Laura Itzel Castillo: cuna es destino
MORENA es insaciable cuando de apropiarse del poder se trata. No tienen llenadera, como dicta su gurú; siempre va por todas las canicas, según el lenguaje coloquial. Y dos ejemplos bastan en esta coyuntura para demostrarlo.
Empecemos con el caso de la reciente elección en Coahuila. No voy a opinar sobre la calidad de esa elección, incluso podría adelantar que no simpatizo siquiera con el PRI desde siempre. Empero, discrepo de la pretensión de MORENA, planteada por Ariadna Montiel, su presidenta nacional, de amenazar con buscar la anulación de esos comicios en los que, por la información que circula, perdieron con amplísimo margen.
Así actúa un partido de nula vocación democrática que cuando pierde quiere arrebatar, e incluso presumir que ya todo el país está en sus manos, cuando la sospecha de que eso no está bien se ha convertido en evidencia. México no cabe en un solo partido. Tuvimos setenta años atrás para descubrirlo.
Diestra en malas artes, la señora Montiel sabe que puede contar con el aparato judicial electoral para lograr su meta. De tal manera que al borde de las elecciones que habrá en 2027, tratará de resarcirse de sus derrotas bajo el mecanismo de la nulidad electoral, en vías de fortalecerse ese intento tiránico para apoderarse de México. En ese sentido, va la causal de injerencia externa para echar por tierra cualquier fracaso.
Siguiendo la línea de conducta que les dicta Andrés Manuel López Obrador, ningún resultado electoral les satisface; MORENA está en la perversa idea de que el sistema democrático existe sólo y únicamente cuando ellos ganan. Por la víspera, los días, esa es la advertencia por ahora.
El otro ejemplo tiene que ver con la Secretaría de la Mujer, que abandonó Citlalli Hernández para desempeñarse en un puesto estratégico en la dirección partidaria de MORENA. La agenda de las mujeres poco le ha importando a la señora Sheinbaum, pues hay una vacancia de dos meses y sólo merece la atención de una encargada del despacho, en una área del gobierno fundamental y que por eso justamente se elevó a rango de secretaría de estado.
Pero no son sólo dos meses de desprecio. Al nombrar a la senadora plurinominal Laura Itzel Castillo, se tomará tres meses más, pues siendo presidenta de la Mesa Directiva del Senado, terminará su encargó el 31 de agosto, y para Sheinbaum el problema es sencillo: “Laura Itzel es quien está viendo los tiempos. En el momento en que se pueda incorporar se va a incorporar”. Qué precaria visión de la administración pública tiene la presidenta, pues se trata, ni más ni menos, de la facultad de nombramiento que le concede la Constitución.
Y esto no es de a gratis. La senadora, según lo han demostrado diversos medios, tiene percepciones directas e indirectas de más de 2 millones de pesos mensuales; su suplente, Blanca Elizabeth Fiesco Díaz, coordinadora de asesores de aquella, tiene un sueldo alto y obviamente goza del favor de la emplomaría que no se acaba de ir de este país.
Otra muestra: en diciembre de 2020, López Obrador impuso a Castillo como consejera independiente de PEMEX, pese a que no cumplía el requisito de contar con 10 años de experiencia en el sector energético. Los senadores de MORENA y aliados sumaron 69 votos a favor de su nombramiento y sólo 29 en contra por parte de la oposición.


Pero no todo para ahí. El futuro arribo de Laura Itzel a la Secretaría es una expresión más de juniorismo, una variante del histórico nepotismo, ya que siendo hija de Heberto Castillo, su carrera política no ha tenido mayor dificultad para brincar de un cargo a otro.
En el ámbito de la academia sobran perfiles cercanos a la problemática de la mujer, o a la militancia con esa causa, que debieron ser valoradas para tal cargo por la presidenta. Pero eso es soñar despierto. La práctica pertinaz de MORENA de ir siempre por todo da al traste con cualquier inclusión de profesionales mujeres que han demostrado rigor en el tratamiento de los problemas y el aporte de soluciones. Para MORENA la lealtad personal va primero, y si está respaldada por un apellido notable, como en este caso, es mejor, pero no es suficiente ni pertinente.


