Tatiana y Andrea: evidencias de un contraste político
La senadora con licencia y virtual candidata morenista a la alcaldía de Juárez, Andrea Chávez Treviño, ofreció ser un “relevo generacional”. El grupo Tabasco la protegió y proyectó como una de sus esperanzas en el norte del país. Ella a su vez, cargada de soberbia y altanería, se dedicó a lucrar con ese patrocinio, que desde luego no es poca cosa.
Siempre será indispensable valorar a los profesionales de la política teniendo referentes que permitan realizar comparaciones para establecer niveles en todos los órdenes, sean de eficiencia o negligencia, pero a final de cuentas medibles a través de trazar vidas paralelas e ir dimensionándoles con la finalidad de que se produzca información muy útil en tiempos electorales.
De esta manera tiene utilidad hoy, en la víspera de la futura elección chihuahuense, comparar el comportamiento político que sobrevino en MORENA, luego del nombramiento de sus “coordinadores” en los estados, de al menos dos figuras como Tatiana Clouthier y la propia Chávez Treviño. Se pueden extraer buenas conclusiones y evidenciar lo que frecuentemente ocultan las políticas de mera imagen mediática.
Empecemos por Tatiana Clouthier, la pretendienta de la gubernatura neolonesa. Nació en pañales de seda, su origen y pertenencia está ligada a una enriquecida familia sinaloense, de apellido extranjero, que hizo mucho dinero en los buenos tiempos del PRI, como su padre, Manuel J. Clouthier, mejor conocido como “Maquío”.
Él fue líder empresarial, bronco y conservador que, llegado el tiempo, se hartó de todas las simulaciones, frivolidades y corrupción de la burocracia política que se había enquistado en la república. En 1988 aceptó la postulación presidencial del PAN, y a la hora de la insurgencia cívica, que sobrevino al fraude electoral salinista, demostró carácter, se manifestó al lado de los otros candidatos, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra, sin importarle que fueran de izquierda, pasando por alto diferencias ideológicas para dar aliento a una propuesta democrática de rectificación que resultó imposible.
Con el tiempo, en su familia hubo divisiones política y la joven Tatiana se alineó al proyecto lopezobradorista y ocupó grandes cargos, como la coordinación de su campaña; fue diputada federal, luego integrante del gabinete con la importante cartera que es la Secretaría de Economía, y en la etapa de Sheinbaum fue directora general del Instituto de Mexicanas y Mexicanos en el Exterior.
Se puede percibir que su estrella empezó a declinar (no me gustaría especular sobre sus razones), pero cuando se presentó la oportunidad actual de aspirar a la gubernatura en el importante estado de Nuevo León, no dudó en postularse, fracasando en el intento. Pero su talante fue claro: no aceptó los resultados de la “encuesta”, sin confrontar personalmente a la ganadora de la “coordinación” morenista, Clara Luz Flores Carrales, de origen priista, figura que viene precedida de un fracaso electoral. Palabras más, palabras menos, Clouthier está exigiendo la reposición del procedimiento porque no lo considera válido ni demoscópicamente correcto, y ha iniciado una resistencia cuyo desenlace hoy se desconoce. Pero hay dignidad y congruencia, no servilismo ni simulación.
Ahora veamos a Andrea Chávez. No nació en el privilegio, con antecedente en el republicanismo español. Fue brillante estudiante de Derecho y a muy temprana edad hizo una carrera meteórica que la llevó de una diputación federal al Senado de la república, al que pertenece actualmente con licencia.
Inició con una antelación superlativa su promoción personal, autoestimándose como ya había dicho antes, en un “relevo generacional”. Como senadora no se distinguió por alguna iniciativa de legislación que se pueda considerar trascendente para la historia política del país; más se le ubica en esas cámaras como una distinguida figura del Bronx legislativo.
A su tiempo recibió el apoyo del grupo Tabasco pero tuvo que frenar sus pretensiones cuando fue más que evidente que la presidenta de la república no compartía sus formas, pero sobre todo porque el gasto en clínicas móviles con su imagen no tenían explicación posible en su economía personal, por altas que fueran sus dietas.
Comenzó, y fuerte, la búsqueda de la “coordinación” desde mucho tiempo antes del proceso electoral contra Cruz Pérez Cuéllar y en la misma plaza de Ciudad Juárez, que concentra el 41 por ciento de la lista nominal del estado de Chihuahua. Fue además arropada por una vieja izquierda chihuahuense, desteñida e invertebrada.
Su desempeño fue osado; recurrió a las antiguas artimañas difamatorias contra su oponente (no dudo que sean ciertas); se mostró segura del triunfo, al grado del engreimiento y aguantó callada el veredicto final que no le favoreció, pero su inconformidad continuó latente, de alguna manera escondida. Y así como Clara Luz en Nuevo León tuvo su origen en el rancio PRI, Cruz Pérez Cuéllar, en Chihuahua, proviene del conservador y claudicante PAN.
Aquello provocó un movimiento en la cúpula morenista. Un estrecho grupo que se arroga la designación de candidaturas, como quien juega póker por diversión, observó que el riesgo de una fisura restaría posibilidades a MORENA de ganar el emblemático estado de Chihuahua. Y entonces llegó la clásica maniobra priista de no dejar muertos en el camino.
Por esa vía, sin estar registrada como aspirante, rompiendo alianzas previas, sin encuesta de ninguna índole y sin tómbola alguna, un día amaneció con un cartón que le otorgaba la patente de “coordinadora” consumada por la alcaldía de Ciudad Juárez, privilegio que ningún municipio del país tiene hasta ahora. Esto bastó para que toda una representante del “relevo generacional” simple y llanamente se replegara, como emisaria del pasado.
A su corta edad, con una senaduría que permite un despliegue político y de recursos espléndido, y un porvenir por delante, ella optó por el pragmatismo, el oportunismo, dejando de lado ideales y nuevas formas de hacer política, sobre todo aquellas emparentadas con el “no mentir”.
Se trata de dos figuras: por un lado, Tatiana Clouthier, que sin presumir nada, ni con baladronadas, se repliega a la resistencia dentro de un proyecto en el que ella cree, y en el otro extremo a la que no tiene más medida que su ambición.
Así es MORENA, un cajón de retazos de personalidades contradictorias.


