Claudia Sheinbaum: ‘el estilo es el hombre’, y la mujer también
Recordé ayer la vieja frase del conde de Buffon, “El estilo es el hombre mismo”, con la que quiso decir que el ser humano se proyecta a través de la escritura, la oralidad y la actuación, mediante las cuales se revela el carácter verdadero de las personas.
Cuando Buffon habló se daba por sentado que al decir “hombre” se incluía a la mujer. Ese lenguaje ya caducó y pertenece al pasado, por lo cual hoy obliga a complementarlo de manera incluyente.
En estos días la presidenta Claudia Sheinbaum hizo nombramientos en Pemex, y días antes anunció que se había filtrado el nombre del que seguramente será el nuevo embajador de México ante los Estados Unidos. Conviene ver el estilo con el que se actúa, y empezamos con esto último.
Para nadie es desconocido que el embajador de México en Washington es fundamental; las razones son obvias. Indebidamente, y en un trecho de tiempo largo, ese cargo lo viene ocupando el zedillista Esteban Moctezuma, que sin duda no ha rendido buenas cuentas.
El Ejecutivo, quien designa a los embajadores, lo ha mantenido en el cargo prácticamente dos años, a pesar de su mediocre desempeño, cuando lo correcto hubiera sido que al arranque de la administración se hubiera hecho la designación correspondiente. No fue así y prevaleció un estilo que denota indecisión y afecto por no mover las piezas cuando resulta necesario, como en este caso.
Luego, la presidenta, en una informal mañanera (estilo imperante de nuevo) dijo que se había “filtrado” el nombramiento del que será el futuro embajador; ni siquiera sabía cómo pronunciar su nombre. Pero después sus acompañantes en el evento le soplaron que sería Roberto Lazzeri Montaño, actual director de Nafin y Bancomext, y por ende carente de experiencia diplomática, sin que esto signifique negarle sus capacidades.
Pero habla mal, y mucho, de la presidenta, en primer lugar que se haya “filtrado” el nombre de un cargo tan importante; y luego que ni el nombre sepa pronunciar. Un estilo dañino para el país.
Y ayer, sentada en una mesa de Palacio Nacional, reunió a la titular de la Secretaría de Energía, Luz Elena González Escobar, cabeza de sector; al director de PEMEX, Víctor Rodríguez, y a su sucesor, Juan Carlos Carpio.
No obstante que la facultad de nombramientos que tiene la presidenta es una facultad prácticamente discrecional, tuvo que dar explicaciones del porqué hacía los cambios, y cuando todos pensaríamos que, dada la delicada situación de PEMEX ameritaba una decisión estratégica y sexenal, la presidenta dijo que nombró a Víctor Rodríguez “por un año y medio”, en mérito de ser su colega académico en Física, de la UNAM, para luego decir el nombre el que será el titular de la paraestatal en crisis.
Así, la presidenta se muestra dando explicaciones que denotan la improvisación. Nombrar a un funcionario para un cuarto de sexenio es una verdadera estulticia; poner al rival en el cargo, es otra más, y colocar de testigo a la secretaria de Energía, un aparente protocolo decorativo e innecesario.
Por eso digo que, citando a Buffon, el estilo es el hombre. Y la mujer también. En realidad, el estilo no tiene género.


