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	<title>Foro &#8211; Jaime García Chávez</title>
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	<title>Foro &#8211; Jaime García Chávez</title>
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		<title>Cuarta República</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jun 2025 03:52:19 +0000</pubDate>
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		<title>Jornada ciudadana contra la canalla política</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/jornada-ciudadana-contra-la-canalla-politica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jan 2025 19:58:55 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Tres Puntos de Convergencia para la Coyuntura Chihuahuense (Material de discusión) La política actual en Chihuahua es, en lo dominante, expresión de un tiempo de canallas. Todo se reduce a la práctica propia de una partidocracia podrida que tiene en el poder, por el poder mismo, su único propósito. Lo mismo para hacer negocios con la captura del gobierno que el aprovechamiento de sus finanzas y recursos, valiéndose de la corrupción política como mecanismo de expansión. Todo eso es ajeno al propósito de construir una democracia en la que los ciudadanos cuenten, participen y decidan para el bien de todos, particularmente para buscar la redistribución de la riqueza y abatir las desigualdades que en muchos órdenes de la vida golpean a hombres y mujeres en toda la entidad. Las instituciones previstas por la Constitución y sus diversos poderes están secuestradas para fines facciosos; en tanto el sentido republicano y el papel del derecho se han venido demeritando como nunca. Los partidos no son realmente entidades de interés público en los que se debata de manera abierta y postulen de forma colectiva propuestas para entregarlas a los ciudadanos para que estos decidan y digan la última palabra en consultas periódicas, competitivas y creíbles. De una u otro manera, lo que buscan los canallas a los que me refiero, soslayan los legítimos intereses de la gente, aunque su discurso se fundamente retóricamente en el “trabajo por el pueblo”, que nunca definen debidamente. El PAN hoy en el poder es una empresa al servicio de la oligarquía, y su gobierno una simple gerencia de sus intereses económicos. MORENA, a su vez, pretende quedarse en las próximas elecciones con el estado de Chihuahua para extender a toda la república una hegemonía lesiva al proyecto democrático y constitucional por el que se ha batallado a lo largo de muchos años en el país; sus figuras hoy son una viva representación del pasado, con todos los vicios –acrecentados sobremanera– del antiguo régimen priista, en una mezcla en la que ya no hay pudor alguno para coaligar a miembros prominentes de ese partido, incluso de Acción Nacional, el que no ha mucho decía combatir el autoritarismo. Frente a una escena como esa, ¿qué podemos hacer? Para empezar, habría que decir que un sistema partidario con oposiciones consolidadas no existe en realidad. La construcción de una alternativa tendría que ser desde afuera, creando organizaciones dúctiles, abiertas, que permitan ir encausando un derrotero contra dos fenómenos que tenemos presentes hoy en esta coyuntura. Veamos: Las elecciones locales serán en 2027, pero pareciera que son inminentes. Basta recorrer cualquier calle o avenida de las principales ciudades, para ver el despliegue propagandístico de aspirantes, en particular la presencia que trata de lograr a través de esa manera Cruz Pérez Cuéllar, de MORENA, y Marco Bonilla, del PAN. Esto se da a la par de la presencia de otras figuras menores, pero los primeros ya están en la contienda y en algunos casos ya despliegan una propaganda muy costosa por todo el territorio, cometiendo fraude a la ley, ante la ausencia de un Instituto Estatal Electoral, al parecer inerte. Además, estos funcionarios distraen el tiempo necesario a sus encargos como alcaldes, no rinden cuentas de los ingentes recursos que gastan en publicidad, presumiblemente solventadas con base en el erario o de mecanismos de corrupción política. Puede ser dinero sucio. No es raro ver a ambos alcaldes trasladarse a otros municipios a realizar funciones que no les atañen ni son de su competencia; y más aún, disponen de bienes de sus municipios como si fueran propios para regalarlos a otros con afán publicitario, lo que representa medrar del poder para obtener más poder, significando esto la obtención de un beneficio personal, lo que es expresión de corrupción, por el desvío de un patrimonio asignado a un fin específico y destinado a lo que le es extraño. Cuando hacen esto, porfían, porque el acto se viste de una actitud paternalista, benefactora y generosa, pero al final hacen caravana con sombrero ajeno, como se dice coloquialmente, con el avieso propósito de patrocinar sus proyectos políticos de carácter personal o de facción. La decisión de hacerlo así es consecuencia de la herencia del lopezobradorismo que ahora se presenta como armonización de la Constitución federal y local y la ejecución de sus altos mandatos. Pero en todo esto no está presente, ni remotamente, la posibilidad de que la justicia sea pronta y expedita, al alcance de todos, con independencia judicial y como garantía del Estado de derecho. En esto se corre en paralelo a la elección federal de ministros, magistrados y jueces de distrito del Poder Judicial de la Federación. Por el contrario, hay una miserable razón de Estado en esta convocatoria, puesto que lo que se desea es que la elección de magistrados y jueces no estorbe a la elección de gobernador en 2027, y no es de descartarse que durante los próximos meses, en agencia informal, las dos fuerzas políticas principales hagan un gran reparto de posiciones, con miras no a que la justicia sea mejor, sino a tener menos dificultades para la contienda de 2027. Ya incluso el periodismo oficialista ha dicho que será el “primer round” para decidir que el poder en Chihuahua cambie de manos, entregándosele a un priismo disfrazado de izquierda, y de alguna manera más ruin que el que conocimos en el pasado. La pregunta en concreto es qué hacer. Se pueden intentar esta posibilidades: a) Exigir al IEE que proscriba y sancione las campañas anticipadas, yb) Promover una amplia presencia ciudadana por la abstención electoral en torno a la elección de magistrados, jueces y órganos disciplinarios, tanto locales como federales, exhortando a los ciudadanos a que no voten ni acepten cargos electorales para la integración de casillas, como un mecanismo de rechazo a una reforma que liquidaría la independencia judicial • Lunes 27 de Enero, publicar el llamamiento y fijar los carteles• Miércoles 5 de Febrero, inicio de recorrido estatal, arrancando en Chihuahua]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:20px"><strong>Tres Puntos de Convergencia para la Coyuntura Chihuahuense</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>(Material de discusión)</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La política actual en Chihuahua es, en lo dominante, expresión de un tiempo de canallas. Todo se reduce a la práctica propia de una partidocracia podrida que tiene en el poder, por el poder mismo, su único propósito. Lo mismo para hacer negocios con la captura del gobierno que el aprovechamiento de sus finanzas y recursos, valiéndose de la corrupción política como mecanismo de expansión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso es ajeno al propósito de construir una democracia en la que los ciudadanos cuenten, participen y decidan para el bien de todos, particularmente para buscar la redistribución de la riqueza y abatir las desigualdades que en muchos órdenes de la vida golpean a hombres y mujeres en toda la entidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las instituciones previstas por la Constitución y sus diversos poderes están secuestradas para fines facciosos; en tanto el sentido republicano y el papel del derecho se han venido demeritando como nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los partidos no son realmente entidades de interés público en los que se debata de manera abierta y postulen de forma colectiva propuestas para entregarlas a los ciudadanos para que estos decidan y digan la última palabra en consultas periódicas, competitivas y creíbles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De una u otro manera, lo que buscan los canallas a los que me refiero, soslayan los legítimos intereses de la gente, aunque su discurso se fundamente retóricamente en el “trabajo por el pueblo”, que nunca definen debidamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El PAN hoy en el poder es una empresa al servicio de la oligarquía, y su gobierno una simple gerencia de sus intereses económicos. MORENA, a su vez, pretende quedarse en las próximas elecciones con el estado de Chihuahua para extender a toda la república una hegemonía lesiva al proyecto democrático y constitucional por el que se ha batallado a lo largo de muchos años en el país; sus figuras hoy son una viva representación del pasado, con todos los vicios –acrecentados sobremanera– del antiguo régimen priista, en una mezcla en la que ya no hay pudor alguno para coaligar a miembros prominentes de ese partido, incluso de Acción Nacional, el que no ha mucho decía combatir el autoritarismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a una escena como esa, ¿qué podemos hacer? Para empezar, habría que decir que un sistema partidario con oposiciones consolidadas no existe en realidad. La construcción de una alternativa tendría que ser desde afuera, creando organizaciones dúctiles, abiertas, que permitan ir encausando un derrotero contra dos fenómenos que tenemos presentes hoy en esta coyuntura. Veamos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Hay una inédita campaña anticipada, tanto de los pretendientes del PAN como de los de MORENA en la búsqueda de la gubernatura del estado. Si no incluyo a los otros partidos, en especial al PRI, es porque hoy significan muy poco y están pertrechados en uno u otro polo.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones locales serán en 2027, pero pareciera que son inminentes. Basta recorrer cualquier calle o avenida de las principales ciudades, para ver el despliegue propagandístico de aspirantes, en particular la presencia que trata de lograr a través de esa manera Cruz Pérez Cuéllar, de MORENA, y Marco Bonilla, del PAN. Esto se da a la par de la presencia de otras figuras menores, pero los primeros ya están en la contienda y en algunos casos ya despliegan una propaganda muy costosa por todo el territorio, cometiendo fraude a la ley, ante la ausencia de un Instituto Estatal Electoral, al parecer inerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, estos funcionarios distraen el tiempo necesario a sus encargos como alcaldes, no rinden cuentas de los ingentes recursos que gastan en publicidad, presumiblemente solventadas con base en el erario o de mecanismos de corrupción política. Puede ser dinero sucio. No es raro ver a ambos alcaldes trasladarse a otros municipios a realizar funciones que no les atañen ni son de su competencia; y más aún, disponen de bienes de sus municipios como si fueran propios para regalarlos a otros con afán publicitario, lo que representa medrar del poder para obtener más poder, significando esto la obtención de un beneficio personal, lo que es expresión de corrupción, por el desvío de un patrimonio asignado a un fin específico y destinado a lo que le es extraño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hacen esto, porfían, porque el acto se viste de una actitud paternalista, benefactora y generosa, pero al final hacen caravana con sombrero ajeno, como se dice coloquialmente, con el avieso propósito de patrocinar sus proyectos políticos de carácter personal o de facción.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Por otra parte, se ha adelantado la renovación total, este año 2025, de todos los magistrados del Tribunal Superior de Justicia, del que será el órgano disciplinario y administrativo (antes Consejo de la Judicatura), y de la totalidad de los jueces del Poder Judicial del Estado. Se tratarán de renovar más de 300 cargos en elección directa.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La decisión de hacerlo así es consecuencia de la herencia del lopezobradorismo que ahora se presenta como armonización de la Constitución federal y local y la ejecución de sus altos mandatos. Pero en todo esto no está presente, ni remotamente, la posibilidad de que la justicia sea pronta y expedita, al alcance de todos, con independencia judicial y como garantía del Estado de derecho. En esto se corre en paralelo a la elección federal de ministros, magistrados y jueces de distrito del Poder Judicial de la Federación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el contrario, hay una miserable razón de Estado en esta convocatoria, puesto que lo que se desea es que la elección de magistrados y jueces no estorbe a la elección de gobernador en 2027, y no es de descartarse que durante los próximos meses, en agencia informal, las dos fuerzas políticas principales hagan un gran reparto de posiciones, con miras no a que la justicia sea mejor, sino a tener menos dificultades para la contienda de 2027. Ya incluso el periodismo oficialista ha dicho que será el “primer round” para decidir que el poder en Chihuahua cambie de manos, entregándosele a un priismo disfrazado de izquierda, y de alguna manera más ruin que el que conocimos en el pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta en concreto es qué hacer. Se pueden intentar esta posibilidades:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Apelar directamente a la organización y la movilización ciudadana, ya que en esto el poder establecido y las fracciones parlamentarias están ubicados en la política canalla, es decir, en la deshonestidad que daña y perjudica a la sociedad y dificulta la prolongada tarea de crear un sistema democrático.</li>



