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La CEDH continúa en manos del PAN

Cuando se escriba la historia de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chihuahua (CEDH) serán más sus fracasos, el apunte del desaliento de los que van en su búsqueda y no encuentran nada de fondo, y su dependencia del Poder Ejecutivo lo que destacará más. 

Es lamentable que se llegue a esa conclusión si la contrastamos con dos aspectos que no hay que perder de vista: en primer lugar, que surgió como producto de una lucha cívica que tuvo como telón de fondo innumerables violaciones y que con el tiempo se le concedió una esperanzadora autonomía que, si bien es relativa, da suficiente rango de acción para que actúe como un contrapeso a los abusos del poder en franca violación de los derechos humanos.

En segundo lugar porque aún en la conciencia cívica existe la idea de que es un baluarte desde el cual se ejerce una real defensoría. En otras palabras: en relación a esta institución hay desaliento y un sentimiento de desencanto. Cabe decir que corre en paralelo con la postración de la CNDH que preside la señora María del Rosario Piedra Ibarra. 

Recientemente, y luego de una larga dilación en el Congreso local, se designó a Ada Miriam Aguilera Mercado como nueva titular de ese organismo. Su estancia burocrática anterior fue en la Fiscalía General del Estado en el área de derechos humanos, que dirige el candidato en campaña por la alcaldía de Chihuahua, César Jáuregui Moreno. 

Lo que se sabe públicamente de la nueva presidenta de la CEDH es que se trata de una profesionista bien calificada que obtuvo las mejores notas en la evaluación que le aplicaron en el Congreso, aunque pongo en entredicho que el comité evaluador del propio Legislativo tuviese la capacidad de cuestionar a profundidad a los aspirantes.

No obstante que los derechos humanos en Chihuahua no pasan por su mejor momento, la politiquería parlamentaria frenó durante un lapso grande la designación, porque se postergó de una parte durante la negociación entre los partidos, y en otro aspecto por las fisuras que se abrieron en MORENA y que también se convirtieron en obstáculo para la obtención de la mayoría calificada requerida.

Como se sabe, decisiones de este calibre debieran ser de amplio consenso, por no decir de unanimidad. Pero en este caso, únicamente fueron los diputados panistas los que hicieron la designación de Aguilera Mercado, lo que le resta legitimidad. Y es más que obvio que pesó el que ella sea de filiación panista, funcionaria en la Fiscalía en la materia de los derechos humanos, lo que parecería que simplemente fue un trámite convalidatorio de una decisión que previamente se había tomado en agencias informales, como suele suceder en los pésimos gobiernos como el que encabeza María Eugenia Campos Galván. 

En entrevistas periodísticas Aguilera Mercado se ha presentado como una persona de “carácter muy fuerte, pensante, conciliadora, empática y que nunca juzga a los demás”. No lo pongo en duda, en particular porque no la conozco. Lo que sugiero es que, teniendo tales dotes, porqué no se autocontuvo de llegar a un cargo que la ley y la práctica recomiendan para alguien que no tiene la militancia que ha manifestado y que además, en el trayecto de su actividad, cambie de escritorio con tanta facilidad. Suena a empleomanía. 

Finalizo esta entrega reseñando una experiencia. Compartí con César Jáuregui Moreno una legislatura en el Congreso local (2004-2007) y me tocó participar de cerca en la designación de un titular de la CEDH. En los debates le escuché a mi entonces colegislador opiniones valederas, tales como que se debería independizar del sesgo partidario a las cabezas de estos organismos, que eso era perjudicial porque dañaba la confianza de la sociedad en las instituciones; pero sobre todo que eso era lo más conveniente para los que ejercen el poder (gobernador, fiscal, funcionarios judiciales) porque así les llegarían recomendaciones para que normaran los mejores criterios para resolver con independencia los problemas planteados. 

Huelga decir que expresé también mis criterios y que coincidí con los anteriores, porque habiendo en esa etapa una mayoría legislativa del PRI y un gobierno de este mismo partido, hacíamos posible, así fuera mínimamente, que se ejerciera la función de la CEDH con autonomía. Cómo cambian los tiempos.

Hoy la fracción parlamentaria de MORENA en el Congreso local resistió la decisión que se tomó en favor de Ada Miriam Aguilera y a la postre se abstuvo de emitir un voto concreto y específico a favor de otra aspirante, ya que en este caso se pretendió nombrar para ese cargo por primera vez a una mujer, como en efecto sucedió.

El problema de MORENA es que padece una esquizofrenia superlativa: tiene una doble personalidad que la priva de autoridad moral para posicionarse, dado que están provocando una mayor perturbación en esta materia al haber convertido a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en una defensoría del gobierno de la Cuatroté, como bien lo ha dicho el analista René Delgado.

Y no es para menos, la CNDH con tal de estar bien con el oficialismo al cual sirve, ha tenido un despreciable comportamiento en el tema de las desapariciones forzadas y, grotesco, en relación a la recomendación de que por razones de lesa humanidad este delicado tema escale a esferas más altas de las Naciones Unidas.

En lo personal dejo a la doctora Ada Miriam Aguilera en su buena fama, defendida por ella misma. Pero creo que, debido a sus filias políticas, nada va a cambiar en la CEDH, como no ha cambiado en el IEE, en la Auditoría Superior del Estado, y mucho menos en la Fiscalía Anticorrupción.

¡Qué lástima!