Guerra en las calles y pueblos, productores levantados…
Lo que no puede obtener con una exitosa campaña por la seguridad en contra del crimen organizado, Omar García Harfuch lo quiere ganar por vía del maquillaje. El secretario de Seguridad Pública nacional se obstina en presentarse como un “rockstar”, el bombón tipo Peña Nieto, el favorito de tiernas fans que, según dice la propaganda, se lo quieren llevar al colchón.
Ese es el glamour inducido con el que quieren adornar el militarismo que ha aniquilado para una larga etapa el otrora ideal constitucional de que México tenga una policía civil a la altura de las circunstancias y del futuro del país.
Pero nada es gratis en esto. García Harfuch no estaría ahí sin el linaje militar y familiar que está adosado a su persona y que proviene de la Sierra de Autlán. Huele a casta, pues. Pero no sólo. También a fracaso.
Por más que quiera presumir de bello mancebo, su fracaso en Sinaloa es enorme. No ha podido pacificar la tierra “donde se rompen la olas”, y sólo le queda presumir que hay una reducción en las extorsiones que, por cierto, no mide en vidas humanas echadas al molino de carne que es el país, incluido Chihuahua.
Hay otras realidades. Trump amenazando constantemente; PEMEX sin solución; productores agrícolas de cítricos, nuez y otros cultivos trabajado 365 días del año para que al final del ciclo lleguen los jefes de la plaza y pongan precio, o si no “expropian” los productos, y de negarse les dejan metralla y muertos, hasta con cierta selectividad, pues matan a cabezas y líderes que provocan mayores orfandades.
En medio de este horrible espectáculo, el secretario de Seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum se promociona como trufa celeste de chocolate y se codea con delincuentes del tipo de Adán Augusto López, el senador que barre en Tabasco y que no tarda en convertirse en Sinaloa II. ¡Todo sea por el maquillaje!
Difícil circunstancia de esta mal llamada “transformación” envuelta con opio de historia. En gran parte del país hay una revuelta de campesinos y agricultores luchando por el precio de sus granos y por una real soberanía alimentaria. El maíz en el centro, el grano que nos da identidad. Ellos votaron, no tengo duda, por MORENA, que ahora los abandona tras las falacias de un secretario tecnócrata (de esos que dicen que ya no caben el el gobierno federal) que los desprecia y les regatea precios. Cerraron con candado la Secretaría de Gobernación, a donde van a estrellarse las protestas, como en los tiempos del prianismo que actúa igual y aplica la misma dósis: regatea, que algo quedará.
La Ciudad de México es estrangulada por otras fuerzas y la ingobernabilidad crece porque no hay nada sustancial para resolverla. En todo esto lo que más pesa es el crecimiento del crimen, para lo que hay bombón, pero no basta ni remotamente; además porque se mueve como si tuviera una carretera a Los Pinos, donde se nutrieron sus ancestros y sus almidonados uniformes castrenses.