<li>En tal sentido, habría que convocar a la brevedad lo que queda de Unión Ciudadana para consensuar una línea política en torno a los problemas planteados que abarquen un doble llamamiento:</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">a) Exigir al IEE que proscriba y sancione las campañas anticipadas, y<br>b) Promover una amplia presencia ciudadana por la abstención electoral en torno a la elección de magistrados, jueces y órganos disciplinarios, tanto locales como federales, exhortando a los ciudadanos a que no voten ni acepten cargos electorales para la integración de casillas, como un mecanismo de rechazo a una reforma que liquidaría la independencia judicial</p>



<ol start="3" class="wp-block-list">
<li>Redactar y publicar el llamamiento por redes, iniciando la jornada a través de fijar un cartel frente al Palacio de Gobierno con ambas exigencias, y de igual manera en el edificio central del IEE. El llamamiento se publicaría, además, en una hoja doble carta con un tiraje de 10 mil ejemplares para repartir en calles y plazas, con una edición especial en lengua ralámuli.</li>



<li>Llamar a formar clubes ciudadanos de mujeres y hombres en los municipios, formando brigadas para que hagan circular el llamamiento a profundidad.</li>



<li>Organizar una ronda de visitas directas a líderes políticos, sociales y religiosos para propiciar encuentros de diálogo, abierto y transparente, en torno a la canalla búsqueda del poder y en contra de la reforma judicial.</li>



<li>Realizar una campaña en los 67 municipios del estado, pivoteándolos todos a través de las visitas que se hagan a las principales poblaciones, como Juárez, Nuevo Casas Grandes, Madera, Cuauhtémoc, Chihuahua, Ojinaga, Delicias-Meoqui, Camargo, Jiménez, Parral y Guachochi (en lugares con graves problemas de seguridad, habrá que mantenerlos bajo reserva).</li>



<li>A la altura del mes de mayo de 2025, valorar la realización de un acto público que cierre la jornada para llevar a cabo un balance.</li>



<li>Calendario propuesto:</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">• Lunes 27 de Enero, publicar el llamamiento y fijar los carteles<br>• Miércoles 5 de Febrero, inicio de recorrido estatal, arrancando en Chihuahua</p>



<ol start="9" class="wp-block-list">
<li>En otro orden de ideas, mantener protestas contra la llegada de Donald Trump a la Presidencia de EEUU, que inició su mandato con delicadas alusiones que afectan a México y que requieren atención especial y presencia cívica.</li>



<li>En todas estas acciones, convocar, sin exclusión, a todos los medios de comunicación</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
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		<title>Hacia el 2021</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/hacia-el-2021/</link>
					<comments>https://jaimegarciachavez.mx/hacia-el-2021/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2020 17:34:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Foro]]></category>
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					<description><![CDATA[El estilo es el hombre El Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó la presidencia de la República el 2018 con amplio margen para gobernar con la unión entre los mexicanos, para combatir la alta inseguridad pública, abatir la vieja corrupción, mejorar el desarrollo económico y la economía familiar, para generar más empleos y desplegar sus políticas sociales, para fortalecer la democracia y las libertades políticas, para robustecer el papel de México y&#160; mexicanos ante el resto del mundo: son tareas sustantivas, amén de muchas otras actividades. Pero el éxito, frecuentemente,&#160; se acompaña de otro resultado: toda victoria trae casi siempre algo de soberbia, algo de insolencia, y este gobierno, por desgracia,&#160; se contagió muy pronto con esos males encarnados en el “estilo personal de gobernar”.&#160; La realidad es que México cuenta hoy con un&#160; liderazgo emanado del populismo con esquemas atípicos en su forma de ejercer el poder. Una Presidencia casi itinerante por el país y centrada en la omnipresencia parlante del titular empeñado en ser el vértice central de toda, toda la vida política de la nación. Un Presidente que construyó su camino hacia el poder desde una postura ajena (así lo presume) al tradicional sistema de partidos y fuera de la “mafia en el poder”: una especie de outsider que anuncia el renacimiento del régimen político, la eliminación de vicios y corrupción que han inundado al país, por ello siempre&#160; descalifica lo heredado&#160; y&#160; promete&#160; rehacer todo de nuevo. De aquí su Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) con un cometido moralizante de la vida política. Esta novedad demanda constante observación y vigilancia.&#160; A más de año y medio del gobierno de López Obrador, las funciones centrales atraviesan hoy por desórdenes, desviaciones&#160; y retrocesos que es preciso reencauzar. Y por si algo faltase, a ello se han añadido desde enero del 2020 las complicaciones derivadas de la pandemia del covid-19. La situación demanda, pues,&#160; un gobierno capaz, hábil para sortear, no evadir, las dificultades, porque las soluciones no brotan de “decálogos”, ni de estampas, ni de simples buenas intenciones parroquiales. La función de gobernar en México, por desgracia,&#160; transita hoy&#160; por lamentables tropiezos. El Presidente López Obrador&#160; exhibe un pasmoso desconcierto y banaliza la seriedad de los problemas. Lejos de concentrarse en reducir la inseguridad, o combatir sin excepciones la corrupción, o enfrentar con responsabilidad la emergencia&#160; sanitaria, o atender con eficacia los problemas de la economía en severa crisis, el Presidente se&#160; empeña en fomentar la división entre los mexicanos dividiéndolos arbitrariamente en “conservadores” y “liberales”, atribuyendo a los primeros una enemistad y a los segundos buenas intenciones. Aprovecha la mayoría de su partido en el ámbito legislativo para fortalecer su poder personal y&#160; neutralizar o someter a los organismos autónomos y subordinar a sus designios a la disidencia, afectando así los avances en la democratización del sistema político. Todo con el&#160; complaciente disimulo del poder legislativo. &#160; Cada «mañanera» juega a “tirar la piedra y esconder la mano”&#160; e incita a perseguir a culpables previamente seleccionados. Es una “distracción” perversa pero pintoresca en la conducta presidencial que entretiene y deslumbra al amplio público. El Presidente señala a sus oponentes de “conservadores” y esconde así su propio conservadurismo. El Presidente López Obrador se encuentra anclado al “espíritu de asamblea” y no ha podido transitar al “espíritu de gobierno”, tal vez porque es un hombre con&#160; ideas fijas, obeso de dogmáticas e inciertas verdades, arropado con dudosas certezas ideológicas e inundado de añejas&#160; obsesiones personales. El Presidente López Obrador mantiene y difunde su imagen como líder infalible, no retrocede, como caudillo invulnerable que no muestra debilidades y&#160; por largo tiempo se resistió, por ejemplo, a usar tapabocas, cuando no lo desaconseja, ante el coronavirus. Tampoco se hace exámenes con regularidad y en la etapa del acmé de la pandemia reta al destino con giras a ras de tierra por los estados de la república. Un guía nada vulnerable y siempre inequívoco: ¿qué más pueden soñar los mexicanos para estos tiempos difíciles y complicados? Pero México necesita un Presidente que asuma sus responsabilidades, no un predicador itinerante. Para rematar esa serie de desviaciones en su obligación de gobernar con responsabilidad, el 10 de junio de este año coronó su obsesión política con la imprudente e inescrupulosa presentación&#160; de un documento anónimo que bosqueja un “Bloque Opositor Amplio (BOA)”, que resultó falso, y con eso intentó fabricar la existencia de un bloque&#160; cuyo&#160; “pecado”&#160; sería ejercer el derecho democrático de disentir,&#160; participar en la vida política y competir en las elecciones&#160; (gubernaturas, diputaciones, alcaldías en el 2021). Vemos aquí al Presidente López Obrador dedicado a censurar y pervertir el juego democrático atribuyéndole&#160; intenciones de dañar a su figura política. La realidad es que&#160; exhibe su intento&#160; de clausurar la competencia democrática, en lugar de promoverla. Vemos a un Presidente que, en su extravío como gobernante, percibe en la disidencia actos de conspiración en su contra, y en forma irresponsable desatiende las medidas para enfrentar el contagio del virus Covid-19, mientras miles lo padecen y otros miles mueren. La pandemia persiste y se agrava mientras el Presidente anuncia y anuncia la fantasía de estar superando semejante flagelo. En suma, observamos a un Presidente obsesionado con sus caprichos y ocurrencias en el manejo del país, que descuida sus funciones centrales e invierte mucho tiempo en dividir a la población, en pelearse con sus críticos, en fabricar bloques de oposición para justificar los intentos de fortalecer su poder personal. Sus “mañaneras” son fuente inagotable&#160; de nuevas distracciones. Este desvío exige que reoriente sus tareas y gobierne responsablemente. Es indispensable que atienda los problemas más serios del país en lugar de arrastrar a la nación hacia un enfrentamiento innecesario y peligroso, en lugar de entretenerse con pleitos diarios para estimular a sus seguidores.&#160; En una palabra: que dedique su sexenio a gobernar con responsabilidad, que deje de operar como “Príncipe de la Discordia”, y se aleje de&#160; la megalomanía, de la desmesura y los excesos, tentaciones propias del poder y su entorno, al alcance de la mano.&#160; Tenemos a un Presidente que desde el inicio de su sexenio afirmó que&#160; él tiene el mando de la república, que no es florero, y ha estado, feliz, feliz, recorriendo el país luciendo su legítimo mandato sin advertir que “no es lo mismo llevar el timón que gobernar las riendas” (Ariosto), pues una cosa es&#160; portar la banda presidencial y otra regir, conducir, guiar el desarrollo de una nación en armonía y equilibrada participación de todos los sectores sociales. Observamos a un Presidente carente de&#160; soluciones adecuadas a los problemas esenciales (economía, salud, entre otros), mientras ante sus ojos se incrementa la inseguridad pública y se consolidan las bandas delictivas como “pequeñas soberanías” sustentables que amenazan con perpetuarse en el país.&#160; Observamos a un Presidente que privilegia sus obsesiones y ocurrencias, que simula gobernar para todos. Un Presidente que inunda a la población con discursos y chistoretes, que señala enemigos y denuncia complots, pero disimula la ineficiencia e incapacidad para gobernar con armonía y templanza. Simular y disimular ha sido su conducta diaria. Vive en un mundo ensoñado, al parecer inventado por una fantasía paranoica: un hombre envuelto en la tentación constante de pasar de las “verdades inciertas”&#160; a las “falsas certezas” que mucho fomentan la imaginación&#160; mesiánica y religiosa.&#160; Para garantizar que el Presidente cumpla con sus obligaciones constitucionales de atender los problemas graves del país (la economía en&#160; crisis y el desempleo, la elevada inseguridad, la corrupción sin distinciones, transparencia en la aplicación de políticas sociales, la pandemia y sus efectos económicos y familiares….), es pertinente y legalmente permisible organizarse para centrarlo en el camino del buen gobierno que atienda a todos los mexicanos sin distinciones. Por ello son necesarios los contrapesos que limiten el poder presidencial con una representación equilibrada en el Congreso,&#160; robustecer&#160; la democracia&#160; y evitar así el riesgo de fabricar a un tirano en México, pues con frecuencia esos poderes autoritarios y personales suelen iniciarse como “festivales de los deprimidos” (John Gray) que sienten por fin alcanzar la cima del poder.