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La justicia corralista, por boca de delatores

El affaire de “La Coneja” está sintetizando la Operación Justicia para Chihuahua, orquestada con descuido por Javier Corral. Un desenlace de este escándalo, simbolizado en la libertad del coahuilense, es simplemente nefasto. Es lamentable, en términos de la cacería, pues se trata de una pieza mayor y por tanto codiciada. En parte, eso se debe a una mezcla de política partidaria y lucha anticorrupción, diseñada sin privilegiar la aplicación del derecho como prioridad, y en parte por la selectividad con la que se tasa y usa la vara de la justicia. 

Todos sabemos en Chihuahua que a Jaime Ramón Herrera Corral se le ha protegido a cambio de sus delaciones e informaciones rendidas en acuerdos de oportunidad que dan sustento a la persecución penal escenificada. Alejandro Gutiérrez Gutiérrez denunció que no hay pruebas en su contra; no puede decir más dada su condición, pero también dijo enfático que “sólo los dichos de un probable delincuente protegido” lo mantienen sujeto a un proceso penal, al parecer en vías de aligerársele, beneficiándolo con medidas cautelares (fianza de un millón de pesos, convertirse en vecino de esta ciudad de Chihuahua y portar un brazalete), que fácilmente se sortean para el caso de que se haya beneficiado de los 250 millones que se han hecho famosos en cifras de papel, no en haberes tangibles. 

Ese delincuente se llama Jaime Ramón Herrera Corral, que por cierto no ha de dormir tranquilo a pesar de hacer vida pública, pues de Corral se puede librar (de hecho se ha librado indebidamente), pero de la mafia beltronista lo pongo en duda. En esas asociaciones la máxima es: para los traidores no existe la piedad, como se puede ver en la novela y película “El Padrino”. 

Una cosa se impone: los acuerdos de oportunidad han de publicarse, tenemos derecho a conocerlos, sea uno o varios los documentos que lo contengan. Porque se han violado las leyes para hacerlo posible, cuenta habida del carácter jerárquico que tuvo Herrera Corral y la pifia de mantener sólo en prisión a sus subalternos, mientras él goza de impunidad, libertad y dispone de la parte del botín que le tocó. 

Nula investigación hay en esto, lamentable que sólo dependan de la voz de los traidores, porque al final de cuentas eso se llama mercadeo y no justicia.

 

Categorías:   Columna

Comentarios

  • Publicado: 13 septiembre, 2018 14:13

    víctor bueno

    Estas circunstancias proceden precisamente de su capacidad para transfigurar un comportamiento a modo y no muy conveniente para que la justicia sea vencida. Entonces la Constitución y la moralidad fracasada se vuelven bien común, botín para las predicciones calculadas. Con estas piedras y otras parecidas se construyen esos edificios que la historia llama contradicciones jurídicas y que por su rutina son consentidas.