Columna

Brenda Ríos se alborota

A la andanada de políticos locales que se han brincado no sólo éticamente las formas de participación electoral sino todo suficiencia normativa en la materia, se suma en estos días la duartista Brenda Francisca Ríos Prieto, hoy diputada de MORENA en el Congreso local, cargo en el que repite plurinominalmente porque entre 2010 y 2013 fue legisladora del Partido Verde, un satélite que favoreció al corrupto casi en libertad, César Duarte Jáquez.

Brenda Francisca también ha recurrido a la mentira para buscar posicionarse mediante la falsa máscara de la rectitud política, que combina muy bien con un outfit moderno y bien cuidado, porque, por un lado declara a la prensa que sería un “grandísimo honor” formar parte del disparate conocido como “galopada” –alentado desde palacio– y por otro afirma, en un mazacote de contradicciones, que será “respetuosa de lo que diga el partido, de lo que digan las encuestas y de lo que decida la gente”. Así de pantanoso su discurso.

En el terreno de esas contradicciones es que con un despliegue publicitario descomunal, como si fuera una jefa de estado, está invitando a un simple informe, el suyo –el primero como morenista–, el próximo fin de semana.

Desde inflables, pasando por espectaculares y volantes donde subraya –con copia a la capita del país– su lucha contra el “cartel inmobiliario”, entregados por ella y por supuestos seguidores incondicionales en cruceros con banderines que resaltan su cuidada fotografía y su nombre (diseños que cuestan) y una extensión de todo esto en redes sociales, con pago a músicos para un himno que resalta su nombre («se alborota», se llama). Si hubiese sido muy norteña, como afirma, quizás hubiera pedido que le compusieran un corrido. Y todo, todo, todo, para invitar a su informe.

La pregunta inicial es de dónde ha salido tanto dinero para tan profusa propaganda. Lo otro, que no es pregunta, es hasta cuándo el Instituto Estatal Electoral va a actuar contra los políticos que hacen campaña descaradamente con pretextos que nadie cree, excepto quienes buscan alguna ganancia a la sombra que los cobija.

Prácticamente todos los partidos han incurrido en ilegalidades, en campañas anticipadas con la excusa de supuestas entrevistas que se publicitan en espectaculares y portadas de medios que nadie sabe de dónde surgen. Hay quienes presentan libros o se cuelgan de estos eventos. Colegas de la hoy morenista lo han hecho en el pasado reciente: Juan Carlos Loera, Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez, etcétera. Y la ley nunca los ha tocado. Y todo parece indicar que Brenda Francisca Ríos se irá sin topar baranda.

Para saber de quién estamos hablando es necesario conocer sus antecedentes. Como digo, la política en cuestión trabajó hace unos veinte años en el Partido Verde como secretaria. De pronto este partido satélite del PRI (hoy lo es de MORENA) la hizo diputada, al amparo del entonces gobernador César Duarte.

Estando en el Congreso conoció a otro diputado duartista, Alex Lebarón, con quien se casó y quien por obra y gracias de Duarte (su padrino de bodas) se pasó a la delegación estatal de CONAGUA, mientras Ríos se convertía, por el solo hecho de representar a un partido “ecológico” y con el padrinazgo del gobernador corrupto, a la delegación estatal de la entonces llamada SEMARNAT donde permaneció hasta 2018, año en que sintió una transfiguración que le susurró al odio que su vocación era la política, como afirma en entrevistas, y que esta estaba en las líneas del morenismo, aprovechando el perdón redentor y la purificación lopezobradorista.

Esa repentina “vocación por la política” la ha emprendido cargada con todos los vicios políticos del pasado. Cuando MORENA afirma que “no somos iguales”, basta con mirar las acciones de sus propios activos, como Brenda Ríos, quien ya aspira a ser candidata por la Presidencia Municipal de Chihuahua.

Y uno se pregunta, en el remoto caso que esto pudiera llegar a ocurrir, quién gobernaría en realidad la ciudad. La especulación más cercana, sin embargo, está en la pregunta de quién ha financiado su campaña con el pretexto de un simple informe. A ver qué dice el silente IEE.