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Habría que decirles a los dueños de El Diario de Chihuahua, que escudriñando el tono y advirtiendo el talante del editorial de la casa del día de hoy, “Reglamentar manifestaciones en las calles, una necesidad”, todos, pero todos, somos “terceros” en esta sociedad; todos padecemos infinidad de agravios y molestias sin fin. A los propietarios del medio les preocupan las manifestaciones públicas, que los ciudadanos salgan a la calle para cerrarla, que tomen plazas, pero olvidan lo esencial sobre lo que en lo particular he insistido en los últimos meses: la gente no anda en las manifestaciones por gusto, ni hace las guerras, como se ha visto en el mundo, con más gusto que las revoluciones que se supone les resolverán sus problemas.

Si se viese con hondura el tema, se tendría que reconocer que los que andan en la calle expresan una necesidad histórica: ya la realidad es irrespirable y la lentitud para que lleguen las soluciones es francamente proverbial. Podrán coincidir o no con este criterio, pero hay algo que saben de cierto: las personas y los movimientos sociales están en la protesta por la falta de medios de comunicación que informen y que jueguen, a la vez, un papel crítico frente a las circunstancias que tenemos, que juegen un papel en favor de la remediación, que de apologías ya hay hartazgo. Saben ver la paja en el ojo de los manifestantes disidentes o de los desesperados, pero no observan los cientos de ocasiones en los que César Duarte y su gobierno interrumpen el tráfico con cualquier pretexto baladí, sólo por dar gusto al culto a la personalidad de un arcaico cacique.

Hay un ejemplo vivo y reciente: la agresión a la manifestación de Unión Ciudadana del pasado 28 de febrero, inició precisamente con una absurda clausura por parte del gobierno de la arteria que se iba a ocupar brevemente por la tarde de un sábado. Lo que sucedió ese día, gravísimo por atentar contra las libertades y proviniendo de funcionarios públicos convertidos en porros, no mereció ni información ni comentario serio de la casa editorial, propiamente, hoy preocupada por la regulación restrictiva y a todas luces contraria a l código básico. El ejemplo se complementa con el hecho de que la queja, fundada y documentada ante los organismos de derechos humanos, presentada hace menos de una semana, no mereció ni una línea por parte de El Diario de Chihuahua, como para que ahora opten por cerrar más puertas que ellos se han encargado de clausurar al estar ausentes de sus responsabilidades establecidas claramente en la Constitución General de la República.

Pareciera que el editorial del día de hoy está dictado por las molestias que en particular llegaron a las puertas de sus instalaciones el pasado lunes; como que respiran por el pequeño rasguño que les infligieron, porque además creen que no se les puede tocar ni con el pétalo de un rosa. Es una historia archi sabida y la actitud de El Diario de Chihuahua no viene a ser sino un capitulillo menor de la larga lista de ruegos para que se establezcan excepciones y cortapisas que se le quieren poner al ejercicio de los derechos y libertades.

Deben saber estos señores que para hacer una propuesta del calado de la presente, se necesita gozar de la enorme autoridad moral de haber ejercitado los derechos y las obligaciones que reportan para mantener una comunicación profunda entre la sociedad, cimentada en la información. No están en esa circunstancia y en consecuencia sólo se suman al coro de quienes claman por la cancelación de libertades para que el régimen excluyente de privilegio que existe en el país permanezca inalterado. Y si no, vaya una pregunta: ¿Por qué tanto celo de El Diario de Chihuahua con las manifestaciones y no proponen una reglamentación, puntillosa y exacta, para transparentar los ríos de dinero que reciben por parte del gobierno como gastos de comunicación social? Aquí sí que la palabra puede amonestar, pero el ejemplo arrastraría.

El colmillo de las actitudes fascistas se advierte hacia la parte final del editorial: lo que les preocupa es el palacio de gobierno y su huésped, so pretexto de los rodeos que hay que dar para cruzar la ciudad de un lado a otro, pero de las dos calles que le robó Duarte a la ciudad, adyacentes precisamente al edificio gubernamental y que tantas molestias provoca a los terceros por las avenidas Libertad y Vicente Guerrero, de esto no hay ni media palabra.

Por lo demás, vano el esfuerzo. Las libertades prevalecerán, incluso como debe ser, para sus detractores.

 

La alerta amarilla pesa sobre Chihuahua

 

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De nueva cuenta, autoridades de los Estados Unidos le ponen alerta a varias regiones del país, entre las que se encuentran territorios del estado de Chihuahua. Ese mensaje desmiente los desvaríos del gobierno de Chihuahua sobre la seguridad que supuestamente prevalece aquí. Duarte se duele de esto y pone como ejemplo que recientemente estuvieron en Ciudad Juárez un nutrido número de alcaldes de varios países en esa frontera. Pero piensa que comulgamos con ruedas de molino: esos eventos son muy seguros por los escrupulosos y grandes dispositivos de seguridad que se les brinda. Sólo le faltó decir que él se mueve tranquilamente por las calles, pero con más suburbans, agentes de seguridad y pistoleros que el propio Obama ha utilizado cuando viaja a otros países. Ayer, vaya un ejemplo del paisaje chihuahuense, Javier Garfio recorrió la Venustiano Carranza, pero con un nutrido grupo de protección, que discretamente se oculta a las cámaras.

 

Dos lambiscones gritan: ¡Ave César!

 

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Los presidentes municipales de Urique y Chínipas no perdieron la oportunidad de felicitar a César Duarte Jáquez por su cumpleaños en sendos desplegados. Seguramente Daniel Aarón Silva Figueroa y Hugo Amed Schultz Alcaraz son socialitos con dinero ajeno, pero sobre todo habría que reclamarles qué buenos son para tirar el dinero que no les pertenece.