duarte-tenis-24dic2014

Hace ya cerca de dos siglos, un poeta alemán, Holderlin, dijo: <<Lo que ha hecho siempre del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él un paraíso>>. Certera sentencia.

Nuestra historia registra a innumerables “buscadores” de ese paraíso. ¿Buscadores? Qué digo: verdaderos practicantes, usuarios voraces de su acceso al edificio estatal. Tienen muchas y variadas mañas para sacarle jugo a su permanencia en los puestos públicos. De las prácticas más usuales tenemos: pedir el famoso 10 por ciento de comisión privada por otorgamiento de contratos de obra pública o de adquisiciones por el gobierno (medicamentos para las áreas de salud, por ejemplo); compra de terrenos en áreas cercanas a donde se construirán obras de infraestructura; hacer favores diversos a cambio de gratificaciones o incluso participación como socio en el negocio favorecido; uso de cómodos prestanombres para acrecentar el patrimonio personal, etcétera.

Hay formas y maneras ingeniosas. Pero quien se voló la barda fue el cacique mayor, César Duarte: nada más hay que echarle un ojo al tema del Banco Unión Progreso. Se confirma aquí la vieja afirmación de un general de la antigua Bizancio (hoy Estambul) allá por el siglo XII cuando decía: “A un pez se le captura con cebo, pero a la mayoría de los hombres se les atrapa con regalos y el amarillo del oro”. No cabe duda, César Duarte es un hombre muy afín a las mayorías.