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	Comentarios en: Contra la tiranía corrupta, la desobediencia	</title>
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		<title>
		Por: LUIS ARAGON		</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/contra-la-tirania-corrupta-la-desobediencia/#comment-1900</link>

		<dc:creator><![CDATA[LUIS ARAGON]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Oct 2014 20:47:01 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[felicitaciones  Jaime]]></description>
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		<title>
		Por: Juan Durán Arrieta		</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/contra-la-tirania-corrupta-la-desobediencia/#comment-1880</link>

		<dc:creator><![CDATA[Juan Durán Arrieta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Oct 2014 16:07:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Reflexiones sueltas… para dialogar

¿Animalidad, desde dónde?. Quizá si nos comportáramos como tales, seríamos mejores, no veo donde se encuentra la civilidad en nuestros días…

Lo que usted narra es la muestra clara de que muy poco ha cambiado a pesar de las revoluciones. Lo sustancial no cambia, parece que vivimos un tiempo detenido, una idea del tiempo que mucho desnudaría lo que pasa…

Oscilamos entre la desesperanza y el anhelo de transformar las cosas… La propia desesperanza encarna un anhelo de transformar las cosas. Walter Benjamin lo dice: “Pocos adivinarán cuán triste se ha necesitado ser para resucitar a Cartago“.

El asunto de los derechos humanos es una cortina de humo sobre la cual siguen tejiendo su dominación los que siempre dominan. Lo verdaderamente cierto es que no se respetan los derechos humanos, no existen como tales, sólo sirven para legitimar el orden de cosas… ¿No le extraña que cada vez se apela a ellos precisamente porque no se respetan? ¿Porqué entonces no pensar desde ese hecho, en lugar de convertir el tiempo en la eterna antesala de un tiempo mejor, de un futuro que como paraíso nos venden los que siempre mandan?. ¿Serán los derechos humanos, un instrumento para la dominación?. Quizá no. Lo que  es un instrumento para la dominación es creer que alguna vez llegaremos a un tiempo en el futuro -ese que nunca llega-, donde sean respetados los derechos de los demás…

“…Cumplimiento de la ley, acatamiento del estado de derecho…” ¿cual derecho?, ¿cual ley?… esa, la ley –habrá de saberlo usted- se instauró con violencia y para sostenerse encarna más violencia. Son las contradicciones de los que proclaman una cultura de la legalidad…. Contradicciones del propio estado de derecho sobre todo cuando ese estado de derecho se instala en el estado de excepción que es donde fracasa como tal porque hace ver al propio derecho dentro y fuera de la misma ley… entonces, ¿todo se puede arreglar dentro de la ley?... Creo que no…

…Los cambios no están en las grandes enseñanzas sino en las pequeñas, esas que encomiablemente ustedes llevan a cabo cada vez, esas de los normalistas de Ayotzinapa, esas de los campesinos, los indígenas, los homosexuales, las prostitutas y los migrantes que resisten, pequeñas pero muy grandes… ¡Ah!, y esa de Don Juan Ascensio Melchor, el abuelo de Benjamin Ascensio Bautista, joven de 19 años de edad que con toda su pobreza a cuestas pasó el examen de la Normal de Ayotzinapa para no regresar hasta ahora. Mismo drama de las otras 42 familias…

En nuestras revoluciones, no sé si haya vencedores y vencidos, lo que sí sé es que los vencedores son los mismos de siempre, por eso, porque entendemos el tiempo como el futuro de la eterna espera de un tiempo mejor, es por lo que recurrentemente nos encontramos con la misma piedra… Necesitamos otros criterios para darle un nuevo brillo a la revolución, darle lustre pues se ha gastado de tanto manoseo, de tanto vituperio…

Los verdaderos revolucionarios son los débiles, los campesinos, los indígenas, el padre que recorrió las calles en silla de ruedas, y la madre valerosa, los condenados de la tierra como dice usted.  Esos pequeños, débiles que nos interpelan y reclaman no vivir más su injusticia que los ha sometido a un grado de inhumanidad que a su vez nos muestra -como un espejo- toda nuestra inhumanidad y la deuda que tenemos con ellos… Ojo… su injusticia, no la Justicia -con mayúscula- como una simple abstracción…

