Maru Campos: sepulturera del PAN
Por los síntomas a la enfermedad. La gobernadora María Eugenia Campos ha pasado de una efímera proyección nacional en medios a exhibir su impotencia para resolver el problema de la sucesión en el municipio de Chihuahua, mismo que gobernó directamente por espacio de cinco años. Tiene poder para mostrar artificialmente una imagen, pero no la habilidad y el callo suficiente para mantener bajo el control de su mano lo que ella misma denominó “galopada hacia el poder”.
Los síntomas se dejaron sentir por la desatención recurrente de sus responsabilidades. Por escoger auditorios exclusivamente a modo. Por designar al frente del PAN a Daniela Álvarez, cuya impericia es manifiesta y carece de autoridad frente a actores de su partido que se mueven absolutamente por cuenta propia y a su impulso sin la anuencia de la organización partidaria. Pero no había más de dónde es coger.
Maru Campos ya no tiene un proyecto en el tablero de ajedrez con sus propias piezas; todo se le ha vuelto un caos, y lo que estuvo en su arbitrio decidir, se resolverá por razones que no son las estrictamente partidarias hacia una elección tan importante como la que viene y en la que se jugará, ante la ausencia de un genuino proyecto de izquierda, la eventual entrega del poder a la banda morenista.
Lo que pudo haber sido decisión con su consenso, ahora ha pasado a la disidencia. El riesgo es que si se impone su propia visión, haya una escisión, si no formal, al menos expresada en una huelga de brazos caídos y votos ausentes.
Los panistas estuvieron durante mucho tiempo orgullosos de su raigambre ciudadana; sus convenciones electorales eran extraordinariamente buenas y democráticas, si las ubicamos en el contexto de la limitada democracia que hay en el país en general.
Recuerdo, por ejemplo, la convención de 1998 para decidir candidato a suceder a Francisco Barrio Terrazas, cuando se perfilaron varias candidaturas, obviamente la que correspondía a la visión del entonces gobernador, y otras que se movían desde fuera de ese ámbito. Por ejemplo, el viejo grupo terracista discrepó de Eduardo Romero Ramos, que era el candidato de palacio, y optó por un miembro de su propia familia, Enrique Terrazas Torres. Pero ni el prospecto gubernamental ni el del fuerte grupo económico se salieron con la suya. Así fue como emergió, desde las bases, la candidatura de Ramón Galindo, que a la postre fracasó, cuando menos por dos razones que están a la vista: mala candidatura y huelga de brazos cruzados.
Muchas aguas han pasado por debajo del puente desde aquel legendario año en que el PRI se restauró en la figura corrupta y corruptora de Patricio Martínez García. En las décadas que han transcurrido, y contra la lógica y aliento del panismo original, este partido se convirtió en una agencia más de grupos facciosos, y particularmente en apéndice del poder; y el ciudadano que lo vio como una esperanza (recuerden el Verano Caliente de 1986) pasó a ser un cero a la izquierda, pero tiene recuerdos de ese pasado que aún considera venturosos.
En la coyuntura, el PAN de Chihuahua tiene una plaza fuerte en el municipio donde tiene asiento la capital del estado. Es su gran almacén de votos y aparte es la segunda ciudad más grande de la entidad, y está en riesgo de que este partido la conserve, precisamente porque al haber asumido el liderazgo Maru Campos, simple y llanamente no ha dado el ancho que las circunstancias imponen.
La gobernadora de Chihuahua está a unos pasos de convertirse en la sepulturera del PAN. Y vaya paradoja, porque está poniendo la cuota que Javier Corral dejó sin saldar.
De las dos candidaturas fuertes al cargo municipal, a resumidas cuentas una aduce una especie de legitimidad de origen y exhibe un currículum que se extiende a varios años de militancia, siempre apalancada en la nómina y en los negocios que prodiga estar en una posición de poder.
La otra, personalmente originada en el PRI, no tiene biografía en el PAN, pero habría que pensar que eso ya no vale, porque es tan afín a la derecha que no hay frontera indeleble que la borre.
Los panistas de cepa, y creo que son viejos cargados de nostalgia, siguen pensando en militar en un partido que dejó de existir hace mucho tiempo. Pero es un partido que ahora Maru Campos con destreza panteonera está aniquilando.
En pocas palabras, hay disputa, pero es de esas por las que no vale la pena inmolarse.


