Columna

Canadá avanza en la crítica a Trump; México se rezaga

El Estado mexicano necesita urgentemente una política internacional activa, presente en todos los foros mundiales y que se distinga por la innovación que se requiere en esta era de barbarie y ruptura del orden y el derecho que representa Donald Trump. Por eso tiene pertinencia subrayar el reciente discurso en Davos del primer ministro canadiense Mark Carney.

Esta columna ha sostenido que la cancillería de Juan Ramón de la Fuente no está a la altura de las circunstancias. Pero todavía más: es la misma presidenta Claudia Sheinbaum quien tiene la deficiencia, el faltante de nuestro país para moverse en un mundo que de pronto se trastornó con las ansias más que imperialistas de los Estados Unidos, que a su vez otras potencias mundiales han visto como pretexto o justificación  para consolidar sus propias zonas de influencia que a la larga conducirán a la guerra.

La herencia del lopezobradorismo en esta materia ha reducido nuestra política exterior a una simplista y patriotera defensa de la soberanía, con los ojos atentos en las relaciones internas para consolidar una hegemonía utilitaria al poder, soportada en la divisa de una “unidad nacional”, imposible si todos los días, desde el púlpito presidencial, se lanzan denuestos y agresiones a quienes legítimamente discrepan de la orientación que el país lleva.

Constitucionalmente, la institución presidencial lleva consigo la jefatura del Estado ante el mundo. De ahí la importancia de que ese mundo, complejo y diverso, sepa cuál es la política internacional de una manera clara y precisa. 

El provincianismo de López Obrador despreció los foros de la escena internacional para darle presencia a México, y esa nefasta visión la está practicando ahora Claudia Sheinbaum, con grave riesgo de que nuestro país pierda alianzas, fortifique alineamientos en contra del imperio y establezca, así sea en la contradicción, los intereses de nuestro país frente a los Estados Unidos. 

Hay un discurso soberanista que, en los hechos, se vicia de ese provincianismo, como si no estuviéramos insertos en el mundo. Claudia Sheinbaum, al igual que su predecesor, rehuyen los foros internacionales, atizando los discursos hacia la propia audiencia nacional en los que se presume mucha soberanía, pero en la realidad los aviones del imperio aterrizan donde deciden por sí mismos, o con la anuencia de los militares que cada día se arrogan más facultades.

Y qué decir del sistema judicial mexicano que tiene en la corte de Nueva York la competencia de lo que los tribunales nacionales debieran estar procesando y sentenciando.

Pero veamos un contraste aleccionador: el primer ministro canadiense Mark Carney sí se presentó en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, y habló claro y fuerte, no sólo en defensa de su país, sino denunciando la ruptura del orden mundial, del derecho internacional, mostrando su calidad de estadista, de lo que carece nuestra presidenta.

Carney convocó a las “potencias medias” a unirse y dijo que el mundo está padeciendo “una ruptura” y no “una transición”, en la que “los grandes poderes” están utilizando la “integración económica como un arma”.“No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de la subordinación”, expresó.

Estos y otros conceptos incluyó en su crítica hacia el poderío estadounidense. El discurso íntegro puede encontrarlo en este enlace: 

https://www.pagina12.com.ar/2026/01/21/el-orden-mundial-se-rompio-el-fuerte-discurso-del-primer-ministro-de-canada-en-davos