Columna

Lozoya anda (h)errado

Cuando los equinos bajaron del Arca de Noé, Jehová les advirtió que serían montados por los hombres para su desplazamiento. Por lo que sabemos, durante siglos (bíblicos, por supuesto) corrieron libres por las llanuras sin que nadie los perturbara, y resistieron la orden divina porque luego los hombres quisieron amaestrarlos, dada su rebelde entereza.

Aquí en la plaza pública hemos sido testigos de cómo los equinos aún se resisten, por muy calmados que sean, como el frisón, de origen holandés y uno de los más caros del mundo, que sólo un diputado como Alfredo el Caballo Lozoya puede costearse.

Pues ahí mismo, el equino que montaba al frisón fue derribado porque este no traía herraduras de hule. La duda que nos está matando es si el caballo diputado andaba errado o herrado.

La estampa que nos dejaron los caballos nos demuestra que no siempre la búsqueda insaciable de originalidad, en este caso para un elemental informe de actividades, da resultados.