Columna

Ricarda Huch, mujer grandiosa, con fuerza, espíritu y valor

Rüdiger Safranski en su obra Ser único nos da importante noticia de la valía de Ricarda Huch, sin duda una gran mujer nacida en Alemania en 1864 y fallecida un 17 de noviembre de 1947. Gran novelista, periodista e intelectual que se codeó con los personajes más destacados de su tiempo. Max Webber en 1924 la calificó no sólo como la primera mujer de Alemania, sino de Europa. Creo que no exageró. 

Safranski expone las líneas generales de su pensamiento y acción, sin reservar la propia vida de la pensadora alemana, quien se vió envuelta en depresiones causadas por relaciones que entrañaban la disputa de amoríos con el esposo de su hermana. Relevante en la vida personal, en realidad esto es lo menos importante en su legado.

Ella escribió obras tan valiosas como La fe de Lutero (1916), pero sobre todo Despersonalización (1921); esta última en la que más ahonda Safranski para ir exponiendo sus ideas en torno al individualismo y a la singularidad personal.

En el dilema de si Marx o Bakunin, se decantó por su gran simpatía por el seductor anarquista ruso, lo que en su tiempo tenía tintes de rebeldía y hasta de apostasía. Recordemos que eran los tiempos en los que el marxismo emergía de la mano de la exitosa Revolución rusa de 1917. 

Estas breves notas lo que pretenden realmente es dar a conocer el talento, valentía y decisión que tuvo como académica ante las amenazas y reconvenciones del poder de Adolfo Hitler, una vez instalado en Alemania. Ella se mantuvo firme en sus decisiones, arrostrando todos los peligros que ello entrañaban frente a los matones nazis. 

En una ocasión se opuso a la destitución de un notable maestro por una orden del ministerio nazi de la cultura. Fue la única que se manifestó. Y ella le comunicó al presidente de su academia, luego de que este le exigió una lealtad al régimen, lo siguiente: “Pongo en duda (…) su competencia para plantearle una pregunta de tan imprevisibles consecuencias y, por tanto, me niego a responderle (…). Desde que estoy en la academia he defendido siempre con insistencia que en la elección de miembros no ha de ser decisiva otra cosa que sus méritos artísticos y la importancia de su personalidad. A esto me atendré también en el futuro”. 

La respuesta final fue que Ricarda Huch “consideró imposible permanecer en una academia estatal”. En otras palabras, ella no se plegó a las órdenes del nuevo régimen.

Le tocó, además, en la posguerra, padecer el poder soviético. Después logró huir a Alemania occidental, donde muere a los 83 años. 

El autor Alfred Döblin, el autor de  Berlín, Alexanderplatz escribió sobre ella lo siguiente: “Me llega el sonido de una sola voz, la voz de Ricarda Huch, una mujer grandiosa, con fuerza, espíritu y valor; no veréis nunca una persona igual”.

De esa estatura necesitamos muchas más en México.