&#160; Esbozamos, pues,&#160; algunos&#160; comentarios y observaciones para la contienda electoral en el 2021 y etapa subsiguiente:&#160; 1. Es importante equilibrar la representación en el Cámara de Diputados&#160; y evitar que un solo partido (hoy MORENA) tenga mayoría absoluta y se obligue así a negociar. Fortalecer&#160; al poder legislativo federal como contrapeso del Ejecutivo; que sea un&#160; organismo de contención de&#160; extravíos y desmesuras, y&#160; reorientar al Presidente López Obrador hacia los problemas centrales del país. Es la unidad en propósitos, no la discordia social lo que México necesita. 2.&#160; Privilegiar en las regiones el apoyo multipolar a candidatos con probabilidades de éxito para ganar gubernaturas y congresos locales. 3. Exigir a nuestro Presidente que atienda los problemas vitales del país, que cumpla con la Constitución y con la función para la que fue electo. Que gobierne como Presidente de todos los mexicanos, no como líder de facciones y de una nueva oligarquía. En su fortaleza está también su debilidad: fue electo como Presidente, pues que cumpla y respete la ley. En esto radica su fuerza y su flaqueza. 4. Evitar que la revocación del mandato, o la exigencia de su renuncia, o sus diarios exabruptos y denuncias del gobierno anterior, inunden&#160; la contienda electoral del 2021. En su lugar, demandar que atienda los problemas centrales del país y se concentre en gobernar responsablemente, que suspenda su discurso lleno de hostilidades, que detenga la discordia social que ha venido promoviendo, inventando incluso ser víctima de complots y conspiraciones. 5. Rescatar al Presidente López Obrador de su raro “extravío” (menos avión presidencial y más atención a la pandemia del Covid-19, por ejemplo); dejar de gobernar por tanteos, que asuma la responsabilidad de hombre de Estado y gobierne para todos, sin distinción alguna. (20/Junio/2020). 6. No hay duda, por todos los medios posibles, el Presidente López Obrador intervendrá en los comicios del 2021, con sutilezas o sin ellas. Descalificar al Instituto Nacional Electoral (INE), intentar someterlo, es parte de la estrategia de imponerse en las elecciones. La realidad es que hay un arsenal de recursos para incidir coincidentemente en la campaña electoral 2021 y más allá: se perfila una dosificación político-electoral de los&#160; casos de corrupción que desde hoy empiezan a introducirse en el escenario como el asunto Ayotzinapa, descalificando la investigación heredada y acusando al responsable de investigar. Se añade la extradición de Emilio Lozoya desde España acusado de corrupción como director de Pemex en el sexenio anterior y eso apunta a señalar a Luis Videgaray y eventualmente al expresidente Enrique Peña Nieto, en una palabra, la persecución de altos funcionarios como referencia mediática en tiempos electorales, más los que vayan apareciendo como el de César Duarte Jáquez, exgobernador de Chihuahua. Y así, las dosis irán apareciendo. Tiene también el Presidente a su alcance el uso de posturas &#160; antimperialistas para estimular el atávico sentir antinorteamericano (antiyanqui) en la población, aunque hoy sólo exhiba una curiosa sumisión (táctica, dicen algunos) a las groserías y caprichos de Donald Trump. El nacionalismo tiene sus vértebras centrales en la formación de identidades colectivas sustentadas en el lenguaje, etnia, itinerario, mitos fundacionales, sentimientos y emociones&#160; compartidas, etc., y, arropado en estos ingredientes nacionalistas, el populismo añade la agitación por la igualdad social&#160; y la “materialización” de la soberanía del pueblo en un líder que se eleva ante las viejas élites del poder. Este contexto también debe de&#160; considerarse hoy en México. &#160; No obstante los deplorables resultados de la lucha contra la inseguridad pública, la ocasión puede presentar éxitos ocasionales que maticen sus continuos descalabros. Esto para enumerar algunos componentes de ese arsenal. El populismo mexicano, pues, tiene aún tela de donde cortar para exaltar a sus seguidores… Son recursos a explotar que deben valorarse en toda proyección de la contienda electoral. En cambio, la crisis sanitaria por la pandemia y los malestares en la economía muestran debilidades que demandan su análisis crítico.&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;...]]></description>
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<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>El estilo es el hombre</em></p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó la presidencia de la República el 2018 con amplio margen para gobernar con la unión entre los mexicanos, para combatir la alta inseguridad pública, abatir la vieja corrupción, mejorar el desarrollo económico y la economía familiar, para generar más empleos y desplegar sus políticas sociales, para fortalecer la democracia y las libertades políticas, para robustecer el papel de México y&nbsp; mexicanos ante el resto del mundo: son tareas sustantivas, amén de muchas otras actividades. Pero el éxito, frecuentemente,&nbsp; se acompaña de otro resultado: toda victoria trae casi siempre algo de soberbia, algo de insolencia, y este gobierno, por desgracia,&nbsp; se contagió muy pronto con esos males encarnados en el “estilo personal de gobernar”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La realidad es que México cuenta hoy con un&nbsp; liderazgo emanado del populismo con esquemas atípicos en su forma de ejercer el poder. Una Presidencia casi itinerante por el país y centrada en la omnipresencia parlante del titular empeñado en ser el vértice central de toda, toda la vida política de la nación. Un Presidente que construyó su camino hacia el poder desde una postura ajena (así lo presume) al tradicional sistema de partidos y fuera de la “mafia en el poder”: una especie de <em>outsider</em> que anuncia el renacimiento del régimen político, la eliminación de vicios y corrupción que han inundado al país, por ello siempre&nbsp; descalifica lo heredado&nbsp; y&nbsp; promete&nbsp; rehacer todo de nuevo. De aquí su Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) con un cometido moralizante de la vida política. Esta novedad demanda constante observación y vigilancia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A más de año y medio del gobierno de López Obrador, las funciones centrales atraviesan hoy por desórdenes, desviaciones&nbsp; y retrocesos que es preciso reencauzar. Y por si algo faltase, a ello se han añadido desde enero del 2020 las complicaciones derivadas de la pandemia del covid-19. La situación demanda, pues,&nbsp; un gobierno capaz, hábil para sortear, no evadir, las dificultades, porque las soluciones no brotan de “decálogos”, ni de estampas, ni de simples buenas intenciones parroquiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La función de gobernar en México, por desgracia,&nbsp; transita hoy&nbsp; por lamentables tropiezos. El Presidente López Obrador&nbsp; exhibe un pasmoso desconcierto y banaliza la seriedad de los problemas. Lejos de concentrarse en reducir la inseguridad, o combatir <em>sin excepciones</em> la corrupción, o enfrentar con responsabilidad la emergencia&nbsp; sanitaria, o atender con eficacia los problemas de la economía en severa crisis, el Presidente se&nbsp; empeña en fomentar la división entre los mexicanos dividiéndolos arbitrariamente en “conservadores” y “liberales”, atribuyendo a los primeros una enemistad y a los segundos buenas intenciones. Aprovecha la mayoría de su partido en el ámbito legislativo para fortalecer su poder personal y&nbsp; neutralizar o someter a los organismos autónomos y subordinar a sus designios a la disidencia, afectando así los avances en la democratización del sistema político. Todo con el&nbsp; complaciente disimulo del poder legislativo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada «mañanera» juega a “tirar la piedra y esconder la mano”&nbsp; e incita a perseguir a culpables previamente seleccionados. Es una “distracción” perversa pero pintoresca en la conducta presidencial que entretiene y deslumbra al amplio público. El Presidente señala a sus oponentes de “conservadores” y esconde así su propio conservadurismo. El Presidente López Obrador se encuentra anclado al “espíritu de asamblea” y no ha podido transitar al “espíritu de gobierno”, tal vez porque es un hombre con&nbsp; ideas fijas, obeso de dogmáticas e inciertas verdades, arropado con dudosas certezas ideológicas e inundado de añejas&nbsp; obsesiones personales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Presidente López Obrador mantiene y difunde su imagen como líder infalible, no retrocede, como caudillo invulnerable que no muestra debilidades y&nbsp; por largo tiempo se resistió, por ejemplo, a usar tapabocas, cuando no lo desaconseja, ante el coronavirus. Tampoco se hace exámenes con regularidad y en la etapa del acmé de la pandemia reta al destino con giras a ras de tierra por los estados de la república. Un guía nada vulnerable y siempre inequívoco: ¿qué más pueden soñar los mexicanos para estos tiempos difíciles y complicados? Pero México necesita un Presidente que asuma sus responsabilidades, no un predicador itinerante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para rematar esa serie de desviaciones en su obligación de gobernar con responsabilidad, el 10 de junio de este año coronó su obsesión política con la imprudente e inescrupulosa presentación&nbsp; de un documento anónimo que bosqueja un “Bloque Opositor Amplio (BOA)”, que resultó falso, y con eso intentó fabricar la existencia de un bloque&nbsp; cuyo&nbsp; “pecado”&nbsp; sería ejercer el derecho democrático de disentir,&nbsp; participar en la vida política y competir en las elecciones&nbsp; (gubernaturas, diputaciones, alcaldías en el 2021). Vemos aquí al Presidente López Obrador dedicado a censurar y pervertir el juego democrático atribuyéndole&nbsp; intenciones de dañar a su figura política. La realidad es que&nbsp; exhibe su intento&nbsp; de clausurar la competencia democrática, en lugar de promoverla. Vemos a un Presidente que, en su extravío como gobernante, percibe en la disidencia actos de conspiración en su contra, y en forma irresponsable desatiende las medidas para enfrentar el contagio del virus Covid-19, mientras miles lo padecen y otros miles mueren. La pandemia persiste y se agrava mientras el Presidente anuncia y anuncia la fantasía de estar superando semejante flagelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En suma, observamos a un Presidente obsesionado con sus caprichos y ocurrencias en el manejo del país, que descuida sus funciones centrales e invierte mucho tiempo en dividir a la población, en pelearse con sus críticos, en fabricar bloques de oposición para justificar los intentos de fortalecer su poder personal. Sus “mañaneras” son fuente inagotable&nbsp; de nuevas distracciones. Este desvío exige que reoriente sus tareas y gobierne responsablemente. Es indispensable que atienda los problemas más serios del país en lugar de arrastrar a la nación hacia un enfrentamiento innecesario y peligroso, en lugar de entretenerse con pleitos diarios para estimular a sus seguidores.&nbsp; En una palabra: que dedique su sexenio a gobernar con responsabilidad, que deje de operar como “Príncipe de la Discordia”, y se aleje de&nbsp; la megalomanía, de la desmesura y los excesos, tentaciones propias del poder y su entorno, al alcance de la mano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos a un Presidente que desde el inicio de su sexenio afirmó que&nbsp; él tiene el mando de la república, que no es florero, y ha estado, feliz, feliz, recorriendo el país luciendo su legítimo mandato sin advertir que “no es lo mismo llevar el timón que gobernar las riendas” (Ariosto), pues una cosa es&nbsp; portar la banda presidencial y otra regir, conducir, guiar el desarrollo de una nación en armonía y equilibrada participación de todos los sectores sociales. Observamos a un Presidente carente de&nbsp; soluciones adecuadas a los problemas esenciales (economía, salud, entre otros), mientras ante sus ojos se incrementa la inseguridad pública y se consolidan las bandas delictivas como “pequeñas soberanías” sustentables que amenazan con perpetuarse en el país.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Observamos a un Presidente que privilegia sus obsesiones y ocurrencias, que simula gobernar para todos. Un Presidente que inunda a la población con discursos y chistoretes, que señala enemigos y denuncia complots, pero disimula la ineficiencia e incapacidad para gobernar con armonía y templanza. Simular y disimular ha sido su conducta diaria. Vive en un mundo ensoñado, al parecer inventado por una fantasía paranoica: un hombre envuelto en la tentación constante de pasar de las “verdades inciertas”&nbsp; a las “falsas certezas” que mucho fomentan la imaginación&nbsp; mesiánica y religiosa.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para garantizar que el Presidente cumpla con sus obligaciones constitucionales de atender los problemas graves del país (la economía en&nbsp; crisis y el desempleo, la elevada inseguridad, la corrupción sin distinciones, transparencia en la aplicación de políticas sociales, la pandemia y sus efectos económicos y familiares….), es pertinente y legalmente permisible organizarse para centrarlo en el camino del buen gobierno que atienda a todos los mexicanos sin distinciones. Por ello son necesarios los contrapesos que limiten el poder presidencial con una representación equilibrada en el Congreso,&nbsp; robustecer&nbsp; la democracia&nbsp; y evitar así el riesgo de fabricar a un tirano en México, pues con frecuencia esos poderes autoritarios y personales suelen iniciarse como “festivales de los deprimidos” (John Gray) que sienten por fin alcanzar la cima del poder.