La analogía que oportunamente nos brinda eso que llaman la historia de lo inmediato puede ser simple, pero analogía al fin y al cabo es: si el gobierno del estado pudo imponerse a las malas prácticas periodísticas de varios medios en Chihuahua, en ocasiones con un estilo desmesurado, el ciudadano común podría estarse preguntando entonces por qué Desarrollo Social no ha hecho lo mismo con los organismos vividores de la entidad.

La plica para la historia quedó enmarcada ayer en una foto muy amable y simpática en la que posaron el presidente de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (FECHAC), Héctor Jurado, y el titular de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno del estado, Víctor Quintana Silveyra. Ambos sonrieron para las cámaras de la prensa exhibiendo cada uno las respectivas firmas de un convenio suscrito para, así lo dijeron, “intercambiar información clave sobre la pobreza y desigualdad” en Chihuahua.

En un estado en el que se firman convenios para cualquier cosa (César Duarte firmó sin ver montañas de ellos), el nuevo gobierno repite la dosis del colaboracionismo chabacano de antaño y al mismo tiempo reproduce pactos políticamente correctos pero socialmente adictos al desplante. Por un lado los representantes del gobierno panista juegan golf, se divierten con los dueños del capital, les inauguran sus negocios y les firman convenios para entregarles el dinero que no se tiene, pero por otro le dicen a los de a pie que no, que no se les puede apoyar en sus reclamos, que si se exceden se les aprehenderá conforme a la ley. Es decir, el gobierno surgido del pueblo le muestra a éste el lado más amable de su espalda y a los pudientes les brinda la palma más amplia de sus manos.

Las paradojas están a la orden día. Lo ocurrido ayer entre la FECHAC y Desarrollo Social nos muestra otra instantánea que seguramente se repetirá. Todo parece indicar que los organismos empresariales que utilizan brazos recaudadores bajo el cuestionable manto del altruismo seguirán medrando al erario, y Desarrollo Social, cuya tarea principal tiene con qué desarrollarse solo en los talentos de un Víctor Quintana, se ve reducido en este caso a una simple institución acompañante y proveedora de información sobre la pobreza. El montón es, en realidad, a la riqueza.