Bonilla, divorciado de su comunidad
Ahora que estamos en medio del escándalo por el derrumbe en el fraccionamiento Monte Xenit y ante el ocultamiento de cómo se ha urbanizado Chihuahua en beneficio de unos cuantos desarrolladores inmobiliarios, resalta una ausencia crítica de la urbe capital del estado.
La ciudad tiene la particularidad de compartir territorio con la sede de los poderes estatales, lo que es significativo para sacar al municipio del foco de la observación pública, pero eso tendría correctivos si estuviera presente una sociedad civil sensible y permanentemente observadora de los problemas de la ciudad.
Ni los colegios de ingenieros ni los de arquitectos, mucho menos los partidos políticos, tienen a la ciudad de Chihuahua en sus agendas, pese a que viven de ella y estos últimos hasta medran de sus recursos fiscales.
El municipio, encabezado por Marco Bonilla, en lugar de fincar responsabilidades a los desarrolladores, los cobija e incluso los apoya financieramente. Nada más incorrecto en una ciudad en la que su parte antigua se cae a pedazos ante la indolencia del ayuntamiento.
Contrasta esto con lo que sucede en el municipio de Ciudad Juárez, donde organizaciones como Plan Estratégico de Juárez, AC, que dirige Sergio Meza de Anda, constantemente están examinando mediante indicadores concretos temas tan vastos como población y migración, salud y vivienda, educación, cultura y recreación. Pero no sólo, también pobreza, desigualdad, seguridad, servicios públicos, medio ambiente, economía, participación ciudadana, gobierno y proyección de futuro.
Se trata de un modelo que bien podría replicarse bajo una mirada plural e incluyente. En Chihuahua todo se desoye. Por ejemplo, ya se iniciaron de manera veloz los cambios a la Quinta Touché para convertirla en un museo de “arte contemporáneo”, sin tomarse la atención de mínimamente escuchar las críticas que se han hecho a ese proyecto.
Con sordera, Marco Bonilla está proyectando la forma de gobernar más allá del municipio. Y por la víspera, los días.


