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Una de las características de las tiranías es que los actores que están al frente de las instituciones las desnaturalizan al dedicarse a agendas que no les corresponde. En esas agendas sobresale el obligado culto al mandamás y ponerse incondicionalmente a su servicio, saliéndose del ámbito de competencias que rigen donde impera el Estado de Derecho. Estas cuantas palabras son un retrato fiel de lo que pasa actualmente en Chihuahua y pondré dos ejemplos, uno de los cuales es francamente bochornoso y por él empiezo.

Ayer el periódico digital Tiempo.com, en entrevista de Juan Fierro al fiscal Jorge González Nicolás, éste dijo, sin sonrojo alguno: “los logros en el tema de seguridad permiten al gobernador, César Duarte el ocupar la PGR…”. De una simple lectura se desprende que para el adulador fiscal, César Duarte puede ocupar un cargo donde se lleva a cabo actualmente una minuciosa investigación en su contra por la corrupción política que socialmente abandera Unión Ciudadana.

A tanto llega este mecanismo de aparentar osadía y limpieza, que el funcionario menos indicado para opinar al respecto es precisamente el que comete el exceso al decirnos que es tan impoluto el cacique que hasta puede ocupar la titularidad de la institución que lo investiga y que es del conocimiento nacional, por escandaloso e insólito. No olvidemos que César Duarte está “confeso”, en televisión nacional, de haber firmado un fideicomiso para apoderarse de un banco, y que su cómplice, Jaime Herrera Corral, continúa ocupando un cargo en evidente conflicto de intereses en el que se ha sacrificado lo público en aras del muy privado de los aspirantes apalancados para convertirse en banqueros, soportándose en el erario.

En lo particular sostengo que si alguna vez César Duarte Jáquez va a ir a la PGR, será en calidad de investigado, jamás a encabezarla como lo declaró el fiscal sin el más mínimo sentido de la oportunidad o de la política. Pero el tirano le ha dado la orden a todos sus lacayos de que lo promuevan para todo, pues él propala a lo largo del tiempo que lleva en el cargo, que lo mismo puede ser secretario de Gobernación que titular de la SAGARPA, líder nacional del PRI (al fin y al cabo, una dependencia más), y ahora hasta procurador general de la república. Él por su parte ya dijo que hasta presidente de la república puede ser. ¿Todo para qué? Muy sencillo, para aparentar que tiene poder, cuando en realidad lo que posee es acusaciones de autoritario, corrupto e inútil como político y administrador para gobernar.

El otro ejemplo, en el que no me detendré mayormente, es el de Miguel Salcido Romero, usurpador de la presidencia del ahora llamado Tribunal Superior de Justicia del Estado, que en entrevista en Palabra (im)Propia, de her doktor José Luis Jáquez, se dedicó a hablar de política electoral con largueza, comentando siempre en beneficio del cacique una supuesta reforma de Estado que se cocina en el Congreso local. En realidad, Salcido ni cara tiene para abordar estos temas cuando se sabe que él, de la mano de Duarte, a cabildeado no pocos asuntos de justicia electoral en beneficio faccioso del PRI. En igual sentido, como maestro de escuela difunde su ridículo y carente de ejemplaridad programa “Yo soy legal”. Podría apuntalar dos o tres ideas de lo que es la división de poderes, la neutralidad de la administración pública y otras cosas que marcarían un buen encuadramiento de este fenómeno, pero sería inútil, por lo cual y siendo viernes, lo mejor es recomendar que en esto cada chango se ocupe de su mecate.