A las puertas del encuentro Trump-Jinping
Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial el liderazgo de jefes de estado quedó en lo que se llamó “los cuatro grandes”: Roosevelt, que pronto murió (Estados Unidos); Churchill, que luego perdió el cargo (Gran Bretaña); Stalin, quien vivió para construir su imperio (URSS); y De Gaulle, que se preservó en su propio liderazgo (Francia).
Obviamente la hegemonía de los países democráticos y capitalistas pronto se desplazó indiscutiblemente hacia los Estados Unidos, como contraparte a la extinta Unión Soviética, y ambos tiñeron al planeta de una bipolaridad que marcó lo que se llamó Guerra Fría, sostenida en el poderío de los arsenales nucleares.
Pero también fue tiempo en el que se abrieron cauces para la descolonización del mundo, la emergencia de nacionalismos antiimperialistas y el interesante movimiento de los No Alineados que tanto relieve tuvo y hoy está prácticamente desaparecido.
Todo ese mundo quedó atrás. Podríamos decir que ya no existe y dar como muestra demoledora la extinción de la Unión Soviética y la insurgencia de un capitalismo en Rusia, con todo y su dictador Vladimir Putin.
También la China comunista emerge, al amparo de un proyecto capitalista, con una de las economías más dinámicas que crece a la sombra de una inocultable dictadura totalitaria tanto la de Stalin como la de Mao Tse-tung, hoy escrito como Mao Zedong. Ya no hay cuatro grandes, hay sólo dos, pero esa grandeza está bajo sospecha.
En estos momentos está por iniciar una reunión bilateral entre China y los Estados Unidos con las representaciones de Xi Jinping y Donald Trump, respectivamente. El poderío norteamericano sigue siendo hegemónico, aunque en declive; y el chino crece paciente y sostenidamente. Se trata de una vieja diplomacia que le apuesta más a ir avanzando que a vivir del escándalo y al fracaso que ya acompaña a Trump, que empieza a cansar al mundo de manera exponencial.
La agenda que tendrán estos jefes de estado en parte es conocida y en parte secreta. Lo que sucede con Irán estará en la mesa y obviamente los chinos estarán geopolíticamente en favor de la antigua Persia, que quiso desaparecer como cultura Donald Trump, tropezándose, sin saber cómo ganar una batalla y qué hacer con ella.
Pero la disputa que seguramente formará parte del encuento de los dos países que quedan como grandes, será la economía mundial, y aunque el resto de las naciones no estarán presentes, las consecuencias de lo ahí se acuerde y convenga se dejará sentir de manera fuerte, y Latinoamérica formará parte de esa agenda, porque el imperio chino ya está presente en la cuenca del Pacífico de manera fuerte y estratégica, con una visión de largo aliento en materia comercial, pero no sólo.
Conviene a todo mundo ver los resultados que esta reunión augure, porque de una u otra manera el planeta gira en torno de ambos países, ante una Europa que se ha adelgazado y una Rusia que, con todo y todo, ya no es lo que fue.
De aquellos cuatro que teníamos, ya no más nos quedan dos, dos, dos.


