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Corral y Peniche: ¿con la Iglesia han dado?

“Con la iglesia hemos topado (dado)”, se lee en la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra, “El Quijote”, para abreviar. 

Con motivo del escándalo Aristeo Baca, el sacerdote señalado como violador de una niña menor de edad, la Iglesia católica juarense, quepa la expresión, ha reaccionado de la peor forma imaginable: como una corporación, estamento o logia, cerrando  filas en solidaridad con el hombre que encara la justicia por actos que se le atribuyen y por los cuales debe responder por sí mismo, porque es precisamente así: no se está juzgando a nadie más. Pero por alguna razón nada extraña el “corpus” quiere reaccionar como si fuera una parte del todo. 

El sacerdote, a decir del vocero de la Iglesia, ya cuenta con el respaldo jurídico para la defensa. Palabras más, palabras menos, le han dicho que están con él, olvidándose que precisamente la víctima no está encarnada en su persona. 

Cabildean ante el estado y conjeturo que ya han tocado muchas puertas para salirse con la suya, “limpios”, todos, porque todos se consideran portadores del nombre Aristeo. Qué lamentable. Pero habrá más de qué dolerse si logran imponer su voluntad bajo la divisa de que la autoridad topó con la Iglesia. 

Para el que esto escribe, el asunto no termina ahí; sea cual sea el desenlace: habría que revisar también en la Auditoría Superior del Estado el monto de los recursos fiscales que fueron a dar a manos del religioso y el uso que se hizo de ellos. También ahí hay fondo. No vaya a ser que, como se lee en la insigne obra cervantina, el gobierno llegue a “callejuelas sin salidas”. 

El gran Cervantes y su inocultable y magistral ironía quizá no hizo de la frase que empleo sino una descripción topográfica que lo pudo llevar a un cementerio. Yo creo que sí quiso pintar su raya contra el milenario poder de la Iglesia en una sociedad como España. No como se lee en “El lazarillo de Tormes”, pero con mayor fortuna, porque de que se topa con la Iglesia, se topa. 

Por eso Juárez es grande, aunque López Obrador sólo se fije en los 17 años que duró en la Presidencia, que por cierto es otro tema.

Categorías:   Columna

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