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La élite panista se desgarra

La gobernadora Campos Galván y Corral Jurado han convertido al estado de Chihuahua en el cuadrilátero del pugilismo político. Los intereses generales de la sociedad están ausentes en esa contradicción. Ambos políticos son producto de un PAN en franco proceso de descomposición. Lo que ofrecieron durante varios lustros como una nueva forma de hacer política sobre principios éticos, ahora se presenta -consumando hechos a cada paso- como pugnaces redomados, pandilleros y con ínfulas de sicariato político. Lo que normalmente sería un pugna interpartidaria, la quieren endosar a todos en una franca política de adversarios con la que pretenden diseccionar dos territorios con marcadas y profundas fronteras: o estás de un lado o en el otro y no se admite ninguna otra resolución.

Que el talante personal está presente no hay duda y es irreductible, como si se involucraran dogmas o altos ideales. En la pugna de más de medio siglo entre PAN y PRI en Chihuahua era fácil encontrar una explicación y hasta justificación, los argumentos estaban, como en 1986, a la vista. Hoy no es el caso ni remotamente.

En el fondo es una reyerta por el poder, sin más ni más. Corral está en franca desventaja porque solo sabe hacer algo de política desde posiciones de gobierno -dietas, sueldos, recursos, asesores, fuero- y hoy nada de eso está en sus manos. Quiso ser diplomático -¡Por dios!- Para abrir una dilación y renacer más tarde en mejores condiciones. Se arrastró ante AMLO, con el que se suponía discrepaba de fondo y no cuidó eso que se llama derecho público en materia de requisitos para el servicio exterior. El conocimiento del derecho no ha sido su fuerte y no sopesó, como dijo Alexis de Tocqueville, que ”guardar silencio es el servicio más útil que un orador mediano puede prestar a la política…” Toda su vena permitió, a lo largo de los años, que en torrente drenara sus aspectos más débiles de personalidad: narcisismo, rencor, carencia para negociar y hacer de la política un arte, encerrarse en un círculo de inexpertos aduladores y, como el acostumbraba decir, tropezó con su propio manto que creyó imperial e incontrastable. Destruyó el bono con el que llegó -no muy grande por cierto, por el deslinde empresarial que lo marcó con la candidatura de José Luis Barraza que lo catalogó de “vaquetón”- y al dictado de su soberbia pensó que la ola anticorrupción a la que se montó lo iba a hornear como un rico pan para seducir a la república. Iluso. Traidor y desleal serían las notas que lo caracterizan.

Hay algo más: sabe ocultar verdades y hechos cuando afectan a su carrera. Una de esas verdades es que sabía a ciencia cierta la corrupción de Campos Galván y los vínculos delictivos que la ataban a César Duarte desde antes de las elecciones de 2016 y se mantuvo con la boca cerrada, abrir ese escándalo al inicio del derrumbe electoral del duartismo significaba su derrota en la búsqueda del quinquenio que luego malbarató.

En otras palabras, luchar a medias contra la corrupción, contemporizando con la hoy gobernadora y pensando que el poder que asumiría todo lo remediaría más adelante, pero sin hacer nada hasta el momento en que accionar significó dar crédito de víctima a la propia némesis que labró con sus manos y que terminó apabullándolo. Madero se quedó esperando en las gradas, pues la capa empresarial de la oligarquía local, temerosa de que Chihuahua fuera gobernada por Morena, terminó por sellar la contradicción. Estas son las líneas de la historia de un político hoy en desgracia. Ya solo le queda la esperanza de revivir más adelante. Lo que no es impensable en un país en descomposición como México, que explica el porqué Javier Corral se fabrica un nuevo traje partidario.

En la otra esquina la Campos Galván es la continuación del duartismo por otros medios. La decadencia partidaria formó un entente y ahora en la vida real cogobiernan en Chihuahua el PAN y el PRI con las excrecencias de un PRD que no vale nada. A eso llamo maruquismo y no hay que perder de vista el concepto.

La gobernadora tiene un mínimo rango de acción financiera, ya enajenó mas al estado con más deuda. Su administración muestra ineficiencia e ignorancia en el aparato hacendario y no se diga en el de seguridad. La división de poderes no existe, vamos corriendo a los niveles más bajunos en materia de comunicación e información a la sociedad, aceitando con dinero público a la prensa como ya lo sabe hacer por la experiencia municipal. Esa prensa casi convierte en rock star al vocero del preso de Miami. El Poder Judicial no termina de salir de lo que coloquialmente se llama “el cochinero”, ahora avalado por una presidenta a modo. El rector de la UACH es un peón en el tablero del gobierno. En pocas palabras, Maru ha instalado la picaresca de responsabilizar al pasado de toda culpa del desastre panista. Los que vienen atrás son los culpables de todo y Corral es el Malo. A eso le llaman que ahora sí hay PAN. Mucho ruido y nada de nueces, ni hoy ni mañana. Ahora los criminales de la corrupción cobran notoriedad, les dan audiencia y crédito. El PAN es “dirigido” por un botarga. Ha llegado el terrorismo a ciudad Juárez y la militarización de AMLO es recibida con beneplácito, como diciendo si así lo hizo Calderón es correcto, por tanto, que lo haga el tabasqueño presidente.

Hay todo un dispositivo puesto en marcha para santificar a la gobernadora y así rendirle culto a su personalidad al estilo de algunos gobernadores del pasado, que instalados en el poder se marean y se asumen como cabezas de un imperio. ¡Pamplinas! Y lo digo porque han recurrido a crear un demonio para mantener dividida a la sociedad. En la óptica maruquista Corral sí sirve para eso. Hay gatopardismo, se aparenta que todo cambie para que todo siga igual.

Encima de eso, dos cosas preocupantes: la administración actual para nada es neutral y se mueve a una señal todo el aparato para que aplaudan como focas y griten: ¡Todos contra Corral! Y la otra, ya se ven dos que andan en campaña para suceder a la gobernadora, pronto si se hace candidata o después cuando termine. No batallan para colocarse en esa tesitura Marco Bonilla -caramba doña Leonor como se te nota- y el legislador buzonero Mario Vázquez que si por él fuera colgaba de los dedos gordos al exgobernador Corral desde el balcón lateral del palacio de gobierno.

Para el ciudadano de a pie ¿vale la pena entrarle a este pleito? Tengo para mí que no. Pero síganle, que al final eso contribuirá a una sola meta: mantener encendido el reflector que alumbra a la Campos Galván con su complicidad con Duarte y a Corral como el renacido, ya en Morena (te sirvo adentro y afuera mi AMLO), ya en otro partido. Y aquí saber y comprender de algo a de servir.

Y es que a ambos nada más les pican y saltan, como ranas en su propio pantano.

21 de enero de 2022.

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