Con la caía de Gertz, el nefasto presidencialismo engorda
Ríos de tinta han corrido con el escándalo Gertz Manero. Es simétrico al poco o nulo respeto que se tiene por el funcionamiento de las instituciones del Estado. En no pocas ocasiones he dicho que una de las críticas más pertinaces que se han hecho a lo que se llamó el sistema político mexicano y que hoy de nuevo las vemos reescenificadas, es que las grandes y más importantes decisiones se toman en agencias informales para luego darles un barniz de legalidad o apego a la Constitución.
Las elecciones del pasado eran un claro ejemplo de esto: cuando el PRI nombraba a su candidato a la Presidencia de la república, ya había había presidente de la república. Las leyes, la Constitución, las elecciones mismas habían terminado porque ya había presidente en el momento mismo del destape.
Uno ya no sabe si agradecer que las más sucias maniobras las hagan con apariencia de formalidades o que miserablemente se abandonen las mismas para exhibir las nuevas formas de gobernar. Estas, entre otras notas, están presentes en el procesamiento que se dio para deponer a Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República. Si algo hubo en esto fue brocha gorda. La presidenta se despreocupó de los pinceles de un solo pelo.
La renuncia debió ser por causa grave y calificada por el Senado, pero el señor Gertz no renunció, sino que se retiró; y el circo del Senado no abordó su competencia realmente. Se habla de que la carta de retiro hasta es falsa. Hubo el mercadeo de ofrecer una embajada en un “país amigo”, pasando por alto que el anuncio de esto debió estar a cargo de la cancillería por la cual fungió como vocero el propio defenestrado.
El capítulo final desembocó en el nombramiento de una fiscal carnala, puesta exprofeso en un cargo para ocupar, por ministerio de ley –vaya terminajo–, la vacante a todas luces forzada.
Si regresara del más allá Victoriano Huerta, envidiaría estas maniobras, porque el se hizo de la Presidencia en menos de 50 minutos, tiempo suficiente en el que asesinó a Madero y Pino Suárez, para que asumiera Pedro Lascuráin, por ser el canciller, que a su vez nombró canciller a Huerta, luego se retiró para asumiera finalmente el criminal usurpador. Aquí, con todo y el doble asesinato, se pretendieron cuidar las formas, defraudándolas; ahora ni las formas se cuidaron, porque cínicamente se les desprecia para ostentar un poder tiránico.
La historia de Gertz Manero es más que aleccionadora: inició en la nefasta PGR cuando colaboraba con gobiernos priistas en la famosa Operación Cóndor. Después se ganó una apariencia de respetabilidad y gobiernos del PRD, del PRI, del PAN y ahora de MORENA lo encumbraron, creando al engendro que fue la FGR, caracterizada por sus fracasos, sus omisiones y sus caprichos, lo que lo llevaron a emplear a la institución en beneficio propio en asuntos familiares.
Pero era intocable, y lejos de someterlo a un proceso de rendición de cuentas para responsabilizarlo por sus faltas, se dice que se le va a premiar con una embajada para que debute como diplomático nada menos que a sus 86 años. Pero qué se podía esperar si uno de los operadores de esas truculencias fue el delincuente Adán Augusto López Hernández, que con su fuero como senador se defiende de que lo barran de la política.
Todo este escándalo se vende ahora con el señuelo de que habrá coordinación entre el bombón Omar Harfuch y la plagiaria Ernestina Godoy. Esto significa uso político de una fiscalía que debiera ser autónoma pero que ya es parte de un presidencialismo que ha engordado desmesuradamente, a grado tal que se comparte con Palenque.
Cuando uno se topa con circunstancias como las que aquí se comentan, no tiene menos que recordar los procederes de la nomenklatura soviética y sus luchas de poder internas. Ahí no había reglas, todo se valía, la selva era poca, asesinar tampoco porque el poder es el poder. Incluso para designar al nuevo dueño de un cargo esencial que había muerto, lo congelaban el tiempo suficiente para ponerse de acuerdo y todos asistir lagrimosos y puntuales al funeral del camarada caído. En este caso al menos Gertz se salvó del congelador.


