herrera-deuda120feb2014

Quítele usted las comillas, pero es eso exactamente lo que dijo ayer Jaime Herrera al desmentir a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en materia de deuda del estado de Chihuahua, cuyo monto lo estimó en el tercer lugar nacional. La pregunta continúa y se hace presente en todos los rincones del estado: ¿quién miente, Duarte o Videgaray? Ambos hablan de la deuda de Chihuahua, sus proposiciones para explicarla tienen el mismo referente y no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. Así lo dice la lógica cuando explica su principio de no contradicción. O se deben, para hablar en números cerrados, 41 mil millones de pesos, según afirma Videgaray, o se deben 19 mil millones, según el agrónomo Herrera; una proposición por verdadera excluye a la otra por falsa. Queremos saber cuál es, exigimos saber cuál es, tenemos derecho a saber cuál es. Ya basta de ejercicios sofísticos, de engañifas y de reuniones a puertas cerradas en el Congreso para explicar las cosas ante dóciles y desinformados diputados que luego, en la misma línea, tampoco informan nada a los que se supone sus representantes.

En todo esto hay un lenguaje deliberadamente críptico, oscuro e inentendible por el común de los ciudadanos. Terminajos aparentemente técnicos que sirven de ropaje para simular realidades que no existen. Por ejemplo, el día de hoy se publicó la página financiera del gobierno del estado de Chihuahua, que contiene los movimientos de ingresos y egresos correspondientes al periodo del 1º al 31 de enero, y en el rubro de los egresos se hace una división de deuda pública, concretamente Pago de intereses por 140 millones 689 mil pesos y, a la vez, en el rubro de Fideicomisos de certificados bursátiles, garantizados con el Impuesto Sobre Nómina (principal ingreso propio de Chihuahua) por la cantidad de 126 millones 641 mil pesos, lo que nos arroja un egreso total en este apartado de 267 millones 331 mil pesos (un altísimo 8.1 por ciento del total de lo que se egresa mensualmente). La clasificación –deuda y fideicomiso– pretende ser un bautismo mediante el cual mañosamente se le pone un nombre distinto a cada cosa para que todos pensemos que se habla de dos entes diferentes, pero en buen castellano eso se denomina como acción deber y como sustantivo deuda. Si no fuera así, ¿por qué se nos dice que son egresos?, pues si no fueran tales Chihuahua tendría, conforme a sus propios datos, 267 millones más de ingresos disponibles y líquidos para encarar la acción administrativa y de gobierno. Cualquier amo o ama de casa lo entiende.

Pero hay más: Chihuahua tiene una deuda quizá mayor porque el estado debe 6 mil millones de deuda de corto plazo, por la que paga también intereses, que es muy difícil detectar en la página financiera del gobierno porque la misma también es un instrumento de maquillaje, propia de la cosmetología política

La realidad es que están comprometidas las participaciones federales –una garantía leonina impuesta por los bancos, porque se trata de dinero en efectivo–, también están comprometidos los ingresos del Impuesto Sobre Nómina, y eso lo saben y lo ocultan, con la complicidad de los diputados, que no tienen tan siquiera el pudor de exigir comparecencias públicas del neófito secretario de Hacienda, cómplice de Duarte en los negocios prototípicos de la corrupción política. Pero hay más: Chihuahua tiene una deuda quizá mayor porque el estado debe 6 mil millones de deuda de corto plazo, por la que paga también intereses, que es muy difícil detectar en la página financiera del gobierno porque la misma también es un instrumento de maquillaje, propia de la cosmetología política. Esta deuda, junto con los despidos masivos, la subclasificación de los empleados a los diversos servicios de salud, nos hablan del desbarajuste que se vive en la hacienda pública chihuahuense.

Puestos a escoger a quién creer, yo admito los datos de Videgaray, aunque sólo fuera por la razón de que antes las versiones de Hacienda en esta materia se consideraban maniobras panistas de Calderón-Cordero; pero ahora el que habla es el propio compañero de partido, que sabe que si este barril sin fondo sigue creciendo, les va a estallar en las manos a ellos, que como gobierno federal tendrían que rescatar a Chihuahua de la quiebra en la que se encuentra y, como suele suceder, con dinero de los contribuyentes. No me queda duda, por último, de que a Jaime Herrera lo contrataron no por sus conocimientos en finanzas públicas –que no los tiene–, tampoco por su lealtad a Chihuahua pues en la mañana trabaja en Hacienda y en la tarde en Unión Progreso y por la noche hace negocios. Sus servicios son eminentemente cosmetológicos, de píntale acá, píntale allá. Si fuera carrocero su especialidad sería el bondo.