Morir por el deber, ¿o heriditas leves?
Como lo han dicho no pocos pensadores, el grave sentido del deber ha pasado a la historia. Ya nadie está pensando, como en el pasado, en inmolarse por acatar algún imperativo categórico, e incluso “sacrificarse” a algo por los demás. El tan llevado y traído amor al prójimo parece que desapareció del mapa de la moral.
Muchos hechos lo confirman, aunque esto suele ser cíclico y con optimismo podremos esperar al renacimiento de la solidaridad humana que, a decir del físico David Gross, tiene muy pocas posibilidades de preservarse. Según él, nos restan alrededor de 50 años de vida.
Esto me llevó a pensar en la situación cubana y preguntarme si la solidaridad es tal que el dilema de “patria o muerte” sigue teniendo la vigencia de hace sesenta años; y para salir de dudas –cosa que resultó imposible– recordé una página de la obra Réquiem habanero por Fidel del escritor canario J. J. Armas Marcelo, concretamente este diálogo:
—¡Coooñoo, papi, tú aquí —me dijo—, qué suerte. Patria o muerte, patria o muerte. ¿Y por qué no patria y heriditas leves?


