¡Somos ricos! Ya tenemos seis divisionarios más
Sabemos cuándo los ascienden, pero nunca cuando los someten a un proceso de degradación. Así sucede en México con las promociones que la Presidencia de la república eleva o premia a los militares, otorgándoles rangos superiores o condecoraciones.
Hoy sabemos que tenemos seis generales divisionarios más, con sus águilas y tres estrellas adosadas al uniforme. Si lo merecen o no, es cosa que ignoramos prácticamente todos los mexicanos. Esto pasa y nadie dice nada de fondo, como pasó con el privilegio que le otorgó AMLO al general Salvador Cienfuegos, detenido en los Estados Unidos por sus conexiones con el narco, devuelto a México pero jamás juzgado en nuestro país.
Cienfuegos fue secretario de la Defensa Nacional con el bendecido Enrique Peña Nieto, quien no es cliente frecuente en las mañaneras, de manera más que explicable por el pacto transicional mediante el cual se entregó el poder al hombre de Macuspana.
Los militares mexicanos gozan de un prestigio inmerecido, tienen en su haber crímenes graves e impunes. Parece que son los intocables que esperan el poder absoluto en breve tiempo.
Aquí en Chihuahua tienen un pendiente: el general Felipe de Jesús Espitia, comandante en jefe durante la “guerra” calderonista contra el narco, hizo y deshizo y nada le pasó. En alguna parte está escondido.
Si esto fuera un chiste del soldado Chiricuto, pasaría. Pero en esta historia hay dolor, sangre y violación constitucional.


