Chihuahua: una tarea difícil
Las elecciones para la gubernatura de Chihuahua en 2027 ya nos las echaron encima. La totalidad de los partidos y sus aspirantes no han dicho hasta ahora para qué quieren alcanzar la titularidad del Poder Ejecutivo. No hay programas definidos ni la voluntad de que los haya. No les importa. Mucho menos han hablado de cómo pretenden ejercer el poder en una entidad que ya va por más de tres décadas de pugnas estériles que han redundado en un hastío por la democracia.
Si en alguna ocasión la pobreza del discurso político ha estado presente, es en esta. Pareciera que los partidos políticos han dejado de ser entes de interés público –si alguna vez lo fueron a buen nivel– para convertirse en simples plataformas de postulación a partir de bochornosas campañas anticipadas, sustentadas en la imagen acicalada de los aspirantes.
Hoy la democracia no está presente, ni siquiera en sus mínimas requisitorias. A la crisis de los partidos políticos ha sobrevenido la idea de que la expansión hegemónica del oficialismo es una ruta que habrá de coronarse por su éxito, sustituyendo al gobierno actual que ha naufragado en rencillas, corrupción y creciente inseguridad, tanto en la ciudad como en el medio rural.
A las organizaciones empresariales, por no decir el capitalismo aquí existente, les importa muy poco el destino del estado de Chihuahua; para ellas la simple posibilidad de contemporizar con el poder –del signo que sea– es una vía regia en la medida en que sus negocios y el contratismo queden debidamente sellados y garantizados. El mundo para ellas va bien si sus negocios florecen, si sus ganancias, acciones y cuentas bancarias continúan engrosándose.
Las iglesias, no obstante la distancia que ha de existir por la separación constitucional vigente, mantienen la misma dinámica e influencia inane y se conforman con prevalecer, aunque las lecciones del Evangelio digan otra cosa y queden al margen. En paralelo, las universidades se mantienen ausentes de la vida real, y han renunciado, en los hechos, a jugar un papel crítico y autogestivo.
La generación del feminismo insurgente de hace dos décadas se preocupa hoy más por sus relaciones con el poder que con la doliente causa de las mujeres. En buena hora el espontaneísmo ha salido a las calles en tres marchas históricas en los últimos años, anunciando que no todo está perdido.
Las instituciones electorales están postradas y los intereses mezquinos de los aspirantes al poder prácticamente están tutelados por su omisión, cuando no patrocinados facciosamente desde el poder.
Por otra parte, y como la realidad no pide permiso, la crisis que viene no está bajo la mirada de quienes pretenden el poder sin decirnos para qué. La sequía y la carencia de agua tenderá a crecer. La destrucción del bosque es atroz y ahora tiene de enemigo al crimen organizado que lo depreda. No hay preocupaciones ni acciones serias en torno al cuidado del medio ambiente. La industria maquiladora de exportación, con todas sus cadenas de suministro, están a merced del discurso del déspota Donald Trump, y la importancia de las relaciones comerciales que se han pactado con el T-MEC son inciertas y están amenazadas por la errática política de Washington, y eso tiene importancia relativa en un estado fronterizo como el nuestro.
La economía del país, y por ende la de Chihuahua, no va bien. El salario no alcanza. La inflación tiende a crecer y la carestía de la vida amenaza, como siempre, a los que menos tienen. El país está estancado y el PIB no crece, y eso repercute en la fiscalidad del Estado, sin que propósito de reforma alguna. El gobierno de la república reparte dinero que luego se lo expropia el comercio, y la salubridad en la república ha hecho crisis hasta en aquellos aspectos en los que los problemas y epidemias potenciales estaban bien manejados y resueltos a buen rango.
Los medios de comunicación están vendidos y se han convertido en la voz del Estado. La denuncia de la corrupción se hace con fines utilitarios, no de justicia. La Comisión Estatal de los Derechos Humanos es una oficina más del Ejecutivo. La inseguridad ha crecido exponencialmente y con nuevas zonas de extraterritorialidad, mientras en las cárceles hay autogobierno.
Este es un simple racimo de problemas y de hechos. Ni pretendo agotarlos todos y mucho menos ofrecer soluciones que correspondan al concurso de infinidad de actores, colectivos e instituciones.
Frente a esto los que no están de acuerdo con el PAN y sus aliados, ni con MORENA y sus aliados, se levanta la pregunta: ¿¡Qué hacer!? Una opción, y parece que es la que más le gusta a los poderosos y autoritarios de los oficialísimos que aquí se bifurcan, es que todo lo veamos desde la banqueta y sin participar, vía que no conduce sino a la indolencia, al exceso y abuso del poder y el inmovilismo, en el cual, cómodamente, se ubican quienes están en la esfera del poder público para hacer y deshacer sin rendir cuentas a nadie.
La otra es decidirse a actuar, tener el coraje de levantarse ante esta situación difícil, como la que pinta la coyuntura actual.
No será la primera vez que los chihuahuenses se coloquen frente a un escenario de esta naturaleza. Para mí, el diseño de una tarea de esta dimensión, y por sus repercusiones al resto de la república, ha de partir del propósito de contener a MORENA en el estado de Chihuahua, impedirle el paso al poder, y enfáticamente advertir que tampoco la continuidad de lo que tenemos ahora con el PAN y sus aliados es solución alguna. Porque este representa, en la persona de Marco Bonilla, la expresión de la más rancia ultraderecha y dependencia del grupo cementero más importante de Chihuahua.
Quizá suene a retórica decir que es una hora en que los ciudadanos deben despertar, pues el estado de Chihuahua no puede estar a merced de que se le imponga a un Cruz Pérez Cuéllar, corrupto político carente de una propuesta confiable para Chihuahua.
Por otra parte, la asunción de Andrea Chávez pondría a Chihuahua en la nunca aceptada dependencia de los poderes públicos locales al servicio de grupos externos, particularmente el tabasqueño, encabezado por el otro corrupto, Adán Augusto López Hernández. Ofrece la senadora ser un “relevo generacional”, pero en esencia lo que muestra es el aprendizaje del más ruin estilo priista de hacer política y la impunidad con que lo hace.
No necesitan decírmelo. Sí, es una tarea difícil. Pero no imposible.