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esbozamos, pues,&nbsp; algunos&nbsp; <strong>comentarios</strong> y <strong>observaciones</strong> para la contienda electoral en el 2021 y etapa subsiguiente:&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Es importante equilibrar la representación en el Cámara de Diputados&nbsp; y evitar que un solo partido (hoy MORENA) tenga mayoría absoluta y se obligue así a negociar. Fortalecer&nbsp; al poder legislativo federal como contrapeso del Ejecutivo; que sea un&nbsp; organismo de contención de&nbsp; extravíos y desmesuras, y&nbsp; reorientar al Presidente López Obrador hacia los problemas centrales del país. Es la unidad en propósitos, no la discordia social lo que México necesita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.&nbsp; Privilegiar en las regiones el apoyo multipolar a candidatos con probabilidades de éxito para ganar gubernaturas y congresos locales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Exigir a nuestro Presidente que atienda los problemas vitales del país, que cumpla con la Constitución y con la función para la que fue electo. Que gobierne como Presidente de todos los mexicanos, no como líder de facciones y de una nueva oligarquía. En su fortaleza está también su debilidad: fue electo como Presidente, pues que cumpla y respete la ley. En esto radica su fuerza y su flaqueza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. Evitar que la revocación del mandato, o la exigencia de su renuncia, o sus diarios exabruptos y denuncias del gobierno anterior, inunden&nbsp; la contienda electoral del 2021. En su lugar, demandar que atienda los problemas centrales del país y se concentre en gobernar responsablemente, que suspenda su discurso lleno de hostilidades, que detenga la discordia social que ha venido promoviendo, inventando incluso ser víctima de complots y conspiraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Rescatar al Presidente López Obrador de su raro “extravío” (menos avión presidencial y más atención a la pandemia del Covid-19, por ejemplo); dejar de gobernar por tanteos, que asuma la responsabilidad de hombre de Estado y gobierne para todos, sin distinción alguna. (20/Junio/2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. No hay duda, por todos los medios posibles, el Presidente López Obrador intervendrá en los comicios del 2021, con sutilezas o sin ellas. Descalificar al Instituto Nacional Electoral (INE), intentar someterlo, es parte de la estrategia de imponerse en las elecciones. La realidad es que hay un arsenal de recursos para incidir coincidentemente en la campaña electoral 2021 y más allá: se perfila una dosificación político-electoral de los&nbsp; casos de corrupción que desde hoy empiezan a introducirse en el escenario como el asunto Ayotzinapa, descalificando la investigación heredada y acusando al responsable de investigar. Se añade la extradición de Emilio Lozoya desde España acusado de corrupción como director de Pemex en el sexenio anterior y eso apunta a señalar a Luis Videgaray y eventualmente al expresidente Enrique Peña Nieto, en una palabra, la persecución de altos funcionarios como referencia mediática en tiempos electorales, más los que vayan apareciendo como el de César Duarte Jáquez, exgobernador de Chihuahua. Y así, las dosis irán apareciendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiene también el Presidente a su alcance el uso de posturas &nbsp; antimperialistas para estimular el atávico sentir antinorteamericano (antiyanqui) en la población, aunque hoy sólo exhiba una curiosa sumisión (táctica, dicen algunos) a las groserías y caprichos de Donald Trump. El nacionalismo tiene sus vértebras centrales en la formación de identidades colectivas sustentadas en el lenguaje, etnia, itinerario, mitos fundacionales, sentimientos y emociones&nbsp; compartidas, etc., y, arropado en estos ingredientes nacionalistas, el populismo añade la agitación por la igualdad social&nbsp; y la “materialización” de la soberanía del pueblo en un líder que se eleva ante las viejas élites del poder. Este contexto también debe de&nbsp; considerarse hoy en México. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante los deplorables resultados de la lucha contra la inseguridad pública, la ocasión puede presentar éxitos ocasionales que maticen sus continuos descalabros. Esto para enumerar algunos componentes de ese arsenal. El populismo mexicano, pues, tiene aún tela de donde cortar para exaltar a sus seguidores… Son recursos a explotar que deben valorarse en toda proyección de la contienda electoral. En cambio, la crisis sanitaria por la pandemia y los malestares en la economía muestran debilidades que demandan su análisis crítico.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">7. <em>La persona</em>. La contienda electoral no es contra el Presidente AMLO, ni contra su persona. Es lucha democrática por las instituciones y no debe caerse&nbsp; en la inercia presidencial de trivializar y cuestionar la función de esas instituciones. Con su habitual lenguaje dicharachero y provocador,&nbsp; el Presidente&nbsp; a diario arrastra hacia discusiones y debates que a veces ofrecen ventajas momentáneas a la crítica y descuidan la atención hacia&nbsp; los intereses permanentes y fundamentales de la democracia.&nbsp; Es una trampa&nbsp; que oculta, que camufla el credo ideológico de un líder absorbente y dominante, camuflaje&nbsp; que deberá sortearse en todo el sexenio, con mayor énfasis en la etapa electoral del 2021. Porque <em>“con el poder se transforma todo. Es parecido al fuego voraz: atrae, consume, vuelve en cenizas. Casi no hay cosa que le resista, si es grande. Todo lo quiere tener sujeto. Pone por ley inviolable, el gusto”</em> (Richelieu). ¡Su gusto! &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sobre todas las cosas (dicho esto por el máximo exponente del poder absoluto),&nbsp; no olvidemos que <em>“los hombres no son ángeles, sino criaturas a quienes el poder excesivo termina casi siempre por darles alguna tentación de usarlo”</em> (Luis XIV). No sobra anotar aquí otras viejas advertencias sobre la, al parecer, insoluble debilidad humana ante el&nbsp; poder, “porque el placer de mandar conduce a los hombres fuera de los límites de lo honesto y de lo justo” (G. Botero). Recordemos que “<em>el deseo de dominio es un demonio que no se ahuyenta con agua bendita</em>” (T. Bocalini).&nbsp; Tales debilidades no están ausentes del panorama mexicano. Advirtamos pues que el&nbsp; “estilo personal de gobernar” de AMLO es la sigilosa vereda del retorno a un presidencialismo unipersonal y autoritario, por ello hay que fortalecer instituciones y organismos de control de excesos: las elecciones permiten&nbsp; esas contenciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No olvidemos que el “estilo personal de gobernar” remite a las formas que una persona adopta para ejercer el poder y en nuestro caso el Presidente&nbsp; López Obrador&nbsp; está en proceso de concentrar&nbsp; en sus manos el poder político sin permitir el desenvolvimiento de instancias intermedias y/o de contrapesos al ejercicio unipersonal del poder político. Por el contrario, el “arte de gobernar” refiere, notablemente, a la deliberación en los asuntos importantes, y tomar consejo de diversas fuentes y de otras personas no es signo de debilidad ni de limitaciones, sino evidencia la prudencia y solidez en la toma de decisiones. El Presidente de México deambula por los vericuetos de su “estilo personal de gobernar” y no lo vemos transitar hacia el “arte de gobernar”, pues en su óptica alejarse del “estilo personal” sería admitir que es un florero en Palacio Nacional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. <em>El discurso</em>. El gobierno de López Obrador nació bautizado por él mismo como la Cuarta Transformación (4T) del país, atribuyéndole alcances históricos pretenciosos. Esta creencia es el primer eslabón ideológico de un discurso elemental con dos frentes sociales: el líder con su “pueblo bueno y sabio”, de un lado, y el resto de la población que no comulga con su visión, o es indiferente (los llamados “conservadores”,&nbsp;“neoliberales”).&nbsp;Para&nbsp; ello el Presidente atiza la confrontación social desde las mañaneras y en cuanta tribuna y ocasión aparezca en su itinerario.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde su privilegiada investidura, el Presidente abruma con su presencia mediática los siete días de la semana, mañana y tarde. Es parte de su ansiada impronta en la sociedad. Otros eslabones ideológicos impulsan sus acciones, por ejemplo: tiene aversión a la separación neoliberal entre el mercado y el gobierno, y se inclina por una economía con una Estado interventor y regulador como hace 50 años en México. Incomoda al Presidente la presencia de organismos autónomos que regulan aspectos de la vida económica y política, organismos independientes del Gobierno (Supremo Tribunal de Justicia, INE, Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Comisión Federal de Competencia (Cofece), etc., y busca desaparecerlos o someterlos al&nbsp; control gubernamental. La concentración del poder en su persona demanda esa sumisión. La verborrea del Ejecutivo apunta hacia esa meta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El discurso presidencial elabora un andamiaje ideológico que cohesione a su alrededor a una amplia base social (los menos favorecidos, dice).&nbsp; Se afana el hombre por desacreditar a sus críticos y califica como ataque lo que es crítica necesaria; se victimiza como el más atacado (pero disimula sus diarios insultos a quienes no están con él); difunde imagen de sencillez y de austeridad y se pasea entre la población: desciende del alto pedestal hacia los hombres comunes. En una palabra, engendra esperanzas, mesiánicas algunas, en amplios sectores. Pero hay algo más de singular interés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9.&nbsp; <em>El partido</em>. MORENA, cohesionado por la figura presidencial, es un amasijo de grupos y con variopinta ideología. Agrupa en general a descontentos con el régimen tradicional (PRI, PAN, PRD) y condensa un sentimiento amplio de cansancio con la corrupción, la desigualdad, la inseguridad, la injusticia, entre otras cosas. Se identifica ese conglomerado como la izquierda de hoy. Un personaje populachero, contradictorio, se ha erigido como el emblema de la cohesión y la transformación. Sectores sociales se entusiasman e incluso actores diversos que vienen de la izquierda tradicional (de inspiración marxista, o leninista, maoísta, castrista, o lo que hubiere). Los descalabros históricos del socialismo dejaron una izquierda “huérfana de la totalidad” (Claudio Magris), desamparada del totalitarismo, que hoy recobra bríos y siente avanzar hacia una transformación social, o que al menos&nbsp;tiene la oportunidad ahora. Encabezados todos ellos por su líder, a fuerza de repetir los sonsonetes ideológicos de su jefe van integrando un credo, un catecismo aglutinador de conciencias ilustradas por la figura del Presidente López Obrador. Es la faceta “subversiva” del nuevo estilo personal de gobernar que embruja a muchos y adormece a otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, pues, se ha venido instalando un discurso estatista, con simpatías hacia un Estado fuerte, autoritario, que demanda adhesión ante todo.&nbsp; Difunde una especie de religión camuflada y sustentada por la fe en el líder envuelto en un espíritu doctrinario (humanista dice), como una aliada de la concentración del poder político autoritario en sus manos. Y se asoma ya el semblante borroso aún de una “tiranía dogmática” emanada curiosamente de un movimiento en pro de la libertad, la igualdad y de la democracia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Presidente, con su repetitiva logorrea busca identificar un frente perverso y maligno, opuesto a la llamada 4T, cuya sola mención&nbsp; despierte en el amplio público la sensación de una certidumbre emocional&nbsp; que perciba maldad y odio en palabras como “neoliberal”, “conservador”,&nbsp; y tantas otras del florido jardín tropical del hombre de Macuspana. Intenta así cohesionar una base social rehén de su inventiva ideológica. El Presidente percibe las diferencias de opinión ante las suyas como evidencia de conspiración en su contra. Es ese un estilo de mando intolerante y persecutorio de la discrepancia; un estilo de gobierno que demanda sumisión y servidumbre, algo muy alejado de la vida democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la privilegiada tribuna de la Presidencia, sin prohibir la libertad de expresión, el Ejecutivo, eso sí,&nbsp; la censura y la asfixia con su abrumadora presencia en los medios; la sofoca,&nbsp; y así inhibe ese principio central de la democracia que es la libertad de palabra. Son los afanes del demagogo. Esto es también parte del nuevo “estilo personal de gobernar” que debe analizarse, observarse con seriedad y firmeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este escenario con un liderazgo vorazmente concentrador de las aspiraciones colectivas en una persona, cobra gran actualidad atenernos a este añejo y firme precepto liberal: “<em>Si hay un principio cierto en política, es el de que no existe virtud en los gobernantes capaz de sustituir a las salvaguardias de la ley”</em>.