La Justicia –otra vez con mayúscula- como valor, como abstracción es sólo eso: una abstracción vacía, hueca, banal. Un invento de algún gran hombre, de un hombre de grandes ideas. Lo que sí existe es la injusticia cometida a esos padres, las injusticias que se presentan todos los días a pesar del rimbombante Estado de Derecho, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos… instrumentos todos para seguir expoliando, para seguir prolongando este tiempo de ruina.

Como vemos, el asunto es muy complejo, pero el Estado de Derecho tal como lo entienden quienes dominan, no es la solución. No en vano comparten ese discurso, por lo menos a nivel del nombre, tanto los expoliados como los que mandan. ¿No le extraña esa coincidencia? ¿No le dice algo? ¿No es acaso el derecho una forma de violencia también?. Siempre que escucho a los que pregonan la cultura de la legalidad y el estado de derecho, lo que veo, lo que no puedo dejar de pensar, es que –ambos- son el instrumento para seguir dominando y que los que quieren transformar el mundo, igual, lo miran bajo los ojos del colonizado desde un discurso que requerimos de cambiar…

Quizá haya salidas, pero con otras categorías, con otros modos de asomarnos a la realidad, de involucrarnos en ella y sabiendo por lo menos, por dónde no podemos seguir labrando como Sísifo y sometiendo a todos los despreciados de la tierra, a esta eterna espera en que se convierte el futuro cuando se vive el asunto del tiempo como un instrumento absoluto desde el cual vemos la realidad. Mi verdad, es que el tiempo se ha convertido en un aparato ideológico más al servicio de los que mandan.

