EUA vs Irán: ¿Quién ganó la guerra?
La política y la guerra a final de cuentas se hermanan en la realidad. En ambas encontraremos el afán de dominar y someter al otro, al adversario. Es una historia ancestral con muchas y extraordinarias crónicas.
Viene al caso recordar la frase consagrada de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, acuñada por el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, que influyó en no pocos e importantes líderes del siglo XX y cuyo peso actual aún se deja sentir cuando se habla de este tema.
Estos párrafos dan entrada a una reflexión sobre lo que sucede con las guerras de estos días en varias partes del mundo. Las hay arteras, como la que realiza el estado de Israel contra los inermes palestinos de la Franja de Gaza. Ahí la política es de expansión y exterminio, incluso traicionando lo que el mismo pueblo judío padeció durante la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio nazi.
Hoy en el planeta hay varias guerras, algunas están en las primeras planas de los periódicos; otras deliberadamente están ocultas porque no están en el interés geopolítico de las potencias mundiales. Las más notables de estas guerras son las que inició la Rusia de Putin contra Ucrania, antigua república de la Unión Soviética; la otra es la que comenzó Donald Trump contra Irán y que se ha librado sin que un solo soldado norteamericano o aliado haya pisado ese territorio.
Conforme al derecho internacional tradicional que se fue generando en Europa a la hora del inicio de la modernidad capitalista, la guerra debía ajustarse a cánones jurídicos claramente establecidos: declaración formal de guerra de un estado contra otro; firma de rendición cuando aparecía la derrota; también el derecho penal se hizo presente y no cualquier violencia era legítima en un estado de guerra, por eso se habló de crímenes de guerra, e incluso con la posibilidad de ser juzgados por cortes internacionales.
De todo esto hablan los Tratados de Ginebra, sus convenios y protocolos con los que se salvaguardan, por poner algunos ejemplos, a la población civil en las zonas de conflicto, a los presos, a heridos y enfermos, a hospitales y ambulancias y personal médico y enfermería. De esta reseña se desprende que las violaciones a estos convenios son más que evidentes en los conflictos de Ucrania e Irán, que se agravan cuando se introduce el muy elástico término de “terrorismo” para legitimar cualquier intervención militar.
Otra de las reglas, verdaderos ceremoniales, son las rendiciones, cuando se rodean de todas las formalidades que hacen indubitable determinar quién ganó y quién perdió.
Esto no está presente en el conflicto de Ucrania y tampoco en el de Irán. En particular, en este último no se sabe a ciencia cierta si ganó o perdió. Mucho se dice, y tiende a ser la opinión dominante, que Donald Trump fracasó, y a la vez fracasaron las instituciones norteamericanas porque ni siquiera el Congreso de la Unión de ese país decretó la guerra, sino que fue una decisión netamente presidencial, reprochado incluso por congresistas que se negaron a seguir financiando el conflicto, entre ellos políticos del mismísimo partido republicano que cuestionaron a Trump, quien a su vez los calificó de traidores.
Lo que parece es que no hay una derrota militar de Irán en los términos del clásico Clausewitz, porque es obvio que no se logró mermar de manera contundente la fuerza de Irán, y muchos menos al gobierno de los ayatolás, lo que priva de la posibilidad de hablar de una derrota en toda la línea. Hace evidencia en favor de esto el malestar expresado por el genocida Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
Trump cayó en la aceptación popular norteamericana por este conflicto. El riesgo que ahora se está corriendo es qué prioridades están en su cabeza, y ahí hay dos países que están en la lista: Cuba y México. Nuestro país por el problema del narcotráfico, y la isla caribeña por motivos político-ideológicos.
Quisiéramos que el mundo fuera de certidumbres aunque fuera tratándose de las calamidades de la guerra. Pero hoy no es fácil determinar hacia dónde se ha inclinado la balanza del triunfo, y pienso que Trump, a lo sumo, obtuvo una victoria pírrica.


