Muchos aspirantes, nula legislación electoral
Ante la ausencia de un respeto a la legislación electoral y de una ley de partidos que sea una base ineludible para la construcción democrática, tenemos que en el estado de Chihuahua hay un desbordamiento casi absoluto de acción política que conduzca a un sistema democrático, que es viejo anhelo.
Estamos casi a las puertas de que se inicie formalmente el proceso electoral en la entidad, y lo que tenemos en presencia es un fenómeno en el que pululan estrictamente los intereses facciosos y las ambiciones personales. En relación a esta última, convengo que es mejor que se confiesen las ambiciones a que se simulen, lo cual no dispensa del cumplimiento de la legislación electoral vigente.
Esto es grave porque los partidos no están jugando el rol que se les supone como instituciones básicas de la sociedad. Hoy vemos en campaña por la gubernatura de Chihuahua a personajes como Marco Bonilla, Gilberto Loya, Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez y Julián Lebarón.
A todos ellos los caracteriza que explícitamente no han dicho para qué quieren aspirar a ser gobernantes, y atropellan cotidianamente la vida de la comunidad con publicidad, políticas de imagen, encuestas a modo, distracción de tiempo que se supone estaría para el desempeño de la función pública, en el caso de la mayoría de ellos. Los partidos están, cuál más cuál menos, bajo un control jerárquico de los aparatos directivos que debieran representar a quienes agrupan para la competencia por el poder.
En el caso del Partido Acción Nacional y su aliado el PRI, por estar en el ejercicio del poder, la gobernadora se convierte en un factor de primer orden para la decisión. Pero es obvio que está en parte abrumada, en parte envuelta en un torbellino de contradicciones con el gobierno federal, y su falta de liderazgo que a veces pareciera, en relación a Marco Bonilla, que fuera su adversario, porque a final de cuentas lo que busca es su proyecto personal, y hasta el hecho de que quisiera que el ciclo terminara.
Bonilla continuaría la tradición de emparentar su eventual gobierno con la rancia aristocracia y perseverar en su fundamentalismo católico.
En el caso de MORENA encontramos que no es propiamente un partido, porque sus adherentes o militantes carecen de derechos; son siervos de liderazgos carismáticos que imponen candidaturas a ton ni son, muchas de las veces valiéndose de los subterfugios estatutarios para emplear el género y hacer un descarte.
Los morenistas no deciden absolutamente nada en los procesos de postulación de candidatos; no tienen la prerrogativa de trazar la línea política, ni de elegir a sus dirigentes, y mucho menos decidir candidaturas de manera real y directa.
Empero, son los que están en la oportunidad de ganar las elecciones el año entrante, según diversas valoraciones, y desde luego la presunción que ellos mismos exhiben a cada paso.
Es importante visualizar cómo se va dando la postulación principal el año que entra y desde una perspectiva ciudadana. Sus dos precandidaturas principales no auguran que Chihuahua, como entidad, salga del atolladero en el que está por los gobiernos que ha padecido.
A Andrea Chávez se le pretende presentar como un “relevo generacional”, no obstante su perfil político contaminado por las viejas prácticas de sus visibles padrinos políticos, como el expriista Adán Augusto López y el expanista Javier Corral.
Además tiene una deuda pendiente al no haber explicado y transparentado la procedencia de sus fondos empleados en las llamadas y costosísimas “caravanas de la salud” que representaron campañas electorales anticipadísimas. De su experiencia, ni qué decir. No tiene ninguna. Y de bravuconadas ya está harta la ciudadanía.
A su vez Cruz Pérez Cuéllar, el apestado en muchas instancias de MORENA, ya se asume que él será el candidato. Pero quién nos puede asegurar que alcanzar sus más caras metas –la gubernatura– no se convierta en el Rubén Rocha Moya del mañana, que ya ha prefigurado en muchos de sus actos como cómplice de César Duarte.
La aspiración de Lebarón se ve cuesta arriba. Pero no descarte que él tenga en su mente lo que en su tiempo lo hicieron, por ejemplo, Sam Houston y “Buck” Travis. Gregario, él tiene su corazón en otra parte.
Procesos tan manchados como los que he comentado, de consumarse en favor de alguno de los actores mencionados, lo único que auguran es que, como las contradicciones estériles, sigan en presencia y el espíritu de facciosidad continúe en el Palacio de Gobierno.
Entre tanto, los ciudadanos están ausentes.