Hagamos un simple esfuerzo pedagógico: Pensemos fuera del tiempo lineal, tratemos de pensar el tiempo detenido y veremos que las injusticias de hace siglos siguen siendo las mismas. No estamos mejor ahora que antes, no nos sigamos engañando… No perdamos de vista que en muchos sentidos, la civilidad -otro galimatías- en realidad es una forma sofisticada de más barbarie…
No pretendo quitarle ningún merito a sus luchas. En muchos sentidos son encomiables. Mi propósito en todo caso es contribuir a un diálogo sobre la posibilidad de nuevos modos de encararlas y de llevarlas a cabo. Un modesta contribución si quiere,… no hay más propósito.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Reflexiones sueltas… para dialogar</p>
<p>¿Animalidad, desde dónde?. Quizá si nos comportáramos como tales, seríamos mejores, no veo donde se encuentra la civilidad en nuestros días…</p>
<p>Lo que usted narra es la muestra clara de que muy poco ha cambiado a pesar de las revoluciones. Lo sustancial no cambia, parece que vivimos un tiempo detenido, una idea del tiempo que mucho desnudaría lo que pasa…</p>
<p>Oscilamos entre la desesperanza y el anhelo de transformar las cosas… La propia desesperanza encarna un anhelo de transformar las cosas. Walter Benjamin lo dice: “Pocos adivinarán cuán triste se ha necesitado ser para resucitar a Cartago“.</p>
<p>El asunto de los derechos humanos es una cortina de humo sobre la cual siguen tejiendo su dominación los que siempre dominan. Lo verdaderamente cierto es que no se respetan los derechos humanos, no existen como tales, sólo sirven para legitimar el orden de cosas… ¿No le extraña que cada vez se apela a ellos precisamente porque no se respetan? ¿Porqué entonces no pensar desde ese hecho, en lugar de convertir el tiempo en la eterna antesala de un tiempo mejor, de un futuro que como paraíso nos venden los que siempre mandan?. ¿Serán los derechos humanos, un instrumento para la dominación?. Quizá no. Lo que  es un instrumento para la dominación es creer que alguna vez llegaremos a un tiempo en el futuro -ese que nunca llega-, donde sean respetados los derechos de los demás…</p>
<p>“…Cumplimiento de la ley, acatamiento del estado de derecho…” ¿cual derecho?, ¿cual ley?… esa, la ley –habrá de saberlo usted- se instauró con violencia y para sostenerse encarna más violencia. Son las contradicciones de los que proclaman una cultura de la legalidad…. Contradicciones del propio estado de derecho sobre todo cuando ese estado de derecho se instala en el estado de excepción que es donde fracasa como tal porque hace ver al propio derecho dentro y fuera de la misma ley… entonces, ¿todo se puede arreglar dentro de la ley?&#8230; Creo que no…</p>
<p>…Los cambios no están en las grandes enseñanzas sino en las pequeñas, esas que encomiablemente ustedes llevan a cabo cada vez, esas de los normalistas de Ayotzinapa, esas de los campesinos, los indígenas, los homosexuales, las prostitutas y los migrantes que resisten, pequeñas pero muy grandes… ¡Ah!, y esa de Don Juan Ascensio Melchor, el abuelo de Benjamin Ascensio Bautista, joven de 19 años de edad que con toda su pobreza a cuestas pasó el examen de la Normal de Ayotzinapa para no regresar hasta ahora. Mismo drama de las otras 42 familias…</p>
<p>En nuestras revoluciones, no sé si haya vencedores y vencidos, lo que sí sé es que los vencedores son los mismos de siempre, por eso, porque entendemos el tiempo como el futuro de la eterna espera de un tiempo mejor, es por lo que recurrentemente nos encontramos con la misma piedra… Necesitamos otros criterios para darle un nuevo brillo a la revolución, darle lustre pues se ha gastado de tanto manoseo, de tanto vituperio…</p>
<p>Los verdaderos revolucionarios son los débiles, los campesinos, los indígenas, el padre que recorrió las calles en silla de ruedas, y la madre valerosa, los condenados de la tierra como dice usted.  Esos pequeños, débiles que nos interpelan y reclaman no vivir más su injusticia que los ha sometido a un grado de inhumanidad que a su vez nos muestra -como un espejo- toda nuestra inhumanidad y la deuda que tenemos con ellos… Ojo… su injusticia, no la Justicia -con mayúscula- como una simple abstracción…</p>
<p>La Justicia –otra vez con mayúscula- como valor, como abstracción es sólo eso: una abstracción vacía, hueca, banal. Un invento de algún gran hombre, de un hombre de grandes ideas. Lo que sí existe es la injusticia cometida a esos padres, las injusticias que se presentan todos los días a pesar del rimbombante Estado de Derecho, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos… instrumentos todos para seguir expoliando, para seguir prolongando este tiempo de ruina.</p>
<p>Como vemos, el asunto es muy complejo, pero el Estado de Derecho tal como lo entienden quienes dominan, no es la solución. No en vano comparten ese discurso, por lo menos a nivel del nombre, tanto los expoliados como los que mandan. ¿No le extraña esa coincidencia? ¿No le dice algo? ¿No es acaso el derecho una forma de violencia también?. Siempre que escucho a los que pregonan la cultura de la legalidad y el estado de derecho, lo que veo, lo que no puedo dejar de pensar, es que –ambos- son el instrumento para seguir dominando y que los que quieren transformar el mundo, igual, lo miran bajo los ojos del colonizado desde un discurso que requerimos de cambiar…</p>
<p>Quizá haya salidas, pero con otras categorías, con otros modos de asomarnos a la realidad, de involucrarnos en ella y sabiendo por lo menos, por dónde no podemos seguir labrando como Sísifo y sometiendo a todos los despreciados de la tierra, a esta eterna espera en que se convierte el futuro cuando se vive el asunto del tiempo como un instrumento absoluto desde el cual vemos la realidad. Mi verdad, es que el tiempo se ha convertido en un aparato ideológico más al servicio de los que mandan.</p>
<p>Hagamos un simple esfuerzo pedagógico: Pensemos fuera del tiempo lineal, tratemos de pensar el tiempo detenido y veremos que las injusticias de hace siglos siguen siendo las mismas. No estamos mejor ahora que antes, no nos sigamos engañando… No perdamos de vista que en muchos sentidos, la civilidad -otro galimatías- en realidad es una forma sofisticada de más barbarie…<br />
No pretendo quitarle ningún merito a sus luchas. En muchos sentidos son encomiables. Mi propósito en todo caso es contribuir a un diálogo sobre la posibilidad de nuevos modos de encararlas y de llevarlas a cabo. Un modesta contribución si quiere,… no hay más propósito.</p>
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		Por: Juan Durán Arrieta		</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/contra-la-tirania-corrupta-la-desobediencia/#comment-1856</link>

