duarte-vazquez24feb2014

Crece el escándalo al interior del Poder Judicial del Estado y en especial en el escenario del Supremo Tribunal de Justicia. Un dato que sobresale es emplear a la Auditoría Superior del Estado como ariete para presionar decisiones de una o dos bandas, si hablamos en términos billarescos. Claro que en términos jurídico-formales, todo poder debe ser auditado para que haya una efectiva rendición de cuentas y auditar de ninguna manera significa violentar la división de poderes, como para pensar que nadie puede franquear las puertas de ese poder porque se le estaría agrediendo. En realidad, cuando se audita para buscar fin diverso es cuando se afecta la Constitución en esta materia. Duarte Jáquez ha enviado a las huestes de su parralense-auditor a la deleznable tarea de ejercer chantajes para lograr sus propios fines.

Pero no únicamente. También a través de un miembro del Poder Judicial les hace llegar a los magistrados el intimidante mensaje de que “el gobernador está molesto con lo que sucede en el tribunal, muy molesto”, y luego da la fórmula para componerle su disgusto porque el señor necesita estar, al parecer, feliz. Duarte no quiere quitar el dedo del renglón de consumar un golpe de poder para imponer a José Miguel Salcido en la presidencia del Supremo Tribunal, jubilar a los jubilables como la mejor vía para imponer sus compadrazgos en diversas salas. Empieza a haber en el actual presidente Vázquez Quintero un obstáculo para su gobierno, pues no está diligente como en su tiempo dio sobradas muestras Javier Ramírez Benítez. Por eso está molesto el señor.

Cuando uno se entera de estas cosas no tiene menos que pensar hasta dónde han llegado los estilos caciquiles en Chihuahua. Ahora resulta que es su estado de ánimo el que hay que tomar en cuenta para que las instituciones funcionen bien a su miserable juicio. Cree Duarte que a través del miedo que se infunde dando a conocer sus enojos, rabietas, puede obtener lo que quiere. Es el lenguaje de un dictadorzuelo del corte de Somoza en la vieja Nicaragua, o de Trujillo en la Dominicana. Es como decir, “agárrense que el señor tuvo una mala noche, algo lo enoja”, y lo más vergonzoso es que en este caso todo esto venga envuelto en la deplorable picaresca de que un retrato suyo, el del puñito sobre el escritorio (que dicho sea de paso está para reírse) fue retirado de una oficina del propio tribunal. Qué intolerante, y nosotros que pensábamos que teníamos el monopolio de su ira con las creaciones realizadas aprovechando la plástica de Botero.

Pero aquí hay dos remedios, uno ballezano: que tome palo de cuasia, claro que como agua de uso. El otro, que Vázquez Quintero haga del lema “no te rajes” un imperativo republicano. Hay quienes piensan que no nacieron para eso, pero bueno sería que ya se imponga otra visión de las cosas.

 

La bella durmiente

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Ayer acompañé a mi nieta al Teatro de los Héroes a ver La bella durmiente, en estricto rigor no nada más para cumplir con un deber de abuelo, sino también porque me gusta esa historia. Nos llevamos una absoluta decepción: precios altos, tardanza para iniciar la función, pésima puesta en escena, desnaturalización absoluta de la obra, intermedio mercantilista para vender fotos y un absoluto desconocimiento de los promotores que, pensando que aquí se puede decir todo impunemente, le espetan al público ideas como esta: “la obra es de los hermanos Grimm, y después la retomó (Charles) Perrault”. Existiendo el pequeño detalle de que este último vivió casi un siglo antes que los primeros. Fue una especie de bodevil infantil y todo un abuso que el Teatro de los Héroes no certifique previamente la calidad de lo que ahí se presenta. En mis tiempos, que no son los de los hermanos Grimm, por cierto, en las carpas se hacían mejor las cosas.

 

Ramón Galindo: héroe azul redivivo

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Cuando la elección del presidente del Comité Directivo del PAN en Chihuahua haya pasado, gane quien gane, quizá Ramón Galindo tenga motivos suficientes para entender a plenitud que la buena retórica con la que fue presentado no crea virtudes hacia el futuro, y mucho menos hacia el pasado.