La OEA condena régimen de Ortega-Murillo en Nicaragua
La diplomacia avanza en la tarea de aislar a la dictadura nicaragüense Ortega-Murillo. Nicaragua sigue siendo un tema de agenda primordial para muchos sectores democráticos del continente americano, y el trabajo que hacen las organizaciones nicaragüenses, aun en el exilio, es primordial en el objetivo de defensa de los derechos humanos, civiles y políticos de ese país centroamericano.
En esta agenda está el tema de los presos políticos, de las víctimas como Brooklyn Rivera y Roberto Samcam, los ciudadanos privados de sus libertades, así como las desapariciones forzadas de opositores al régimen, el destierro, la desnacionalización de ciudadanos y ciudadanas, así como el destierro de centenares de religiosos y periodistas, entre otros.
Es impresionante además que un pequeño país, que realizó una revolución contra la dictadura somozista en los ochenta, cuente actualmente con más de 1 millón de exiliados. Pero ante estos hechos no pocos que se dicen de izquierda guardan silencio.
El caso Nicaragua finalmente fue abordado por la Asamblea de la Organización de los Estados Americanos (OEA) durante su 56 periodo ordinario de sesiones, celebrada en Panamá desde el pasado lunes 22 de junio hasta el día de hoy.
La Declaración sobre “la situación de Nicaragua” fue aprobada por consenso, México incluido, en donde se “condenan las violaciones y abusos generalizados y sistemáticos de los derechos humanos, documentados por los mecanismos internacionales establecidos por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, algunos de los cuales, según el último informe (A/HRC/61/56) del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN, Group of Human Rights Experts on Nicaragua, por sus siglas en inglés), podrían constituir, prima facie (a primera vista), crímenes de lesa humanidad…”. https://documentsearch.oas.org/documents/CP_doc_-6221/CP_doc_-6221-rev2-tx.pdf
Las diversas organizaciones difundieron a su vez un comunicado donde celebran que la comunidad internacional dejó en evidencia que “el régimen Ortega-Murillo no podrá eludir sus obligaciones ante el Sistema Interamericano, pese a su retiro de la OEA”, y que desde la Declaratoria oficial se “insta al Estado de Nicaragua a cumplir con sus obligaciones nacionales e internacionales en materia de derechos humanos, a cooperar y retomar el diálogo con los mecanismos internacionales y regionales pertinentes, y a adoptar todas las medidas necesarias para prevenir, poner fin e investigar las violaciones y abusos de los derechos humanos, restablecer el respeto por las libertades fundamentales y adoptar medidas que habiliten el ejercicio legítimo y democrático del poder”.

México y su representación en la OEA han observado una conducta ausente de la defensa del pueblo nicaragüense, al igual que lo han hecho con Venezuela y Cuba. En esta ocasión, el embajador Alejandro Encinas se abstuvo en su intervención de referirse al tema, explícitamente. Quepa en su descargo que a la hora de su votación se sumó a la condena.
Pero, en fin, es una diplomacia ante órganos internacionales que deja mucho que desear y rompe con una vieja tradición, en concreto con el caso nicaragüense.