		<dc:creator><![CDATA[Juan Durán Arrieta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Oct 2014 00:08:14 +0000</pubDate>
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¿Animalidad, desde dónde?. Quizá si nos comportáramos como tales, seríamos mejores, no veo donde se encuentra la civilidad en nuestros días…

Lo que usted narra es la muestra clara de que muy poco ha cambiado a pesar de las revoluciones. Lo sustancial no cambia, parece que vivimos un tiempo detenido, una idea del tiempo que mucho desnudaría lo que pasa…

Oscilamos entre la desesperanza y el anhelo de transformar las cosas… La propia desesperanza encarna un anhelo de transformar las cosas. Walter Benjamin lo dice: “Pocos adivinarán cuán triste se ha necesitado ser para resucitar a Cartago“.

El asunto de los derechos humanos es una cortina de humo sobre la cual siguen tejiendo su dominación los que siempre dominan. Lo verdaderamente cierto es que no se respetan los derechos humanos, no existen como tales, sólo sirven para legitimar el orden de cosas… No le extraña que cada vez se apela a ellos precisamente porque no se respetan, ¿Porqué entonces no pensar desde ese hecho, en lugar de convertir el tiempo en la eterna antesala de un tiempo mejor, de un futuro que como paraíso nos venden los que siempre mandan?. ¿Serán los derechos humanos, un instrumento para la dominación?. Quizá no. Lo que  es un instrumento para la dominación es creer que alguna vez llegaremos a un tiempo en el futuro, -ese que nunca llega-, a un lugar donde sean respetados los derechos de los demás…

“…Cumplimiento de la ley, acatamiento del estado de derecho…” ¿cual derecho?, ¿cual ley?… esa, la ley -habrá de saberlo- se instauró con violencia y para sostenerse encarna más violencia. Son las contradicciones de los que proclaman una cultura de la legalidad…. Contradicciones del propio estado de derecho sobre todo cuando el estado de derecho se instala en el estado de excepción que es donde fracasa como tal porque hace ver al propio derecho dentro y fuera de la misma ley… entonces, ¿todo se puede arreglar dentro de la ley?... Creo que no…
…Los cambios no están en las grandes enseñanzas sino en las pequeñas, esas que ustedes llevan a cabo cada vez, esas de los normalistas de Ayotzinapa, esas de los campesinos, los indígenas, los homosexuales, las prostitutas y los migrantes que resisten, pequeñas pero muy grandes… Ah, y Don Juan Ascensio Melchor, el abuelo de Benjamin Ascensio Bautista, joven de 19 años de edad que con toda su pobreza a cuestas pasó el examen de la Normal de Ayotzinapa para no regresar hasta ahora. Mismo drama de las otras 42 familias…

En nuestras revoluciones, no sé si haya vencedores y vencidos, lo que sí sé es que los vencedores son los de siempre, por eso, porque entendemos el tiempo como el futuro de la eterna espera de un tiempo mejor, es por lo que recurrentemente nos encontramos con la misma piedra… Necesitamos otros criterios para darle nuevo brillo a la revolución, darle el lustre que ha perdido de tan gastado, de tanto manoseo, de tanto vituperio…

