Columna

En el PAN, a cada quien su César

El PAN de Chihuahua está juntando las piedras que le quedan. Andan en busca de personajes pero sus bodegas están vacías. Pretenden reconciliarse para acrecentar el muy escaso círculo que rodea a la gobernadora María Eugenia Campos, envuelta en una burbuja y autoconcibiéndose como la abeja reina de la colmena. 

A contrapelo de estas tareas, obvias en la antesala de un proceso electoral complejo, no deja a su partido que procese adecuadamente las decisiones; a decir de ella, tiene una “galopada” en juego por la candidatura al gobierno del estado que ella misma prohijó, causándole más problemas a su partido que ventajas. 

Lo dijo enfática, “todavía hay reina”, y no pierde la oportunidad de cabronear a los suyos. Ahora sí, que cada quien sus líderes.

En el marco de esos acercamientos apareció César Jáuregui Robles, apodado “el bueno”, quien fuera secretario general de Gobierno de Javier Corral, sustituido por Luis Fernando Mesta Soulé, un mediocre político que no tiene más mérito que ser de la ultraderecha empresarial, y en esta actividad, en decadencia.

Jáuregui Robles disertó en una reunión con panistas el pasado fin de semana sobre “el arte de gobernar”, que sin duda alguna no se puso en práctica cuando acompañó al deplorable ejercicio que mostró Javier Corral durante su quinquenio. 

Como toda abstracta conferencia, es obvio que se insinuó que el biengobernar  genera votos y confirma triunfos electorales y nuevos mandatos. No creo que haya dicho que malgobernar conduzca a esos puertos. 

Después del gobierno de Francisco Barrio, quien llegó a la gubernatura sin una experiencia anterior de complejidad estatal, la calidad de los que vinieron después ha dejado mucho que desear, trátese de alcaldías o propiamente del gobierno del estado; con lo que quiero decir que ni Javier Corral ni María Eugenia Campos han demostrado sus dotes en el arte del que disertó en estos días Jáuregui “el bueno”, y que a lo que se ve, no pudo demostrarlo cuando él fue segundo de a abordo con el ahora morenista Corral Jurado. El fracaso del quinquenio desmentiría el sentido de las palabras del conferencista, y los hechos abonan en ese sentido.

A la conferencia acudió su tocayo César Jáuregui Moreno, “el malo”, quien aprovechó la ocasión para mostrar esa acumulación panista de piedras y exhibir que hay heridas aparentemente cerradas, pues no cabe duda de que la pugna Corral-Maru tiene una historia más que larga de odio acendrado incorregible, y César “el bueno”, sabe mucho al respecto. Quizás de ahí documentó parte de su discurso. No lo sé de cierto, pero al menos le reconozco que se bajó a tiempo del barco.

Pero tratándose del PAN, estas son más que apariencias. Sus filias religiosas los dotan de una hipocresía a prueba de verdades y hechos consumados. Esto no impidió los abrazos entre los Césares, y mucho menos que “el malo” quisiera acuñar un término, vano y efímero, bajo el concepto de “homonimato político”, con lo cual, de contrabando, quisieron decir que lo bueno de uno suele endilgársele al otro, y viceversa. Al menos uno juega con maestría el dominó y el ajedrez. Y el otro quiere parir una candidatura, pero es probable que lo haga mediante riesgosa cesárea. Pero en realidad están tablas.

Lo que no se dijo, porque tiene malignidad, es que les falta el otro César. Pero ese mora en el altiplano.