Columna

Los ‘charros’ nunca se han ido

Por estos días circula, en lo que algunos todavía suelen llamar “corrillos” de la opinión pública, una premisa en el sentido de que podría estarse cocinando una especie de retorno de los “charros” sindicales dentro la política nacional, más concretamente en MORENA, y en la construcción de una ruta para convertirse en la nueva hegemonía del país.

Es seguro y justificado que en función de este último argumento se analice ahora que los líderes sindicales que no gozan de buena reputación estén operando para influir cada vez más en el partido en el poder y en sus agentes representativos que toman a diario las decisiones en los núcleos centrales de la agenda pública.

Cada marcha convocada por MORENA y la presidenta al Zócalo es la oportunidad para corroborar esta hipótesis. En el acarreo masivo, que ya no provoca ningún recato entre la “izquierda” que hoy cobra en la nómina del Estado, se nota el corporativismo que tanto se combatió antes del 2018, y las fracciones sindicales ciertamente muestran su músculo con el sello de sus propias organizaciones.

Pero, contrario a lo que piensan algunos, me parece que este comportamiento goza de cabal salud en la era que prometió una nueva transformación y que se asume “diferente” respecto del pasado “neoliberal y prianista”. Es decir, sostengo que en realidad estos “charros” sindicales nunca se han ido. Y no creo tampoco, porque así lo muestran las evidencias, que López Obrador los haya desautorizado en su momento, arrebatándoles su intermediarismo entre las bases trabajadoras. Lo que hizo López Obrador fue acaparar –eso es lo suyo– la entrega directa de benefactores, como la entrega de pensiones a los adultos mayores, la máxima bandera manipuladora del nuevo régimen y aniquilar instituciones que le estorbaban.

Tampoco creo que Sheinbaum haya enfrentado ese modus operandi de los sindicatos, no sólo porque AMLO nunca los enfrentó, sino que los acogió; y también porque la presidenta ha sostenido, una y otra vez, que sigue el ejemplo de su mentor en el modo de gobernar. Mas aun porque, en general, la presencia de estos “charros” sindicales, sus métodos, sus alcances y sus triquiñuelas corporativas le rinden beneficios a la Cuatroté. Así de simple. 

No sólo todo lo anterior. Ahí están, para corroborarlo, los cargos de primer nivel que MORENA les han concedido a los nuevos líderes sindicales como Napoleón Gómez Urrutia o Pedro Haces, este último dirigente de la CATEM, a quien ahora, como a otros dirigentes de la Cuatroté, se le relaciona con el crimen organizado.

Ni la presidenta, ni la Cuatroté, ni los “charros” sindicales caminan por vías alternas. En su proyecto de “consolidarse” en el poder van juntos y, en ocasiones, hasta revueltos.

Los “charros” que surgieron al calor de la hegemonía priista que se enquistó en el poder a lo largo de siete décadas en México sólo han cambiado de rostro, pero siempre han estado ahí. Nunca se han ido.