Columna

Maru, ni reina ni gobierna

Si Maru Campos cree que ha conquistado la arena nacional, la realidad es que hacia el interior del estado que “gobierna” trasciende por su ineficacia. Soportada en una imagen que pretende candidez infantil y que aparece por todos lados, incluso caricaturizada, a la gobernadora la baraja se le ha vuelto reyes y se le agota cada día su capacidad de arbitraje para resolver los problemas de la sucesión.

Su liderazgo decrece en proporción inversa a la idea que ella misma sustenta de que es la reina. Y eso sería lo de menos. El problema es que no reina.

El Partido Acción Nacional, con la muy gris dirigencia de Daniela Álvarez, que depende enteramente de la oficina de la gobernadora, ha declarado que creará “mesas de trabajo” para sentar a los aspirantes a la principal alcaldía que conservan y que es la de Chihuahua.

Decir mesa de trabajo, en este caso, es decir incapacidad de mando, más cuando la misma Álvarez dijo a los medios que la gobernadora estará presente, y lo subrayó con énfasis. Qué mejor prueba de que el antiguo partido de ciudadanos se convirtió en una oficina del gobierno central del estado y una agencia de los grupos oligárquicos.

La rijosidad interna del PAN, aunque se simule con cumpleaños, fisura a este partido frente a su cercano desafiante que es MORENA. Pero hasta aquí este apunte político.

La administración pública no va mejor. Aparte de la inacción que provoca el proceso electoral, se nota la ausencia de gobierno porque el funcionariado tiene como prioridad el relevo del año que entra, y para ellos lo más importante es el poder que el desempeño mismo del cargo para el que fueron designados y por el que cobran.

Hay dos casos emblemáticos. Gilberto Loya, el secretario de Seguridad Pública, pasa las horas, los días y las semanas encampañado, y mientras eso sucede el estado arde por la acción de los criminales, lo que se demuestra con alto número de homicidios por ejecución, que son estadística dura, sobre todo por los sucesos ocurridos en el municipio de Belisario Domínguez, en la zona de Tutuaca.

El secretario presume la Torre Centinela y ya ha dejado el uniforme policiaco por la ropa de sastre, muy juvenil; pero la reina no tiene capacidad para decirle que sus empeños por la candidatura simple y llanamente no van a ningún lado.

Otro que peor canta es Mario Mata Carrasco, presidente de la Junta Central de Aguas y Saneamiento, quien se las de hidrólogo y que viene con la noticia de que hay poco más de 16 mil pozos irregulares, cuando lo que debería informar es qué ha hecho para remediar este tema. Ha vivido de esta agenda desde los sucesos de La Boquilla, antes de la elección general pasada, con nulos resultados. Muchas palabras, pocas acciones.

A su vez el secretario político del gabinete, Santiago De la Peña Grajeda, es juez y parte en su difícil cuesta para ascender a la candidatura a alcalde de Chihuahua. Y al tener esta característica, como es obvio entenderlo, le merma capacidades a su jefa. Son los problemas de la cohabitación PRI-PAN.

En medio de todo esto, está el cobro de facturas a la gobernadora, y para hacerlos efectivos, hasta un cumpleaños sirve bastante.

El exfiscal César Jáuregui dice que Maru es la jefa, pero sus órdenes ya no son las de una reina, y cada día que pasa tiene menos fuerza.