Corral busca la “gracia” de Ernestina Godoy
Javier Corral se protege y escuda en el privilegio que deviene de su escaño senatorial morenista. El abrigo que le dio Claudia Sheinbaum al otorgarle una jugosa plurinominal hoy se evidencia más con la atracción del fuero federal de la causa penal que se le abrió en Chihuahua a impulso de su antigua compañera de partido, Maru Campos, gobernadora del estado, “genéticamente” procreada durante su quinquenio.
Un hecho es irrebatible: Javier Corral sólo acepta que sus camaradas y amigos lo juzguen en un tribunal, ahora federal. El presupuesto de imparcialidad, que es de orden público, le importa un comino. A eso se le llama privilegio en todo el mundo y aquí se acompaña de dos ingredientes: facciosidad e influyentismo, este último demostrado cuando en un restaurante de la Ciudad de México lo salvaron de una detención ordenada al más alto nivel en las postrimerías del gobierno de López Obrador.
Corral no ha dado la cara a los chihuahuenses. Por él hablan sus abogados, sus familiares y su séquito, que opera como coro de segunda voz. Por el enjuiciamiento que se inició en su contra se victimiza y se asume como perseguido político, apoltronado en su curul y moviendo teclas para que el gobierno morenista le haga la tarea de liberarlo de un “supuesto delito” que, atraído por orden de una sentencia dictada por magistrados federales, quedará en manos de la Fiscalía General de la República de Ernestina Godoy, quien es ahora su camarada de partido.
Corral dice que ese “supuesto delito” se le ha “fabricado”, y así entra en parentesco con los argumentos que en su tiempo esgrimió César Duarte. Así, forma y engrosa a la más ruin clase política del país.
Con su propia causa Corral pretende falazmente lograr que los fines del derecho penal se cumplan, que las víctimas salgan ilesas y florezca la verdad. Es la vieja verborrea de un orador, antes panista, hoy de guinda de un tono subido. Ahora Corral se ve en condición de defenderse y lograr la vigencia del derecho en su beneficio, lo que según su dicho jamás lograría en Chihuahua, con una fiscalía y jueces de control a modo para perseguirlo.
Corral busca no esclarecer su inocencia, eso es poco para él. Lo que quiere es que se constate su “absoluta” inocencia, “desenmascarar la brutal fabricación” del proceso en su contra. Aún quiere disputar los laureles que AMLO se auto colocó sobre sus sienes. De ese tamaño es la vanidad de un político traidor y ordinario.
Corral, durante los primeros cuatro años de duartismo, estuvo en la comodidad de sus dietas. Le sonreía a Duarte, al lado de Madero, en ejemplo de lo que es la abyección y la cortesanía.
La lucha contra el duartismo emergió desde la ciudadanía. A esa lucha Corral le cerró la puerta cuando llegó al gobierno y ocultó, por todos los medios, que la histórica denuncia de Unión Ciudadana del 23 de septiembre de 2014 prosperara, protegiendo sin más al duartismo y a Jaime Ramón Herrera Corral, quien prevalece impune. Entre cabildeos muere la justicia.
La Cuatroté es muy “juarista”: practica la “gracia” para los amigos, y luego dicen que no hay privilegios ni “fuero” que importen.
Lo que es irrebatible es que Corral se ha ganado el desprecio en las calle de Chihuahua, por las que difícilmente puede transitar sin que le griten “¡traidor!”.
Y es que la voz del pueblo es la voz de…


