Javier Corral y el silencio del gato
Esta columna tiene en gran estima al escritor Alberto Ruy Sánchez, quien recientemente visitó la ciudad. En mérito de esto, recoge el testimonio de Oscar Hernández, uno de los asistentes a la presentación de su más reciente libro. Esta es la crónica:
Mientras el extraordinario escritor y editor mexicano Alberto Ruy Sánchez leía un poema dedicado a su gato Thor en el patio del Sándor Márai, una quincena de personas que se asumían “morenistas” trataban de interrumpir violentamente la librería de Javier Corral para increparlo, con insultos y pancartas, apenas dos días después de que la Fiscalía Anticorrupción de su más acérrima enemiga, Maru Campos, anunciara la confiscación de una cabaña del senador en Basaseachic, en el municipio de Ocampo, en plena sierra Tarahumara.
En parte es resultado del pleito casado entre la gobernadora y Corral quien, cuando era panista y gobernador, arremetió judicialmente contra su hoy excorreligionaria, antes de que esta asumiera el cargo. Aunque Corral al final se echó para atrás, evidenció a Campos Galván como cómplice en las corruptelas –cuando era diputada local– del gobierno del priista César Duarte, hoy recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano por intervención del nuevo régimen morenista, al que ahora pertenece el político librero.
Pero el pasado sábado 17 de enero, Ruy Sánchez leía, sin turbarse, un texto contenido en su más reciente libro El silencio del gato, cuya presentación servía de pretexto para iniciar los festejos del tercer aniversario de la librería del senador.
“¡Corral no es Morena!, ¡Corral no es Morena!”, gritaban furiosos los supuestos inconformes, cuya afiliación morenista fue puesta en duda por propios y extraños, no sólo porque adentro del recinto había morenistas de cuño, sino también porque ordinariamente sus simpatizantes, se dijo, no suelen ocultar su rostro con paliacates y lentes oscuros, como lo hacían los de afuera, y que a veces utilizan los porros, los mercenarios a sueldo.
Ruy Sánchez tomó con humor la insistencia del griterío, que duró alrededor de media hora, aunque la protesta tuvo momentos inquietantes, especialmente cuando algunos de los inconformes golpeaban el amplio portón por el lado de la calle Nicolás Bravo, casi esquina con la histórica y muy transitada avenida Independencia.
La librería Sándor Márai es una finca que alguna vez fue propiedad del histórico panista Guillermo Prieto a cuya sucesión Javier Corral se la compró, cuando era militante y legislador por el PAN. El día de su inauguración como oficina, antes de ser librería, Corral dispuso sendas fotos, una precisamente de Guillermo Prieto, y otra, muy calculada, del empresario Enrique Terrazas Torres.
Hoy Corral repite en la senaduría, pero lo hace como elemento al servicio de la causa morenista y es perseguido por la administración maruquista que en venganza lo acusa de desviar recursos durante su quinquenio, al término del cual quiso, pero se retractó, de llevar a tribunales a Maru Campos. Corral, antes y después del cargo del que actualmente goza, ha sido protegido por la Cuatroté en al menos un par de ocasiones. Por eso la gobernadora, con ese lenguaje arrabalero que tanto le gusta usar para ofender, esté o no sobria, a sus enemigos políticos, lo acusa de esconderse tras las faldas del fuero que le dispensa su curul.
Ese ha sido uno de los últimos rounds de dos antiguos condiscípulos del PAN. Los supuestos porros enviados quién sabe por quien el sábado a la librería de Corral no exhiben, de cualquier modo, la crítica solvente y severa que sobre el senador hoy morenista le cae cotidianamente como balde de agua, o al menos cada que se hace pública su presencia en la ciudad de Chihuahua. Corral es, de varias maneras, un político antipático para muchos chihuahuenses.

Fue él mismo quien hizo la introducción al libro y a la presencia de Alberto Ruy Sánchez –la segunda, aclaró– y le mostró sus condolencias al famoso escritor y editor de la legendaria revista Artes de México por la reciente muerte de su gato Thor, de “pelirrojo fuego”, personaje y motivo de algunos versos de su nuevo poemario. No hubo ni un comentario ni pesar por la muerte de su padrino político, Francisco Barrio, cuyos funerales se llevaban a cabo justo en esos momentos en Ciudad Juárez.
Corral pasó el micrófono y se introdujo nuevamente en la librería. La presentación siguió su curso, los manifestantes llegaron, incomodaron y se fueron. Corral ya no bajó. El silencio del gato se mantuvo. Un pastel embetunado de blanco con adornos negros atravesó el pequeño hall de la librería. Las velas por el tercer aniversario de Sándor Márai serían sopladas minutos más tarde.