&nbsp; (J. Bentham). Y esto es camino a seguir. &nbsp; (9/Julio/2020).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;10.&nbsp; <em>El estilo</em>.&nbsp; El estilo surge del orden y movimiento que se pone en los pensamientos,&nbsp; el estilo, pues,&nbsp; dibuja al hombre (según dichos del Conde Buffon). Si deshojamos los abundantes y floridos discursos,&nbsp; advertiremos el sentido de ciertas decisiones, y en ese enorme escenario mediático que envuelve al Presidente encontraremos embozado al hombre real, al “rey desnudo” con sus íntimas aspiraciones; percibiremos al personaje que sin escrúpulo alguno&nbsp; construye y avanza hacia una&nbsp; concentración del poder político en manos presidenciales (meta política de la 4T). La naturaleza obsesiva de AMLO no admite retrocesos. Su persona es&nbsp; respetable sin duda, pero discordantes sus metas con las reglas esenciales de las sociedades democráticas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, además, en esos afanes va infiltrando una imponderable modalidad a su “estilo personal de gobierno” al ir paulatinamente subvirtiendo, contaminando&nbsp; los valores tradicionales de las Fuerzas Armadas (devoción a la patria, a la nación, la cohesión nacional) con tentadores intereses materiales: construcción de aeropuerto, sucursales bancarias&nbsp; y tramos del tren Maya; manejo de aduanas&nbsp; y puertos; seguridad pública, etc., más lo que se acumule. De esta forma identifica los nuevos beneficios a los militares con su persona.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una palabra, junto al fervor patriótico de las Fuerzas Armadas, este Presidente va labrando una especial y nueva lealtad de estas Fuerzas&nbsp; a su persona, al&nbsp; hombre que ofrenda inesperados intereses en la administración del país. Introduce, pues, en este sector militar un riesgo de desviación que antes no existía.&nbsp; Vemos entonces que el “estilo personal de gobernar”&nbsp; muestra al hombre&nbsp; edificando el andamiaje para ejercer, él solo, un poder presidencial altamente &nbsp; concentrado en su persona&nbsp; con débiles&nbsp; o nulos contrapesos. Un poder legislativo equilibrado puede limitar ese escenario. Las elecciones del 2021 ofrecen esa oportunidad. ¡No desperdiciarlas!,&nbsp;es el llamado.&nbsp; (18/Julio/2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>11. ¿Con D o sin D?</em>&nbsp; Ser o no ser, reza el dilema: ¿Emocracia o Democracia?&nbsp; Atravesamos al parecer por un fenómeno derivado de la democracia misma. La Emocracia (Democracia sin D) alude a la creciente influencia de las emociones, de las pasiones, en las conductas individuales y colectivas en la vida política&nbsp; de las sociedades.&nbsp; En la Emocracia las emociones mandan más que las mayorías y los sentimientos cuentan más que la razón. Cuanto más fuerte son los sentimientos, más fácil se pueden transformar en indignación y más influencia se adquiere. La Emocracia es una <em>pasión ideológica</em> llena de certidumbres incuestionables que rechazan la diferencia y promueven la identificación colectiva por medio de&nbsp; emociones, de&nbsp; sentimientos que&nbsp; ahorren el “incómodo” oficio de buscar respuestas personales. El sentir por encima de colegir.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Emocracia necesita la&nbsp; agitación constante de las pasiones en las masas y suele producir lamentables consecuencias: “Parálisis mental, pues ya&nbsp; alguien&nbsp; piensa por todos; parálisis política, pues el gran líder mesiánico ya actúa en ese campo a favor de sus subordinados, y parálisis de opinión, autocensura desmedida, pues el gran sacerdote opina con verdad y sapiencia sobre todos los asuntos con “una inteligencia superior”. “Obediencia y silencio, ignorancia y colaboración. ¡Vaya esperanza!” (palabras del poeta&nbsp; Carlos Fajardo Fajardo).&nbsp; Palabras que hoy retratan a México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestro país,&nbsp; el Presidente,&nbsp; en las “mañaneras” y en todos lados, fomenta en la población resentimientos, odios, descalificaciones, promesas, celebra éxitos pírricos; halaga sus pasiones, sus fobias, sus temores. El repetitivo discurso presidencial apunta a formar hombres crédulos en busca de certezas y rechaza a hombres que buscan entendimiento de la situación actual.&nbsp; De esta forma asedia&nbsp; AMLO la democracia real y se abroga el privilegio de&nbsp; proporcionar en exclusiva soluciones a&nbsp; problemas de la democracia real&nbsp; y&nbsp; desde el púlpito del jefe subvierte emocráticamente (con emociones negativas) la convivencia armoniosa de la sociedad.&nbsp;Cultiva así&nbsp; uno de los retorcidos objetivos de la llamada cuarta transformación: el tránsito de la Democracia a la Emocracia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siglos hace que Tomasso Campanella ilustró al decir: “<em>Para adquirir y gobernar y mantener los imperios tres instrumentos son necesarios: la lengua, la espada y el tesoro</em>”. Con ese lente, echemos un vistazo al México de ahora. Vemos cómo el uso de la lengua, del discurso, es muy prolífico en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador con sus llamadas “mañaneras”; que la espada (el ejército, la marina) se usa en múltiples tareas, como nunca antes actúa en la vida social y económica; y el tesoro (la hacienda) aplicada a las prioridades del Presidente en todos sentidos. He aquí&nbsp; una sencilla guía del aforismo. Pero hay algo adicional. &nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Opera una&nbsp; incesante labor presidencial&nbsp; para aglutinar y explotar&nbsp; las emociones de las masas, del llamado “pueblo sabio y bueno”, para cultivar y manipular con demagogia&nbsp; las pasiones. Ronda el ambiente una gran ambición del Presidente por trascender como algo especial y único en la historia; hay megalomanía, se padece y puede arrastrar a muchos a la embriaguez de las pasiones y las emociones favorables a su gusto. Ese tipo de cohesión social se enardece con las excitaciones del líder y puede llevar a riesgosos enfrentamientos. Como buen agibílibus, el Presidente viene tejiendo una identificación colectiva en torno a su discurso y su persona. Con sigiloso manejo emocional, teje la unidad ciudadana&nbsp; en torno a la concentración del poder en sus manos, y alrededor de sus aspiraciones de gran&nbsp; personalidad en la historia. Para lograr eso no hay escrúpulo alguno. Son las amenazas de la emocracia que inspira la llamada 4T (12/Agosto/2020).&nbsp; &nbsp;</p>
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		<title>Foro de discusión Documento I</title>
		<link>https://jaimegarciachavez.mx/documento-i/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[jaimegch]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jul 2019 18:21:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Nota preliminar:&#160; Con este documento abrimos un foro de discusión sobre la situación del país y el trazo de perspectivas. Son apuntalamientos, vendrán luego otros y hacia la etapa final de la deliberación, decantaremos un Manifiesto para una izquierda posible en México, y desde luego Chihuahua. *&#160; *&#160; * En la década de los años ochenta del siglo pasado, comenzó a darse de hecho una singular transición en México. El régimen político por decenios sustentado en el monopolio del poder a través de un “partido oficial” (el PRI), por obra de los comicios, empezó a transitar hacia un sistema de real competencia electoral&#160; y participación de otras fuerzas política en el gobierno. Esto desencadenó modificaciones en el funcionamiento del sistema político y en las estructuras de operación y control de la compleja vida social y política del país. Se conjugaron las formas tradicionales de ejercer el poder con nuevas circunstancias en la gobernanza de la realidad. La evolución fue paulatina, pausada pero inevitable. Así, en los últimos 30 años se vino instalando en México un régimen político gradualmente democrático con un poder presidencial más acotado, emergencia de poderes regionales (gobernadores) más relevantes, un cuerpo legislativo de contrapeso (y de excesos frecuentes, sobre todo en prestaciones y privilegios) y un ámbito judicial autónomo y fuerte. En paralelo y asociado a ello, se vino generando una amplia inseguridad pública con las actividades de organizaciones delincuenciales dedicadas al narcotráfico de drogas, extorsión y secuestro de personas, como si fuesen “soberanías especiales”, reforzadas por la corrupción y la impunidad, todo acompañado&#160; de una creciente desigualdad social. Se generó, pues, un proceso de alteración en el entramado del sistema político y se dislocaron los controles y términos de convivencia al generarse espacios nuevos de participación (honrada y delicuencial) en la sociedad. En este contexto se dio el paulatino acceso a diferentes niveles de gobierno a diversos actores políticos distintos al PRI, hasta llegar al año 2000 con el arribo a la Presidencia de la República del Partido Acción Nacional (PAN). &#160; &#160; La alternancia política coronada el año 2000 en la Presidencia de la República inauguró la nueva etapa, pero también desencadenó la proliferación de referentes políticos diversos al fortalecer una partidocracia que se adjudicó grandes prestaciones y privilegios, a la vez que continuó la formación de organismos autónomos como contrapesos del ejercicio gubernamental, junto con los poderes legislativo y judicial en autonomía creciente. Pero también se extendió la delincuencia organizada a la par que la corrupción y la impunidad aumentaron y se hicieron más exultantes. A partir del 2006 se tomaron decisiones fuertes para acometer la evolución de la delincuencia y se echó mano del Ejército para apoyar esa lucha y mejorar la seguridad pública, objetivo que hasta hoy (2019) no se ha logrado. Se aceleró así el desgaste del sistema tradicional y el fastidio y fatiga de la ciudadanía con el establishment fue incrementándose con los años.&#160; Finalmente, el 2018 hubo un desenlace decisivo en torno al cual necesitamos un diagnóstico y toma de posiciones. Tras más de 12 años de campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la ciudadanía expresó en las urnas simpatías por el discurso populista del candidato de MORENA y concedió el triunfo presidencial con 53% del padrón electoral a favor y un 47% del electorado en contra, o en abstención. La presencia pública de AMLO con dos campañas presidenciales como antecedente (2006 y 2012) y su ininterrumpida participación en todos esos años, volvieron familiar su imagen y sus ideas y disiparon los temores formados a su alrededor en el pasado. La familiaridad con las cosas o las personas las vuelve aceptables en el trato, acostumbra con su presencia y adormece las alertas de sus riesgos. En paralelo, el descontento, el fastidio, el enojo con los partidos tradicionales y los gobiernos anteriores (PRI y PAN) concentraron el rechazo y eso fue suficiente para entregar la Presidencia de la República a una oferta de cambio distintivo.&#160; Finalmente la visible ola populista instalada en muchos países se desplegó en México. Ese populismo, con alta concentración del poder personal, parece ser una respuesta a la sensación de abandono de las clases populares y ofrece una forma nueva de la acción colectiva; es una manera de hacer política que lo mismo se acomoda con fines nacionalistas de independencia ante una metrópoli, que de protección ante los competidores; lo mismo se ajusta al “nacionalismo revolucionario” aislacionista de López Obrador que al proteccionismo de Donald Trump. El populismo facilita el desarrollo de formas autoritarias en el ejercicio del poder, arropado y apoyado siempre por un “pueblo bueno» enardecido frente a una “élite corrupta” que –según el discurso público– ha evitado la prosperidad de la mayoría. La emergencia de este fenómeno tiene su razón de ser y desencadena –además– turbulencias dentro de las formas democráticas de gobierno que usualmente conducen a excesos de diverso tipo.