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Loera topará con dura roca

El senador Juan Carlos Loera lo sabe –y lo sabe bien–, que doña Ariadna Montiel no lo dejará pasar a la candidatura por la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez. Esto es como la aplicación de un código al estilo siciliano. 

De paso también afecta a Andrea Chávez con su solidaridad para que alcance la principal candidatura al Ejecutivo estatal, ya de por sí dañada en la coyuntura que se extenderá a lo largo del próximo año debido a la cancelación del T-MEC, entre otros factores por el papel que el imperio asigna al crimen organizado, en especial al que está instalado en los estados fronterizos y en algún grado toca al padrino tabasqueño.

El senador Loera De la Rosa anunció su pretensión de ser “Coordinador Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional” para el municipio de Juárez, mamarracho con el que se denomina a un simple aspirante a una candidatura. 

Loera ofreció como mérito su historial político asociado a MORENA, especialmente su gestión como delegado del Bienestar, por el que por cierto jamás ha rendido cuentas en estricto sentido. Quizá por eso hasta da el paso de solicitar la renuncia de la actual delegada, la duartista Mayra Chávez, si es que quiere competir. Y es que algo sabe de clientelismo.

Empero, en su calidad de senador va a rendir su informe un día antes de pedir licencia para pretender la alcaldía fronteriza; es decir, que ese informe será un acto abierto de campaña y violatorio de las reglas electorales. Probablemente nos vuelva a recetar un libro de escasa distribución y lo anuncie en múltiples y costosos anuncios espectaculares y en pasquines de circunstancia.

Pero ni así doblegará la ojeriza conocida públicamente que le tiene Ariadna Montiel;  esa piedra es tan dura que no logrará convencerla con su historial de candidaturas (dos ellas fracasadas, incluida la de gobernador). No la moverá.

Todo esto es del conocimiento público, aunque es frecuente que los que actúan en el ámbito de lo políticamente correcto no lo digan. Siempre lo tengan en cuenta.

Pero más allá de ese obstáculo para Loera, quien por cierto vive en un condado aledaño a El Paso, Texas, justo como lo hacían los gobernantes del municipio de Juárez en la era priista, no concita el apoyo de los ciudadanos de la frontera. Podrá hablar de mil encuestas, pero su evaluación por el ojo público lo ha descartado, y las familias potentadas jamás lo van a dejar pasar, por elitistas en parte, pero más porque conocen a fondo su trayectoria de tres lustros que no lo dejan bien parado. 

Loera, al igual que Andrea Chávez se treparon a la cresta de una ola y llegaron a los cargos que tienen. Cierto que algo hicieron para ascender, pero la cresta de la ola fue la que los elevó, aunque ambos se arrogan atributos personales para el apoyo electoral del que han carecido per se en el pasado.

Lo más grave que afecta a MORENA en esta etapa son sus contradicciones internas. Para esto hay que contabilizar el odio furibundo que se profesan Loera y Cruz Pérez Cuéllar; recuerden que este último salió repelando hace seis años, cuando no lo hicieron candidato a gobernador, para luego aquietarlo con una senaduría y luego con la alcaldía de Juárez, desde la que ilegalmente se está catapultando hacia la candidatura de gobernador. 

No lo digo yo, el mismo Loera lo ha expresado, cuando afirma que su decisión de apuntarse para buscar la alcaldía, surge tras haber recorrido y analizado “de primera mano la situación crítica por la que atraviesan los habitantes de la región en la actualidad” y afirmar que el proyecto político en la demarcación “ha sufrido una transformación interrumpida o un cambio a medias”, por lo que concentrará todos los esfuerzos en “estructurar soluciones de fondo a las demandas de infraestructura y desarrollo social que aquejan la zona urbana”.

En otras palabras, que Cruz Pérez Cuéllar miente cuando va de municipio en municipio poniendo de ejemplo una transformación que su correligionario niega. 

Supongamos que pasa el tiempo, consolidan sus candidaturas y ganan las elecciones (¡qué horror!), entonces tendremos un gobierno dividido entre dos grupos del mismo partido que, conforme a las reglas sicilianas, se harán la guerra y todos perderemos.

A final de cuentas la doña Montiel nos evitará el zafarrancho.