A Sheinbaum le hace comezón Carney
El discurso en Davos de Mark Carney, el premier canadiense, causó un estruendo mundial y, desde luego, ha sido objeto tanto de halagos como de críticas. Algunas de estas últimas se han fincado en argumentos sofísticos dirigidos a la persona, en concreto que representa a una economía que contribuye a la explotación y depredación de muchas regiones del mundo, entre ellas México.
Se pierde de vista que en ese importante foro el posicionamiento de Carney fue lo central, al hacer un balance de la ruptura del orden mundial, a lo que no se atrevió, por ejemplo, la presidenta Claudia Sheinbaum.
Esta columna comentó en días pasados el tema en dos entregas y dejó de subrayar aspectos fundamentales del discurso que ahora pretende recapitular, por su importancia como posicionamiento de una de las economías más importantes a nivel internacional y que además nos atañe como país, por formar del acuerdo comercial conocido como T-MEC.
Carney exigió elegantemente desde ese foro que los países menos poderosos se deben conducir con honestidad en relación a lo que pasa en el mundo el día de hoy; que no es correcto “adaptarse para encajar”, “acomodarse simplemente para evitarse problemas”. Señala que con esa actitud esperan que el acatamiento a Trump les compre seguridad, en lo que cae el gobierno de nuestra república.
Atrás quedó, en la visión del gobernante canadiense, la ingenua idea de que viviremos en un orden mundial basado en normas, por lo cual cuestiona la mentira en la que incurren los jefes de estado, apreciación que se desprende de sus palabras.
La conclusión es más que válida y ha pasado a formar ya parte del lenguaje político del momento. Si no estás en la mesa, estás en el menú, dijo categórico, porque el viejo orden no va a volver y hay que dejar de fingir.
Pero todavía más relevante es la parte del discurso en la que se señala que ya no dependemos de la fuerza de nuestros valores, sino del valor de nuestra fuerza.
Cuando examinamos estas palabras nos vemos obligados a contrastarlas con los raquíticos discursos del oficialismo mexicano representado aquí por Claudia Sheinbaum, quien habla mucho del valor de nuestra soberanía, pero en los hechos se comporta complaciente y hasta obediente con el presidente norteamericano.
Por ejemplo, Sheinbaum ha propalado la mentira de que PEMEX es soberano para decidir remesas de hidrocarburos a Cuba, cuando ella es la jefa de esa que es la más grande e icónica empresa pública de México y además es la que controla los consejos de administración de la paraestatal.
La mentira se va convirtiendo a pasos agigantados en la marca de la casa de la autollamada “cuarta transformación”, y va el ejemplo anterior acompañado de la más reciente versión que ya corre en el sentido de que fue el maquinista del Tren Interoceánico el responsable de todo ese trágico accidente.
Por eso les hace comezón el discurso de Carney.


