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Son mordelones y les dan carnada

La última vez que pretendió morderme un agente de vialidad, al abrirle la ventanilla me rayó el vidrio, tal es el filo de sus colmillos. Padecemos una Policía Vial abusona que se dedica a medrar con base en el catálogo de multas autorizadas. Este malestar es del dominio público, y también la idea, cada vez más arraigada, de que el gobierno no sabe de otra que no sea exaccionar a la población, fijarle multas, cobrar caros sus servicios y todo ello, en conjunto, prodigar la corrupción gris y blanca que tanto golpea a las sociedades por ser el pan de todos los días.

Ahora, con motivo de la contingencia sanitaria, se estableció una nueva multa poniendo como hipótesis del gravamen el que viajen más de dos personas en un vehículo. La multa es sustancial pues rebasa los 500 pesos, y en algunos casos hasta 1 mil 500, que ya los quisieran muchos para resolver los problemas del día al día. 

Corral podrá decir lo que quiera, oficiar una misa si quiere, pero el afán recaudatorio es evidente. Hay otras soluciones, pero esas no están en el diccionario de su gobierno, por ejemplo, ponerle al infractor una tarjeta amarilla para advertirle que está en falta y anunciarle que la próxima recibirá una amonestación; eso es educativo y fortalece una nueva cultura cívica de la participación y el compromiso ciudadanos. Después vendría una sanción pecuniaria, modesta, para que llegue a las arcas públicas. 

Pero Corral, insisto, prefiere pasar a la agresión económica como punto de partida. ¿Acaso él viajará sin escoltas? 

En realidad la Policía Vial aprovechará la oportunidad para complementar, ahora sí que diariamente, sus ingresos, más ahora que no hay ni jugosos viernes, ni jugosos sábados. 

Sé de cierto que hay algunos funcionarios y agentes de esta institución que no encajan en mi crítica, pero son tan pocos que podemos decir que, como algunas golondrinas, no hacen verano. Aquí lo que tendremos es la práctica de la mordedura contumaz. Que salgan a la calle los gobernantes para que se den cuenta. La realidad existe también, no lo olviden.

Categorías:   Columna

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