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El premio a Enrique Terrazas y la actitud de los colgados

El premio “Eugenio Garza Sada” 2020 se le otorgó al empresario chihuahuense Enrique Terrazas Torres. Como todo galardón, viene envuelto en el celofán de la retórica, se afirman conceptos que pueden resultar polémicos según los diversos puntos de vista y, desde luego, hay hipérbole al reseñar méritos y motivos del jurado que decide. Pienso que así es el Nobel y cualquier otro. 

Se trata de un premio endógeno que se da al interior de un círculo con grandes afinidades en materia política y económica; para nadie es desconocido esto. Terrazas Torres tiene los méritos suficientes, sobrados algunos, hay edad, la madurez que ésta supone, pensamiento ubicado de manera inequívoca hacia la derecha, linaje, de capital para qué hablamos, católico y la dosis de arrogancia que esto implica. Además tiene otro mérito: es de los empresarios que optó abiertamente por el PAN desde hace ya varias décadas, no se anduvo escondiendo como tantos otros. Estuvo en las insurgencias panistas en 1983 y 1986; en 1992 apoyó a Francisco Barrio y se catapultó, sin rubor alguno, al área de la administración encargada de la economía. Ahí lo traté y ambos supimos quién es quién. 

En 1998 fue precandidato del Partido Acción Nacional a la gubernatura del estado de Chihuahua. Hubiera sido el primer descendiente consanguíneo (bien sabemos que los hay de otra índole) del porfirista y latifundista Luis Terrazas, y cuando no se vio favorecido por la convención, no dudó en sumar sus votos a un candidato absolutamente desastroso como lo fue Ramón Galindo, incapaz del todo para ponerse al frente de ese partido y ganar la elección. Menos mal que para ellos todo quedó en familia: Patricio Martínez se convirtió en gobernador y los bailes aperturados con el vals Danubio Azul continuaron, como ha sido normal en la vida chihuahuense. 

¿Me da gusto la distinción? Porqué no. Lo que si me mueve a crítica es que una fila de panistas lo ha vitoreado, no porque crean sinceramente en los méritos, al menos no piensan en eso, sino que tras esas felicitaciones públicas en desplegados costosos pasan lista de presentes los aspirantes a cargos públicos de elección popular en tono de “te queremos para padrino, porque sabemos de cierto de que tus financiamientos son generosos y los necesitamos”, y subrayan lo que los buenos lectores ven: los contratos vendrán después con mucho cemento, mucha varilla y algo de Impertex. Todo, absolutamente todo, es política el día de hoy, así lo muestran las firmas de los colgados María Eugenia Campos, Roberto Lara y Amín Anchondo, entre otros que escapan por el momento a mi memoria, y no es mi deseo hacer una consulta precisa.

Categorías:   Columna

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