Los verdaderos revolucionarios son los débiles, los campesinos, los indígenas, el padre que recorrió las calles en silla de ruedas, y la madre valerosa, los condenados de la tierra como dice usted.  Esos pequeños, débiles que nos interpelan y reclaman no vivir más su injusticia que los ha sometido a una inhumanidad que a su vez nos muestra en un espejo con toda nuestra inhumanidad… Ojo… su injusticia, no la Justicia, con mayúscula, como una simple abstracción…

La Justicia como valor, como abstracción es sólo eso: una abstracción vacía, hueca, banal. Un invento de algún gran hombre, de un hombre de grandes ideas. Lo que sí existe es la injusticia cometida a esos padres, las injusticias que se presentan todos los días a pesar del rimbombante Estado de Derecho, de la llevada y traída Declaración Universal de los Derechos Humanos… instrumentos todos para seguir expoliando, para seguir prolongando este tiempo de ruina.
Como ve, el asunto es muy complejo, pero el Estado de Derecho tal como lo entienden quienes dominan, no es la solución. No en vano comparte ese discurso, por lo menos a nivel de nombre, tanto los expoliados como los que mandan. ¿No le extraña esa coincidencia? ¿No le dice algo? No es acaso el derecho una forma de violencia también. Siempre que escucho a los que pregonan la cultura de la legalidad y el estado de derecho, lo que veo, lo que no puedo dejar de pensar, es que -ambos- son su propio instrumento para seguir dominando y que los que quieren transformar el mundo, igual, lo miran bajo los ojos colonizados por un discurso que requerimos de cambiar…

