santiago De la Peña Grajeda; y la pandilla de antiguos perredistas que, aparte de canonjías menores, se ahogan en sus rencores y ambiciones mezquinas, tienen micro poder. A De la Peña Grajeda el abogado de Duarte le enmendó la plana y se ha quedado callado.

Los exgobernadores del PRI, de dos clases, no son como los osos bailarines de circo que se mueven al son de la música cuando sienten que les queman los pies (Pavlóv auxíliame). Ellos van por sus propios intereses en un complejo cabildeo de poder. Electoralmente son nada, pero pesan por sus relaciones, significativas, para qué negarlo. El pelaje de los ex es de diverso color. Barrio está distante y discreto y hace bien; los Baeza mueven sus cartas pero poco peso tienen; socialmente no van más allá de estar en el coro del Conjunto Primavera. Son políticos de salón.

Y Duarte, esencialmente priista –aunque expulsado–, no duerme a pesar de la incomodidad del brazalete, y teje y teje, que para eso tiene el dinero que se robó y eso que se llama odio, que mueve montañas, por muy consagrado que esté al corazón sangrante que le sirve de estandarte a un obispo reprochable, como el que vive frente al Parque Infantil de Chihuahua. 

Duarte ha hecho de Parral su guarida y plataforma, y todos los ex tienen un pedazo de poder. 

El crimen organizado tiene trozos de poder más grandes y gran capacidad de movimiento, a la vez que se mueve bajo otras divisas que no tienen ataduras de ninguna especie, sobre todo morales. 

Entre tanto, los señores del gran capital esperan en las zonas VIP para ver quién da más o a quién apostarle. Siempre ha sido así, porque de esa manera sacan su buena rebanada, apostándole a los que mandarán y que contribuirán a acrecentarles su poder económico. 

Por ejemplo hoy, el secretario de Hacienda José de Jesús Granillo es un firmón, pero el que manda es el doctor calderonista Ernesto Cordero.

Los precandidatos a la gubernatura se empiezan a hacer presentes con toda su capacidad para tomar decisiones; para eso están instalados en cargos importantes del poder.

El muy “democrático” Poder Judicial empezó su trabajo con el pie izquierdo y está pagando el noviciado, a la vez que se cree emanado directamente del soberano pueblo y no del acordeón. Pero, por lo pronto, ya toma erráticas decisiones y hasta desacata resoluciones judiciales de naturaleza federal. Nancy Escárcega, esposa del diputado local Francisco Sánchez, de Movimiento Ciudadano, ya también toma decisiones de esas que se llaman “carnales”, literalmente.

Y así podría seguir indefinidamente para describir esta poliarquía hecha de mugre, piezas oxidadas, traiciones y deslealtades que nublan a Chihuahua. 

Por otra parte está la antipolítica, que en micro dosis surte el oficialismo para ir allanando una ruta, que es: viene la hegemonía morenista a cerrar el ciclo de destrucción de esta región, de nuestra dolorida república federal. Se trata de la joya de la corona, aunque el estado no pese mucho electoralmente.

¿Quién manda aquí? Es lo que se oye como un eco que pasa entre el Cerro Grande y el Cerro Coronel, bajando por el Santa Rosa.