&#160; ¿Qué tenemos hoy? Las elecciones del 1 de julio de 2018 llevaron al poder a López Obrador con su partido político (MORENA), encabezando un variado frente de intereses políticos e ideológicos. MORENA es un frente que aglutina a expriistas, populistas, tendencias de izquierda moderada y fanática, y sumaron fuerzas religiosas, magisteriales, etcétera. De inmediato el ganador bautizó como Cuarta Transformación (4T) su proyecto de país, prometiendo acabar con la corrupción e impunidad, mejorar la seguridad pública y reducir la delincuencia organizada, ampliar el reparto asistencial de apoyos a jóvenes, estudiantes y adultos mayores, entre otras cosas. Además del reparto clientelar de ayudas monetarias a jóvenes “ninis”, a estudiantes y adultos mayores, se ha medio militarizado la vida pública con una Guardia Nacional inédita, medida esta opuesta a lo prometido en campaña electoral. El Gobierno de López Obrador impulsa un cambio que debemos analizar por las consecuencias que entraña y por la variedad de manifestaciones que ha engendrado. El arribo de este proyecto y su frente político, con su impacto ha alterado el tejido de la partidocracia y seguramente se gestará con ello una reconfiguración del entramado político en México.&#160; Veamos pues los rasgos más importantes por las repercusiones que puede acarrear en la vida política y social de México.&#160; Régimen Político Llegamos al 2018 con un sistema democrático con deficiencias pero estable. Un régimen sustentado en elecciones, con cierto equilibrio de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y con varios organismos autónomos reguladores de la vida colectiva en sus ámbitos de competencia como el Instituto Nacional Electoral (INE), Comisión Reguladora de Energía (CRE), Banco de México, Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), entre otros, todos ellos con una función específica que sirve además de contrapeso y equilibrio en el ejercicio global del poder.&#160; Además de las características propias en cada país, en su naturaleza la democracia alberga fragilidades que pueden conducir a mejoras democráticas, o a desviaciones que dificultan a la misma democracia. En este sentido, varias medidas políticas promovidas por AMLO apuntan a fortalecer un poder personal y autoritario, y a debilitar las instituciones que dan soporte equilibrado a nuestra democracia mexicana. De esto alertamos aquí a la ciudadanía. Su avance es paulatino, silencioso, intangible a veces, y medio oculto en la inmensa variedad de temas que día con día introduce la verborrea presidencial.&#160; En esta abundante locuacidad predomina una constante referencia hacia épocas pasadas como algo mejor en la economía (el “desarrollo estabilizador” de los años 50, 60 y 70 del siglo anterior) y su añejo “nacionalismo revolucionario” derivado de la Revolución de 1910. El hombre en Palacio (el presidente) gusta referirse a ese pasado míticamente ensoñado como “tiempos mejores”.&#160; La versión presidencial del Plan Nacional de Desarrollo (2019-2024) muestra con claridad esa demagógica nostalgia. De esa ensoñada restauración autoritaria en curso hoy en México anotamos algunos de sus componentes. a) Construcción del poder personal. El nombramiento de superdelegados federales en los estados puede servir de base para operar un poder paralelo a los gobernadores y centralizado en la figura del presidente. Eso lastima el frágil federalismo, refuerza el centralismo y fortalece el poder personal del presidente de la república. De esta forma, según viejas palabras que vienen desde el Medioevo con Marsilio de Padua (1275-1342), se estimularía el ardenti desiderio principatus (el ardiente deseo de gobernar) y se desbocarían las ambiciones más diversas en las regiones. Esta medida se complementa con otras acciones. Nuevo federalismo es lo que se requiere.&#160; b) Disminuir la autonomía de los organismos autónomos. Con su inagotable fuente de comentarios, el presidente López Obrador, de cuando en cuando, pero con singular constancia, emite declaraciones descalificadoras de esos organismos con el propósito de descalificar su autoridad moral e institucional. O bien, apoderarse de ellos nombrando delegados afines a sus deseos. En la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por ejemplo, tiene ya a dos fieles seguidores y aspira a su control total. Este apoderamiento y/o sumisión, es parte del proceso de construcción de los gobiernos autoritarios. En este aspecto, hay mucha semejanza entre la conducta de Donald Trump y la de López Obrador: ironía de la vida. Apunta AMLO hacia una democracia autoritaria centrada en su persona. c) Desapego del Estado de derecho. Es parte del patrimonio cultural de los mexicanos buscar siempre cómo rodear a las leyes. Dejarse llevar por esta debilidad popular en el ejercicio del poder puede producir riesgosas consecuencias, además de ser un pésimo ejemplo. El actual presidente López Obrador padece esta inapropiada flaqueza. Además de burlar normas establecidas, al realizar múltiples adquisiciones el gobierno sin licitaciones, favoreciendo las compras directas (muchas veces fuente de corrupción tal método), la audacia llegó recientemente al extremo de enviar un memorándum a tres secretarios de estado, recomendando eludir parte de una ley constitucional educativa con la inaudita osadía de hacerlo por escrito y firmarla. Es prueba contundente de la actitud presidencial de sólo respetar las leyes cuando su capricho lo disponga y para ello se cobija en que prefiere la justicia a la ley. Los riesgos de esta postura son mayúsculos y debe someterse a una vigilancia ciudadana permanente.&#160; d) Voluntaria sumisión del contrapeso. Una sorpresa fue el amplio triunfo de Morena (López Obrador) en las elecciones de 2018. Obtuvo mayoría en las cámaras de diputados y senadores, y en 17 congresos de las entidades federativas. Un poder excepcional, como lo tuvo el PRI por decenios, para un hombre con singular vocación para ejercerlo y poseído por aquel sortilegio de que “el deseo de dominar&#160; es un demonio que no se ahuyenta&#160; con agua bendita” (Trajano Boccalini). Pero lo&#160; asombroso de esto es la indiferencia de la población hacia las medidas concentradoras del poder y la sumisión ante el poder Ejecutivo de organismos que deberían ser factor de equilibrio y de contrapeso, como las cámaras de diputados y senadores que, por obra y gracia de la mayoría que tiene MORENA, sus miembros gustan de ostentar su lamentable sometimiento ante su líder (al viejo estilo priista) y en coro gritan: “Es un honor estar con Obrador”. Tal expresión es una abierta renuncia a servir de contrapeso del Ejecutivo. “La obediencia anticipatoria” (Timothy Snyder) favorece la adaptación ante situaciones nuevas y se vuelve&#160; ingrediente central del éxito del autoritarismo. Por esto, la exigencia de que las instituciones conserven su función y no se degraden en su razón de ser para evitar que la democracia sea desmontada y sometida al capricho y ocurrencia de una persona, sea quien sea. &#160; e) Revocación del mandato. Este recurso es simplemente la ventana del presidente para espiar los estados de ánimo del “pueblo bueno y sabio”; es el lindero de las tentaciones a satisfacer las peticiones de la voluntad general, e intervenir en los procesos electorales intermedios. En todo caso debería dejarse en manos del pueblo semejante petición y no heredarla como obligada pregunta que se lanza desde el Ejecutivo. No todo fluye desde la montaña.&#160; Nacional populismo&#160; &#160; &#160; Se han señalado, y con razón, múltiples ingredientes que explican el enojo y descontento ciudadano que en muchos países han producido resultados electorales favorecedores del discurso populista con distintos signos ideológicos (izquierda, derecha, centristas, en fin). México no ha...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Nota preliminar:&nbsp;</p></blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Con este documento abrimos un foro de discusión sobre la situación del país y el trazo de perspectivas. Son apuntalamientos, vendrán luego otros y hacia la etapa final de la deliberación, decantaremos un Manifiesto para una izquierda posible en México, y desde luego Chihuahua.</em></p><p></p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph" style="text-align:center">*&nbsp; *&nbsp; *</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la década de los años ochenta del siglo pasado, comenzó a darse de hecho una singular transición en México. El régimen político por decenios sustentado en el monopolio del poder a través de un “partido oficial” (el PRI), por obra de los comicios, empezó a transitar hacia un sistema de real competencia electoral&nbsp; y participación de otras fuerzas política en el gobierno. Esto desencadenó modificaciones en el funcionamiento del sistema político y en las estructuras de operación y control de la compleja vida social y política del país. Se conjugaron las formas tradicionales de ejercer el poder con nuevas circunstancias en la gobernanza de la realidad. La evolución fue paulatina, pausada pero inevitable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, en los últimos 30 años se vino instalando en México un régimen político gradualmente democrático con un poder presidencial más acotado, emergencia de poderes regionales (gobernadores) más relevantes, un cuerpo legislativo de contrapeso (y de excesos frecuentes, sobre todo en prestaciones y privilegios) y un ámbito judicial autónomo y fuerte. En paralelo y asociado a ello, se vino generando una amplia inseguridad pública con las actividades de organizaciones delincuenciales dedicadas al narcotráfico de drogas, extorsión y secuestro de personas, como si fuesen “soberanías especiales”, reforzadas por la corrupción y la impunidad, todo acompañado&nbsp; de una creciente desigualdad social. Se generó, pues, un proceso de alteración en el entramado del sistema político y se dislocaron los controles y términos de convivencia al generarse espacios nuevos de participación (honrada y delicuencial) en la sociedad. En este contexto se dio el paulatino acceso a diferentes niveles de gobierno a diversos actores políticos distintos al PRI, hasta llegar al año 2000 con el arribo a la Presidencia de la República del Partido Acción Nacional (PAN). &nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alternancia política coronada el año 2000 en la Presidencia de la República inauguró la nueva etapa, pero también desencadenó la proliferación de referentes políticos diversos al fortalecer una partidocracia que se adjudicó grandes prestaciones y privilegios, a la vez que continuó la formación de organismos autónomos como contrapesos del ejercicio gubernamental, junto con los poderes legislativo y judicial en autonomía creciente. Pero también se extendió la delincuencia organizada a la par que la corrupción y la impunidad aumentaron y se hicieron más exultantes. A partir del 2006 se tomaron decisiones fuertes para acometer la evolución de la delincuencia y se echó mano del Ejército para apoyar esa lucha y mejorar la seguridad pública, objetivo que hasta hoy (2019) no se ha logrado. Se aceleró así el desgaste del sistema tradicional y el fastidio y fatiga de la ciudadanía con el <em>establishment</em> fue incrementándose con los años.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el 2018 hubo un desenlace decisivo en torno al cual necesitamos un diagnóstico y toma de posiciones. Tras más de 12 años de campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la ciudadanía expresó en las urnas simpatías por el discurso populista del candidato de MORENA y concedió el triunfo presidencial con 53% del padrón electoral a favor y un 47% del electorado en contra, o en abstención. La presencia pública de AMLO con dos campañas presidenciales como antecedente (2006 y 2012) y su ininterrumpida participación en todos esos años, volvieron familiar su imagen y sus ideas y disiparon los temores formados a su alrededor en el pasado. La familiaridad con las cosas o las personas las vuelve aceptables en el trato, acostumbra con su presencia y adormece las alertas de sus riesgos. En paralelo, el descontento, el fastidio, el enojo con los partidos tradicionales y los gobiernos anteriores (PRI y PAN) concentraron el rechazo y eso fue suficiente para entregar la Presidencia de la República a una oferta de cambio distintivo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente la visible ola populista instalada en muchos países se desplegó en México. Ese populismo, con alta concentración del poder personal, parece ser una respuesta a la sensación de abandono de las clases populares y ofrece una forma nueva de la acción colectiva; es una manera de hacer política que lo mismo se acomoda con fines nacionalistas de independencia ante una metrópoli, que de protección ante los competidores; lo mismo se ajusta al “nacionalismo revolucionario” aislacionista de López Obrador que al proteccionismo de Donald Trump. El populismo facilita el desarrollo de formas autoritarias en el ejercicio del poder, arropado y apoyado siempre por un “pueblo bueno» enardecido frente a una “élite corrupta” que –según el discurso público– ha evitado la prosperidad de la mayoría. La emergencia de este fenómeno tiene su razón de ser y desencadena –además– turbulencias dentro de las formas democráticas de gobierno que usualmente conducen a excesos de diverso tipo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué tenemos hoy?