Columna

El mundo es ancho y ajeno

Entre China y los Estados Unidos ha quedado, en buena medida, la economía mexicana. No es el único escollo. Estamos en un país endeudado, sin reforma fiscal y que no crece, amén de otros graves problemas.

El proteccionismo –el cierre de fronteras– en el mundo actual se antoja más que imposible, y México se está inclinando en marcar esa vía en contra del gigante asiático, no sin grandes problemas para nosotros.

El discurso “soberanista” de la presidenta es eminentemente retórico. Cede a las presiones de Trump, como sucedió con la política en materia de líneas aéreas y aeropuertos; y con China está sucediendo lo mismo, lo cual puede repercutir en varias esferas de la economía que nos une a ese país, el cual lejos está de ser el que únicamente vende aquí baratijas que más tardan en comprarse que en ser inútiles y convertirse en basura.

China es una gran potencia y tenderá a serlo más, de tal manera que se debe tener una política más inteligente para tratarla por el simple rechazo. Nuestra política comercial, y al final económica en el mundo, deber ser más estratégica y multilateral. Brasil lo está haciendo, ¿por qué nosotros no vamos a poder?

Cierto, está la vecindad limítrofe, pero esa no podemos cambiarla y tenderá a ser más delicada si el belicismo en el Caribe y Venezuela reina y gobierna en Washington.

Esta historia se escribe hoy tras bambalinas y la sabremos con todas sus consecuencias durante 2026, mientras que, como dijo el notable Ciro Alegría, el mundo es ancho y ajeno.