Ayer decíamos, no sin sorna, que amenazaban los empresarios Cuesta y Dueñas, con una tercera y lastimera entrevista. Y, en efecto, la misma llegó, aunque no necesariamente cargada de lágrimas a la usanza de la actriz Marga López. Son varias la vetas analizables, en derivación de sus parciales opiniones: en primerísimo lugar la convenenciera convicción que transpira por todos sus poros de empeñarse en no distinguir los negocios públicos de los negocios privados, antecedente inequívoco de eso que se conoce como corrupción política. Sí, son empresarios, pero de esos que acostumbran a hacer negocios con funcionarios públicos con los que se coaligan para obtener ventajas que de otra manera y en competencia leal no podrían alcanzar con la benevolencia con la que actúan los gobernantes a la hora de darles a ganar dinero a manos llenas. Por ejemplo, Jorge Cuesta se autopresenta apoyando con eventos como el de Aeroshow las actividades turísticas, pero él tiene empresas lucrativas con base en el turismo, lo que acorta la frontera que he mencionado.

Mueve a risa que traten de hacer de la calidad de empresario una especie de excluyente de responsabilidad civil o penal. Como si decir yo soy empresario da una patente de impunidad. Y, en efecto, lo son, pero está muy explorado que también cometen ilícitos civiles o penales y eso está fuera de duda. Se duelen de que se les está asignando el tratamiento de funcionarios públicos por parte de la Auditoría y la Sindicatura, que hasta cierto punto han trazado un camino elíptico para evadir lo que la ley establece sin más para indeminzar por este tipo de tragedias. Pero deliberadamente olvidan que toda contabilidad, auditoría o fiscalización pública se traza la meta de seguir la ruta del dinero público, desde el momento en que sale de las arcas hasta llegar a las manos de los particulares. En otras palabras, ellos recibieron una cantidad fuerte, millonaria, de recurso público con origen fiscal, y por lo tanto es absolutamente legítimo que se les indague a fondo. Pensar que esto es diferente en el esquema de un Estado entregado al neoliberalismo, es tanto como sostener que con los recursos del Estado se puede blanquear cualquier dinero con un simple acto de transferencia a manos privadas. ¿Se equivocan los señores priístas Cuesta y Dueñas? No. Pretenden ocultar un dolo que la ruta del dinero hace patente.

Se confiesan empresarios y ajenos a la política. Etiquetas más, etiquetas menos, es algo que tampoco se puede creer por sus evidentes filias, y no se diga negocios, con los gobiernos del PRI. Además, recurren al sobado argumento de que no “litigan en los medios”, aunque en estos días casi tres planas de un diario los desmienten. Se tratan de dar un mullido colchón, despertando en su favor la piedad, casi casi como si ellos hubieran sido víctimas mortales de la tragedia. Qué desvergüenza.

Sostienen que jamás desearon los daños que se provocaron, para decir lo obvio, que no estamos en presencia de naturaleza intencional, y más aún premeditado. Pero con ese argumento tratan de darle la vuelta con la palabra “accidente” a la excusa, que quieren hacer valer para burlar la justicia. Aquí el tema es totalmente otro y se puede expresar de la siguiente manera: viendo el video y teniendo aún dos dedos de frente, se puede advertir que sí el hecho fue un accidente, sólo que absolutamente previsible, y por ser previsible, evitable, si se hubieran tomado las medidas recomendables para estos eventos. Basta ver otros que se han realizado, para darse cuenta de que todos los que están atrás de la tragedia privilegiaron antes sus intereses que los del público asistente, y en tiempos en que las medidas de protección civil son ya una norma inexcusable que aplican a rajatabla los respetan la vida y la seguridad de quienes asisten a actos masivos de cualquier índole. No valen sus excusas, lo único que vale aquí es que se les investigue a fondo, en todos los detalles, particularmente los que de manera ordinaria se evaden y que tienen conexión directa con la corrupción política, con la práctica de ganarse grandes cantidades de dinero por las buenas relaciones con los gobernantes, que dicho sea de paso, también resultan con la mano suficientemente untada.

Conforme a la ley, no tienen para dónde hacerse, salvo que el manto de la impunidad los cubra como ha sucedido en muchos otros casos.

 

¡Ah!, los Ceresos

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Muy bien certificados los Ceresos, a grado tal de que ya se quiere crear una sucursal de las certificadoras en estas tierras, modélicas para toda la república, pero el cobro de cuotas que recién se ha denunciado exhibe la miseria de las mentiras que hace circular un gobierno, a sabiendas de que los funcionarios del ramo tienen casi una mina con la administración de estas instituciones para el cautiverio de los delincuentes. Quizá esa sea otra razón del por qué la fuente de tributación extralegal se defienda con tanto celo con los discursos a favor de las penas vitalicias.

 

Duarte también es chaperón

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Así como Duarte cita a los alcaldes para cualquier acto de relumbrón, o se lleva a Miguel Salcido en calidad de chaperón o pajecillo, así precisamente Peña Nieto se llevó a César Duarte Jáquez para que lo escuchara en Los Angeles, California, donde trató el tema de los migrantes, para los que el gobierno peñanietista no tiene una sólida ni respetable alternativa. Es grotesco que la prensa local haga noticia que Duarte viajó a allá, como si eso fuera importante, y poco espacio le brinde al tema de fondo, más cuando a otros gobernadores invitados se sumó al cacique, que no perdió la oportunidad para lanzar el mensaje de que no recibe desprecios presidenciales. A su vez, y con bombo y platillo, el cacique difunde aquí como noticia, una cena privada que en los Estados Unidos de Norteamérica no alcanza tan siquiera el rango de nota de Sociales.