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones del 1 de julio de 2018 llevaron al poder a López Obrador con su partido político (MORENA), encabezando un variado frente de intereses políticos e ideológicos. MORENA es un frente que aglutina a expriistas, populistas, tendencias de izquierda moderada y fanática, y sumaron fuerzas religiosas, magisteriales, etcétera. De inmediato el ganador bautizó como Cuarta Transformación (4T) su proyecto de país, prometiendo acabar con la corrupción e impunidad, mejorar la seguridad pública y reducir la delincuencia organizada, ampliar el reparto asistencial de apoyos a jóvenes, estudiantes y adultos mayores, entre otras cosas. Además del reparto clientelar de ayudas monetarias a jóvenes “ninis”, a estudiantes y adultos mayores, se ha medio militarizado la vida pública con una Guardia Nacional inédita, medida esta opuesta a lo prometido en campaña electoral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Gobierno de López Obrador impulsa un cambio que debemos analizar por las consecuencias que entraña y por la variedad de manifestaciones que ha engendrado. El arribo de este proyecto y su frente político, con su impacto ha alterado el tejido de la partidocracia y seguramente se gestará con ello una reconfiguración del entramado político en México.&nbsp; Veamos pues los rasgos más importantes por las repercusiones que puede acarrear en la vida política y social de México.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Régimen Político</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegamos al 2018 con un sistema democrático con deficiencias pero estable. Un régimen sustentado en elecciones, con cierto equilibrio de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y con varios organismos autónomos reguladores de la vida colectiva en sus ámbitos de competencia como el Instituto Nacional Electoral (INE), Comisión Reguladora de Energía (CRE), Banco de México, Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), entre otros, todos ellos con una función específica que sirve además de contrapeso y equilibrio en el ejercicio global del poder.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las características propias en cada país, en su naturaleza la democracia alberga fragilidades que pueden conducir a mejoras democráticas, o a desviaciones que dificultan a la misma democracia. En este sentido, varias medidas políticas promovidas por AMLO apuntan a fortalecer un poder personal y autoritario, y a debilitar las instituciones que dan soporte equilibrado a nuestra democracia mexicana. De esto alertamos aquí a la ciudadanía. Su avance es paulatino, silencioso, intangible a veces, y medio oculto en la inmensa variedad de temas que día con día introduce la verborrea presidencial.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta abundante locuacidad predomina una constante referencia hacia épocas pasadas como algo mejor en la economía (el “desarrollo estabilizador” de los años 50, 60 y 70 del siglo anterior) y su añejo “nacionalismo revolucionario” derivado de la Revolución de 1910. El hombre en Palacio (el presidente) gusta referirse a ese pasado míticamente ensoñado como “tiempos mejores”.&nbsp; La versión presidencial del Plan Nacional de Desarrollo (2019-2024) muestra con claridad esa demagógica nostalgia. De esa ensoñada restauración autoritaria en curso hoy en México anotamos algunos de sus componentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">a) Construcción del poder personal. El nombramiento de superdelegados federales en los estados puede servir de base para operar un poder paralelo a los gobernadores y centralizado en la figura del presidente. Eso lastima el frágil federalismo, refuerza el centralismo y fortalece el poder personal del presidente de la república. De esta forma, según viejas palabras que vienen desde el Medioevo con Marsilio de Padua (1275-1342), se estimularía el <em>ardenti desiderio principatus</em> (el ardiente deseo de gobernar) y se desbocarían las ambiciones más diversas en las regiones. Esta medida se complementa con otras acciones. Nuevo federalismo es lo que se requiere.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">b) Disminuir la autonomía de los organismos autónomos. Con su inagotable fuente de comentarios, el presidente López Obrador, de cuando en cuando, pero con singular constancia, emite declaraciones descalificadoras de esos organismos con el propósito de descalificar su autoridad moral e institucional. O bien, apoderarse de ellos nombrando delegados afines a sus deseos. En la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por ejemplo, tiene ya a dos fieles seguidores y aspira a su control total. Este apoderamiento y/o sumisión, es parte del proceso de construcción de los gobiernos autoritarios. En este aspecto, hay mucha semejanza entre la conducta de Donald Trump y la de López Obrador: ironía de la vida. Apunta AMLO hacia una democracia autoritaria centrada en su persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">c) Desapego del Estado de derecho. Es parte del patrimonio cultural de los mexicanos buscar siempre cómo rodear a las leyes. Dejarse llevar por esta debilidad popular en el ejercicio del poder puede producir riesgosas consecuencias, además de ser un pésimo ejemplo. El actual presidente López Obrador padece esta inapropiada flaqueza. Además de burlar normas establecidas, al realizar múltiples adquisiciones el gobierno sin licitaciones, favoreciendo las compras directas (muchas veces fuente de corrupción tal método), la audacia llegó recientemente al extremo de enviar un memorándum a tres secretarios de estado, recomendando eludir parte de una ley constitucional educativa con la inaudita osadía de hacerlo por escrito y firmarla. Es prueba contundente de la actitud presidencial de sólo respetar las leyes cuando su capricho lo disponga y para ello se cobija en que prefiere la justicia a la ley. Los riesgos de esta postura son mayúsculos y debe someterse a una vigilancia ciudadana permanente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">d) Voluntaria sumisión del contrapeso. Una sorpresa fue el amplio triunfo de Morena (López Obrador) en las elecciones de 2018. Obtuvo mayoría en las cámaras de diputados y senadores, y en 17 congresos de las entidades federativas. Un poder excepcional, como lo tuvo el PRI por decenios, para un hombre con singular vocación para ejercerlo y poseído por aquel sortilegio de que “el deseo de dominar&nbsp; es un demonio que no se ahuyenta&nbsp; con agua bendita” (Trajano Boccalini). Pero lo&nbsp; asombroso de esto es la indiferencia de la población hacia las medidas concentradoras del poder y la sumisión ante el poder Ejecutivo de organismos que deberían ser factor de equilibrio y de contrapeso, como las cámaras de diputados y senadores que, por obra y gracia de la mayoría que tiene MORENA, sus miembros gustan de ostentar su lamentable sometimiento ante su líder (al viejo estilo priista) y en coro gritan: “Es un honor estar con Obrador”. Tal expresión es una abierta renuncia a servir de contrapeso del Ejecutivo. “La obediencia anticipatoria” (Timothy Snyder) favorece la adaptación ante situaciones nuevas y se vuelve&nbsp; ingrediente central del éxito del autoritarismo. Por esto, la exigencia de que las instituciones conserven su función y no se degraden en su razón de ser para evitar que la democracia sea desmontada y sometida al capricho y ocurrencia de una persona, sea quien sea. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">e) Revocación del mandato. Este recurso es simplemente la ventana del presidente para espiar los estados de ánimo del “pueblo bueno y sabio”; es el lindero de las tentaciones a satisfacer las peticiones de la voluntad general, e intervenir en los procesos electorales intermedios. En todo caso debería dejarse en manos del pueblo semejante petición y no heredarla como obligada pregunta que se lanza desde el Ejecutivo. No todo fluye desde la montaña.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nacional populismo&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se han señalado, y con razón, múltiples ingredientes que explican el enojo y descontento ciudadano que en muchos países han producido resultados electorales favorecedores del discurso populista con distintos signos ideológicos (izquierda, derecha, centristas, en fin). México no ha sido la excepción con el liderazgo de López Obrador al frente de un movimiento (MORENA) integrado por una mezcla de posturas políticas, opuestas a veces, y que hoy coexisten por la amalgama del líder y los éxitos electorales alcanzados, un movimiento-partido que rompe con el esquema de partidocracia tradicional y sugiere al ciudadano la emoción de liberarse del entramado dominante.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La desconfianza en los políticos, el descrédito de la partidocracia, la notoria corrupción por años alrededor del gobierno con la impunidad paralela, la crisis de seguridad pública que vive México desde hace 15 años al menos, los efectos negativos del neoliberalismo en economía agudizando la pobreza, la sensación de abandono en amplias multitudes frente a élites privilegiadas. Todo ello propició la formación de una masiva audiencia receptiva al lenguaje de un mundo binario: el pueblo de un lado, las élites de otro; los privilegiados frente a los desposeídos, los pobres. En suma, el discurso populista, obeso de buenas y atractivas promesas, fructificó y&nbsp; se expresó en las urnas con el resultado que hoy tenemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí donde las democracias en su seno han generado movimientos populistas que acceden al gobierno, la polarización política y social se ha agudizado. En nuestro caso la voz presidencial es el principal instigador de la división pues López Obrador no cesa de calificar a sus oponentes y críticos de fifís, conservadores, miembros de la mafia en el poder, descalifica a los medios de comunicación que no coinciden con sus pronunciamientos, no deja de enfatizar la oposición entre las clases (sectores) sociales, etcétera. Descalificar y demonizar el pasado es tarea cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una palabra, el hombre de Estado que escogió el elector en 2018 se comporta hoy como gladiador infatigable ante un amplio segmento de la población (el 47% que no votó por él, al menos) y día con día en conferencias “mañaneras” se afana en consagrarse como “Apóstol del Acoso” y “Príncipe de la Discordia”, dando así un pintoresco toque a nuestro desvencijado régimen democrático. Y de nuevo, en este punto, brota la inoportuna semejanza con Donald Trump quien no cesa de pelear con su entorno. Parece que los extremos tienden a tocarse. Mencionemos pilares más destacados del discurso populista del presidente López Obrador:</p>



<p class="wp-block-paragraph">• El pueblo es bueno y sabio. Manipula el concepto abstracto. Se cuida de mostrar las formas en que el pueblo se expresa. En las elecciones, por ejemplo, el pueblo actúa numéricamente y genera una aritmética que asigna triunfos y derrotas. En varias luchas sectoriales (sindicatos, ONGs, acciones populares, cívicas, etcétera) el pueblo actúa en la vida social; como actor de principios el pueblo expresa su personalidad en las leyes, en el derecho, en la Constitución. Son múltiples formas en las que se desdobla el pueblo, pero el demagogo sólo adula para explotar las emociones colectivas con fines de control y dominio. El discurso populista se especializa en contraponer al pueblo y las élites y tal oposición fue condensada por AMLO con la fórmula: “Primero los pobres”. El populista proyecta siempre una mística y mesiánica fusión entre el pueblo y el líder, por eso AMLO insiste en sus discursos: “No me dejen solo porque sin ustedes no valgo nada, o casi nada… Yo ya no me pertenezco, yo soy de ustedes…” (Discurso en el Zócalo, 1/XII/2018).&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">• La élite concentra privilegios y es corrupta. Clasifica y divide a la sociedad en dos campos. El pueblo bueno y la minoría rapaz y ventajosa. Atiza el resentimiento de la mayoría contra la minoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Explota sentimientos nacionalistas. Privilegia los “valores nacionales” frente a un mundo exterior que amenaza y puede ser hostil. Se resiste a aprovechar las ventajas de la globalidad y las relaciones internacionales y prefiere encerrase en sus fronteras diciendo: “la mejor política exterior es la política interior”. Y mantiene la manipulación de sentimientos nacionalistas en reserva para usarlos como herramienta de cohesión cuando las dificultades de la relación con Estados Unidos (léase Trump) lleguen a requerirlo. Será entonces cuando el “sentimiento antinorteamericano” latente en los mexicanos&nbsp; juegue su papel. Ya dio muestras del “sentimiento antiespañol” anidado en la enseñanza básica de historia en la escuela&nbsp; con una imprudente carta al rey de España. Un nacionalismo veleidoso acecha nuestro porvenir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Contra la corrupción y la impunidad. Promete acabar con la corrupción y ofrece su conducta como ejemplo, y no cesa de señalar a los gobiernos desplazados como fuente de maldad y perversión, a la vez que incurre en contradicción al proponer una política de punto final, imposible conforme a la ley.