El “culto” Noroña
No es que quiera ocuparme de Gerardo Fernández Noroña, sino que accidentalmente noté por redes sociales que durante su estancia en la ciudad de Guanajuato se detuvo frente a la que fuera la casa de Lucas Alamán, personaje polifacético del siglo XIX mexicano que vivió en dos mundos: el colonial, del que atestiguó su derrumbe; y la primera fase de un país independiente que sufrió la tragedia de gobernantes del tipo de Antonio López de Santa Anna, del que fue sirviente intelectual y político. Sin duda es el fundador del conservadurismo católico que con matices llega hasta nuestros días.
Fernández Noroña dio noticia de esto, de pie frente al que fue hogar de Alamán, y dijo, palabras más, palabras menos, lo que apunté en el párrafo anterior, pero con un añadido: que aquel personaje había escrito una “historia de México en cinco tomos… que no iba a leer”.
Ese desprecio, salpicado de “erudición” que se presume por haber visto cinco tomos, lo pinta como un enemigo del conocimiento y al mismo tiempo como el fanático utilitarista que ha sido.
Es obvio que se puede discrepar de Alamán, pero sin reñir ni despreciar la inteligencia que entraña leer y estudiar su obra, llamativa sin más, para muchos investigadores de la historia de nuestro país.
En contraste con el rijoso senador, es de recordarse a José Revueltas –libre de toda sospecha de encuadrar en la derecha política– quien allá por el año de 1938 le comentaba a su amada Solveig (Olivia Peralta, con quien se casó):
“Principio a estudiar, no en la medida e intensidad que deseo, pero al fin ya inicié la jornada. Terminé de leer la vida de don Lucas Alamán. Estudiaré historia de México. Daré un repaso a la historia general de México. Voy a leerme a Orozco y Barra, Lucas Alamán y Pereyra”. (Revueltas, José. Las evocaciones requeridas. Obras Completas, Libro I del Tomo 25. Ed. Era. México, 1987).
Esta visión de Revueltas habla de la seriedad de un hombre de izquierda, abierto al mundo de la cultura y comprometido con el conocimiento de la realidad y la historia de su país, precisamente para cambiarlo, partiendo de su conocimiento profundo.
Pero qué mal hago trazando un paralelismo entre dos seres incomparables. Revueltas sí fue un revolucionario, no una vedette oportunista hecha para el sainete barato.