Quizá haya salidas, pero con otras categorías, con otros modos de asomarnos a la realidad, de involucrarnos en ella y sabiendo por lo menos, por dónde no podemos seguir labrando como el mito de Sísifo y sometiendo a todos los despreciados de la tierra a esta eterna espera en que se convierte el futuro cuando se vive el asunto del tiempo como un instrumento absoluto desde el cual vemos la realidad. Mi verdad, es que el tiempo se ha convertido en un aparato ideológico más de los que mandan.
Hagamos un simple esfuerzo pedagógico: Pensemos fuera del tiempo lineal, tratemos de pensar el tiempo detenido y veremos que las injusticias de hace siglos siguen siendo las mismas. No estamos mejor ahora que antes, no nos sigamos engañando… No perdamos de vista que en muchos sentidos, la civilidad -otro galimatías- en realidad es una forma sofisticada de más barbarie…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Reflexiones sueltas… para dialogar</p>
<p>¿Animalidad, desde dónde?. Quizá si nos comportáramos como tales, seríamos mejores, no veo donde se encuentra la civilidad en nuestros días…</p>
<p>Lo que usted narra es la muestra clara de que muy poco ha cambiado a pesar de las revoluciones. Lo sustancial no cambia, parece que vivimos un tiempo detenido, una idea del tiempo que mucho desnudaría lo que pasa…</p>
<p>Oscilamos entre la desesperanza y el anhelo de transformar las cosas… La propia desesperanza encarna un anhelo de transformar las cosas. Walter Benjamin lo dice: “Pocos adivinarán cuán triste se ha necesitado ser para resucitar a Cartago“.</p>
<p>El asunto de los derechos humanos es una cortina de humo sobre la cual siguen tejiendo su dominación los que siempre dominan. Lo verdaderamente cierto es que no se respetan los derechos humanos, no existen como tales, sólo sirven para legitimar el orden de cosas… No le extraña que cada vez se apela a ellos precisamente porque no se respetan, ¿Porqué entonces no pensar desde ese hecho, en lugar de convertir el tiempo en la eterna antesala de un tiempo mejor, de un futuro que como paraíso nos venden los que siempre mandan?. ¿Serán los derechos humanos, un instrumento para la dominación?. Quizá no. Lo que  es un instrumento para la dominación es creer que alguna vez llegaremos a un tiempo en el futuro, -ese que nunca llega-, a un lugar donde sean respetados los derechos de los demás…</p>
<p>“…Cumplimiento de la ley, acatamiento del estado de derecho…” ¿cual derecho?, ¿cual ley?… esa, la ley -habrá de saberlo- se instauró con violencia y para sostenerse encarna más violencia. Son las contradicciones de los que proclaman una cultura de la legalidad…. Contradicciones del propio estado de derecho sobre todo cuando el estado de derecho se instala en el estado de excepción que es donde fracasa como tal porque hace ver al propio derecho dentro y fuera de la misma ley… entonces, ¿todo se puede arreglar dentro de la ley?&#8230; Creo que no…<br />
…Los cambios no están en las grandes enseñanzas sino en las pequeñas, esas que ustedes llevan a cabo cada vez, esas de los normalistas de Ayotzinapa, esas de los campesinos, los indígenas, los homosexuales, las prostitutas y los migrantes que resisten, pequeñas pero muy grandes… Ah, y Don Juan Ascensio Melchor, el abuelo de Benjamin Ascensio Bautista, joven de 19 años de edad que con toda su pobreza a cuestas pasó el examen de la Normal de Ayotzinapa para no regresar hasta ahora. Mismo drama de las otras 42 familias…</p>
<p>En nuestras revoluciones, no sé si haya vencedores y vencidos, lo que sí sé es que los vencedores son los de siempre, por eso, porque entendemos el tiempo como el futuro de la eterna espera de un tiempo mejor, es por lo que recurrentemente nos encontramos con la misma piedra… Necesitamos otros criterios para darle nuevo brillo a la revolución, darle el lustre que ha perdido de tan gastado, de tanto manoseo, de tanto vituperio…</p>
<p>Los verdaderos revolucionarios son los débiles, los campesinos, los indígenas, el padre que recorrió las calles en silla de ruedas, y la madre valerosa, los condenados de la tierra como dice usted.  Esos pequeños, débiles que nos interpelan y reclaman no vivir más su injusticia que los ha sometido a una inhumanidad que a su vez nos muestra en un espejo con toda nuestra inhumanidad… Ojo… su injusticia, no la Justicia, con mayúscula, como una simple abstracción…</p>
<p>La Justicia como valor, como abstracción es sólo eso: una abstracción vacía, hueca, banal. Un invento de algún gran hombre, de un hombre de grandes ideas. Lo que sí existe es la injusticia cometida a esos padres, las injusticias que se presentan todos los días a pesar del rimbombante Estado de Derecho, de la llevada y traída Declaración Universal de los Derechos Humanos… instrumentos todos para seguir expoliando, para seguir prolongando este tiempo de ruina.<br />
Como ve, el asunto es muy complejo, pero el Estado de Derecho tal como lo entienden quienes dominan, no es la solución. No en vano comparte ese discurso, por lo menos a nivel de nombre, tanto los expoliados como los que mandan. ¿No le extraña esa coincidencia? ¿No le dice algo? No es acaso el derecho una forma de violencia también. Siempre que escucho a los que pregonan la cultura de la legalidad y el estado de derecho, lo que veo, lo que no puedo dejar de pensar, es que -ambos- son su propio instrumento para seguir dominando y que los que quieren transformar el mundo, igual, lo miran bajo los ojos colonizados por un discurso que requerimos de cambiar…</p>
<p>Quizá haya salidas, pero con otras categorías, con otros modos de asomarnos a la realidad, de involucrarnos en ella y sabiendo por lo menos, por dónde no podemos seguir labrando como el mito de Sísifo y sometiendo a todos los despreciados de la tierra a esta eterna espera en que se convierte el futuro cuando se vive el asunto del tiempo como un instrumento absoluto desde el cual vemos la realidad. Mi verdad, es que el tiempo se ha convertido en un aparato ideológico más de los que mandan.<br />
Hagamos un simple esfuerzo pedagógico: Pensemos fuera del tiempo lineal, tratemos de pensar el tiempo detenido y veremos que las injusticias de hace siglos siguen siendo las mismas. No estamos mejor ahora que antes, no nos sigamos engañando… No perdamos de vista que en muchos sentidos, la civilidad -otro galimatías- en realidad es una forma sofisticada de más barbarie…</p>
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