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Transmite la idea y sensación de encarnar la voluntad del pueblo, y para confirmar esa mística fusión con frecuencia realiza consultas en mítines de plazas públicas para mostrar la vitalidad y fuerza del pueblo actuante. Ensalza así la democracia directa, participativa, frente a la democracia representativa que tenemos. En realidad impulsa una democracia ancilar (sometida, doblegada).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estilo de gobierno</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin duda hay un nuevo estilo de gobierno, un estilo personal, más allá de las ideas políticas y planes de gobierno. Y, como apuntó un pensador francés, “el estilo es el hombre” (Buffon). Veamos entonces en qué consisten sus rasgos esenciales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">a) Imagen de modestia y austeridad. Se esfuerza AMLO por agradar a la población. Rechazó Los Pinos como residencia oficial y la volvió museo; descartó el avión presidencial y se traslada en líneas comerciales como cualquier viajero; eliminó al Estado Mayor Presidencial como apoyo de seguridad y lo acompaña una guardia &nbsp; moderada (“el pueblo me cuida”, lisonjea); decretó baja de salarios a la alta burocracia (108 mil pesos mensuales como tope propio y del resto). En fin, se promueve la identificación íntima de sencillez entre pueblo y gobernante reduciendo al mínimo las diferencias (el “don de mando” como principal discordancia, ni más ni menos). Se trata de que el ciudadano sienta que tiene como presidente a uno igual a sí mismo, infundirle la emotiva sensación de identificarse y verse reflejado en su figura. Astuta estratagema del mundo populista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">b) Centro y círculo del gobierno. El presidente aspira a inundar con su presencia la vida informativa en el país con un egocentrismo anclado en las diarias comparecencias “mañaneras”.&nbsp; De modo natural, la opinión presidencial siempre es motivo de atención y en eso se apoya AMLO para, desde temprano, inundar el ambiente noticioso. En esas escenificaciones el presidente discurre lo que gusta e informa a su manera. Le disgustan las preguntas incómodas, con frecuencia desvía la atención contestando “yo tengo otros datos” (que nunca muestra), y acostumbra a denostar a sus críticos y oponentes con calificativos ridiculizantes como fifís, conservadores, corruptos, neoliberales, a los que “no se portan bien”. De hecho, abusa de su posición pues se apoya en la figura del Estado para descalificar groseramente a sus contrincantes. Esta práctica desmesurada y grotesca del uso del poder es parte del arte de gobernar de AMLO, exceso que debería eliminar por respeto a su investidura como “presidente de todos los mexicanos”. Con esas “mañaneras”, pues, se colonializa la opinión pública y busca acaparar la atención pública, estar presente en el ambiente como referente en las decisiones de las personas: ser el centro y círculo en el quehacer cotidiano de la ciudadanía. Es una especie de narcisismo político, inédito en estos tiempos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">c) Las virtudes y la ley. El presidente López Obrador ha llegado a afirmar que entre la ley y la justicia hay que inclinarse por la justicia. Es asunto de vieja reflexión el punto, pero el presidente juró respetar y hacer respetar las leyes. La trayectoria política de AMLO ha mostrado en muchas ocasiones su preferencia por desviarse de la legalidad para alcanzar sus metas, o para oponerse a lo que estima una injusticia. Ahora ya en el poder, la vieja inclinación está siempre al alcance de la mano.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conjunto, pues, observamos un estilo de gobierno que transmite la sensación de cercanía entre gobernante y gobernados, un estilo que difumina esa tradicional distancia, y eso seduce y halaga a la población, y se corona esto con un discurso popular plagado de dichos de fácil asimilación, como el ya famoso “me canso ganso”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Personalidad del líder</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Asunto complejo, pero necesario abordar por el papel central que en el populismo juega la figura del líder. Observemos pues manifestaciones de AMLO que revelan aspectos de su personalidad y proyectan posibles conductas de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata sin duda de un político con gran intuición y singular audacia. Es notable su perseverancia, calificada también como necedad, terquedad. No se le advierte interés&nbsp; por el enriquecimiento ni se conocen actos de corrupción personal. Parece disfrutar del contacto directo con los ciudadanos y le seduce estar ante una asamblea pública.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos reconocidos atributos se combinan, sin embargo, con el estilo de gobernar y la vocación y efectos del poder en la persona. Muchos observadores y analistas han apuntado, en distintas ocasiones, rasgos del hoy presidente, señales que conviene tener presentes y vigilar su conducta como gobernante. Podemos enlistar las más significativas y palpables a la simple observación:</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Asume posturas de un personaje mesiánico y redentor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Persevera en intolerancia hacia&nbsp; oponentes y&nbsp; críticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• La ira lo visita cuando se le contradice, y amenaza a quien duda con la respuesta del pueblo sabio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• No tolera competencia pública de su persona y las llamadas “mañaneras” garantizan su temprana aparición mediática. Revela narcicismo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiene ideas fijas sustentadas en la ocurrencia y el capricho, ancladas en una visión maniquea del pasado. Exhibe cierto infantilismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Abusa de la banalización de los problemas, los trivializa para sacar adelante sus argumentos y energumentos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">• Muestra soberbia en el manejo del poder y elude las leyes sustentado en la primacía de la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vanidad con heroísmo. AMLO ha construido su personal filosofía de la historia sobre México denominada “Cuarta Transformación” (4T). Según esta interpretación, codifica el pasado en tres etapas transformadoras, y la cuarta comenzó con su triunfo electoral. Así, el devenir del pasado vino a desembocar en su llegada a la Presidencia y tal éxito es la línea del tiempo ido con el porvenir encarnado por él. Esto muestra que la historia mexicana tiene una finalidad predeterminada (una teleología) coronada con su liderazgo… modestia aparte. ¡Huele a petulancia!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y como el curso de nuestra Historia ha desembocado en un destino anhelado, el reparto de responsabilidades y tareas se ha establecido de manera natural (con palabras de Alexandre Koyré): para unos, para los muchos corresponde Credere, Obedire, Combattre como único deber del pueblo bueno y sabio, porque el pensar y decidir es privilegio exclusivo del jefe y presidente. La Historia, pues, tiene fines predeterminados según el filósofo presidente, y en México la nueva era mediática y en redes sociales ha comenzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué hacer hoy?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El éxito electoral puso en manos de López Obrador un amplio poder. El riesgo de&nbsp; excesos va pegado a los alcances del triunfo. Hay una patología anidada en el uso del poder que fue detectada desde la antigüedad por los griegos: la <em>Hybris</em>, esto es, la desmesura, la arrogancia, la soberbia en su manejo. La <em>hybris</em> era el intento de transgredir los límites del poder establecidos por las leyes, tentación siempre presente cuando alguien asume que su&nbsp; representación encarna la voluntad general del pueblo; era un riesgo que se corría al alcanzar un poder muy amplio, frecuente cuando triunfaban los demagogos. Hoy estamos en México ante esta posible derivación de la democracia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sobra atender el viejo consejo que el prototipo del absolutismo, el rey de Francia Luis XIV, en sus <em>Memorias</em> dejó escrito: “…no os engañéis jamás en esto: los hombres no son ángeles, sino criaturas a quienes el poder excesivo termina casi siempre por darles alguna tentación de usarlo”. Y ese riesgo se ha hecho realidad en nosotros (por ejemplo el Memorándum de AMLO sugiriendo eludir parte de la Ley de Educación heredada). Sin duda la transparencia y la rendición de cuentas se vuelve ahora una buena y obligada exigencia ciudadana.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera natural, los populistas buscan debilitar aquellas instituciones que fortalecen la democracia y dificultan su control total e indisputado del poder. Por ello someten o debilitan los organismos que regulan distintos aspectos de la vida económica, social y política (Banco de México, INE, CNDH, etcétera.). A pesar de sus limitaciones, conservar y fortalecer la democracia evita mayores desviaciones, de aquí la natural exigencia de respeto a tales organismos y pugnar por su fortaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No menos importante es promover el equilibrio del ejercicio del poder un Poder Judicial independiente, no subordinado al Ejecutivo, con un Poder Legislativo autónomo, y para esto requerimos representantes populares con criterio y sin patéticas actitudes de servidumbres voluntarias. Se impone, además, regresar a una rigurosa constitucionalidad de las fuerzas armadas y a la separación de las iglesias y el Estado, pues la Cuatroté más parece que nos está regresando a antes de las Leyes de Reforma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin duda el éxito de AMLO con MORENA ha alterado el entramado del régimen político y generado una crisis en la partidocracia tradicional. Toca ahora el deber de aprovechar esas perturbaciones para recomponer el universo organizativo de las fuerzas políticas existentes. Entendamos que la emergencia de exitosas estrategias populistas y la proliferación de demagogos es algo consustancial, inherente a la democracia misma; son desenlaces explicables cuando la sociedad padece crisis duraderas y acumula agravios y aspiraciones insatisfechas. El fenómeno López Obrador se inscribe en este complejo contexto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Preocupante es también el afán impositivo en todo. Al Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 elaborado por la Secretaría de Hacienda, con las vicisitudes ya manifiestas tras la renuncia de Carlos Urzúa, el presidente AMLO le anexó un panfleto ideológico que resume lo central de la plataforma de campaña electoral contra el neoliberalismo y destaca sus principales proyectos de gobierno. Lo real es que ambas partes del Plan, una vez transitados los protocolos legales, dormirán tranquilas como simple referentes formales al igual que sucedió con los planes de gobiernos anteriores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy más que nunca es preciso insistir en metas centrales insoslayables, a la par que exhibir los riesgos del populismo en el gobierno. Buscamos una vida en común fundada en la tolerancia de la diversidad y de las expresiones multiculturales entretejidas con el respeto a los derechos humanos. No anhelamos lo anclado en obligadas creencias e ideas comunes. Es irrenunciable objetivo aspirar a una transformación pacífica, con reconocimiento de los adversarios mediante mecanismos democráticos de decisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es indispensable también mantenerse en alerta permanente ante el insaciable afán de protagonismo y sometimiento político que el presidente López Obrador promueve con sus actuaciones. Hay cosas evidentes, pero también se escurren ante nuestros ojos procesos algo intangibles que conducen suavemente hacia el reforzamiento del autoritarismo y amplia concentración personal del poder al estilo de los viejos tiempos del monopolio indiscutido del PRI. Una regresión sin duda, pero posible también y en silencioso curso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La permanente vigilancia ciudadana del poder Ejecutivo que proponemos se funda, como dijo Ariosto, en “que no es lo mismo llevar el timón que gobernar las riendas”. Tenemos un Presidente que gusta mostrar que aquí él manda, que lleva el timón sin duda, pero las riendas de la democracia exigen tolerancia, acuerdos, respeto mutuo y concordia social que los ciudadanos exigimos en su comportamiento. Alerta permanente para evitar que prolifere la necia actitud de impulsar obras y políticas públicas sin estudios ni evaluaciones previas. La tarea es ardua pero necesaria.</p>
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